A principios de la década de 1930 -la última de su vida, dado que sería fusilado en agosto de 1936- el poeta y dramaturgo Federico García Lorca concibió la que tal vez sea su obra teatral más lograda: “Bodas de sangre”, que se estrenó en 1933. Cuentan las crónicas históricas que le sirvió como materia prima un hecho real ocurrido en 1928, que tuvo amplia repercusión en España. Lo cierto es que el granadino logró, desde la apelación a un paisaje andaluz, establecer una mirada acerca de lo trágico que se vuelve universal.
Vuelve a escena “Bodas de sangre”
Es una versión libre ideada por el dramaturgo y director santafesino Edgardo Dib sobre la base de la tragedia escrita por Federico García Lorca en 1931. Si en el texto original de Lorca prevalecía lo pasional, aquí el director, dramaturgo y actor santafesino pone el acento en las particularidades del amor en la edad adulta. Se podrá ver los domingos de octubre en La 3068.


Distribuida en tres actos y siete cuadros narra la historia de una boda campesina que termina con el derramamiento de sangre (los términos que definen el título). Los personajes, varios de ellos trabajados como arquetipos, son “La Novia”, que está a punto de casarse pero sigue enamorada de Leonardo, a su vez casado y enamorado de ella. La familia de Leonardo es culpable de la muerte del padre y del hermano del “Novio”, otro de los personajes. La Madre, no olvida estos hechos. El día del casamiento, la Novia y Leonardo huyen. La Madre y el Novio inician una persecución para limpiar la honra familiar y finalmente Leonardo y el Novio se matan entre sí.
“Las tragedias lorquianas ahondaron en las pasiones y en las raíces de la mujer y la tierra española. Entre ellas, ‘Bodas de sangre’ ocupa un lugar de capital relevancia. El nudo dramático se inspira en un hecho real, pero los sucesos del cortijo del Fraile, escenario del hecho real, se convierten en palimpsesto sobre el que el genio de García Lorca reescribe un drama preñado de simbolismo y fuerzas telúricas donde la pasión y los amantes se alían para que el destino se cumpla de forma fatal. Está considerada como la obra de García Lorca con la que se configura su técnica dramática, en la que se mezclan prosa y verso, llena de imágenes y símbolos” sostuvo Luis Martín Carretero del Instituto Cervantes de Brasilia.

Otra mirada
La versión de “Bodas de sangre” que diagramó Edgardo Dib se estrenó en 2020, estuvo en paréntesis por la pandemia, estuvo en escena este año y ahora vuelve a través de una temporada que se desplegará los domingos de octubre a partir de las 20. Se trata de una propuesta que mantiene el nudo narrativo y el devenir de los sucesos que García Lorca plantea en su texto original. Pero Dib reelabora la trama y despliega a los personajes en la edad adulta, cuando a los personajes ya no los persigue la pasión, sino el amor.
“En la obra original, hay una pasión ciega por el deseo. Aquí, lo que lleva al fatalismo es la necesidad imperiosa de resolver o concretar algo que no se pudo hacer en su momento. Por eso hablo más del amor que de la pasión”, aseguró Dib a este medio en el momento del estreno sobre la vuelta de tuerca que propuso. Al respecto, consideró también que esa posibilidad de resignificación constante es lo que hace de “Bodas de sangre” un clásico. “Que la palabra escrita, el cómo está escrita y lo que se cuenta, trascienden el contexto inmediato y puede ser traspolado a distintas épocas”.
El director (que contó en este caso con el aporte de artistas locales con los que ya coincidió varias veces) concretó varios cruces intertextuales en esta versión de “Bodas de sangre”. Uno corresponde al propio universo de García Lorca y es la obra teatral “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”, que trabaja sobre el desengaño amoroso y la frustración de una doncella granadina. El otro, que está incorporado sobre todo en las actuaciones y en la atmósfera, es la vertiente del realismo norteamericano, particularmente del autor Tennesse Williams, que se traduce en referencias al jazz y al suburbio.

El equipo
El elenco está conformado por Luchi Gaido, Sergio Abbate, Rubén Von Der Thüsen, Raúl Kreig y Daniela Romano. Diseño de vestuario, escenografía, iluminación y banda sonora pertenecen a Dib. La realización y plástica de elementos escenográficos a Lucas Ruscitti y Federico Toobe. La fotografía lleva la firma de Leonardo Gregoret y José Casco es el responsable del diseño gráfico. La asistencia de dirección es de Daniel Acosta y la dirección general de Edgardo Dib.








