Desde la localidad de Armenia, en el departamento de Quindío, Colombia, llega a Santa Fe Teatro Azul: una organización cultural dedicada a la producción teatral y gestión cultural.
Teatro Azul: un camino de "Dignidad" para el buen vivir de las personas y el planeta
La agrupación teatral oriunda de la ciudad de Armenia (Colombia) trae esta propuesta de “teatro documental expandido” que busca reflexionar sobre la vida humana en todas sus dimensiones desde un cruce de lenguajes. De la mano de su director, Leonardo Echeverri Botina, El Litoral se sumergió en este universo de resistencia a la violencia social y ambiental.

Lo harán de la mano de la obra “Dignidad”, cuarta parte de la “Cuatrilogía del Teatro Necesario”: una voz política y poética que nos recuerda “quienes somos, lo que hemos perdido y lo que debemos recuperar. Es un llamado a no olvidar que en medio de la opresión siempre hay resistencia”.
Bajo la dirección de Leonardo Echeverri Botina, estarán en escena Ximena Escobar Mejía, Maria Cristina Restrepo Sierra, Claudia Milena Restrepo Sierra y Natalia Chavarría Téllez, en una propuesta que suma lenguajes audiovisuales. La función será el sábado 18 a las 21, en el Auditorio Amsafe (Rivadavia 3279).
Se cobrará una contribución general de $20.000; para jubilados, estudiantes y afiliados a Amsafe costará $15.000. Se puede pagar por transferencia al alias cta.santafe; las consultas pueden realizarse al 3426148809 (TraMA).
En diálogo con El Litoral, Echeverri repasó el trabajo del grupo en esta propuesta, en la “Cuatrilogía”, y su próximo proyecto.

Sujetos de derecho
-“Dignidad” propone pensar la dignidad no como una idea abstracta sino como una forma concreta de estar en el mundo. ¿Cómo trabajaron ese pasaje de lo conceptual a lo escénico?
-Lo primero que hay que tener en cuenta es que se trata de una obra documental construida desde el concepto de teatro documental expandido. En este documento planteamos la necesidad de ser conscientes de la dignidad de la vida; esto no nos lleva sólo al ser humano en el concepto que manejamos como centro, sino la vida en general. El ser humano que forma parte y que pertenece a un territorio, que habita un territorio y que en la habitabilidad de ese territorio requiere la dignidad para pararse bien, para levantar una voz, para ser sujeto de derecho.
En esa línea abordamos la palabra dignidad, y en esa línea es que vamos tejiendo el discurso de la obra. Al ser documental, tiene un trayecto de escritura que va afianzando el documento que queremos que le llegue al espectador: a la cabeza, al corazón y a las entrañas.
-La obra se construye a partir de los testimonios de cuatro mujeres latinoamericanas. ¿Qué las llevó a elegir a estas figuras y qué representa cada una dentro del entramado dramático?
-En el proceso de investigación que realizamos, abrimos un abanico para ver historias y después zarandeamos lo que hemos seleccionado para hacer una última selección.
En este caso, las cuatro mujeres que escogimos, que son Francia Márquez, Nemonte Nenquimo, Máxima Acuña y Berta Cáceres, son cuatro mujeres lideresas, defensoras del medio ambiente y ganadoras del Premio Goldman, que es el premio equivalente al Nobel en tanto defensa del medio ambiente.
Las tomamos como un ejemplo de dignidad, por el liderazgo que ejercen y porque hacen una defensa de la vida dignamente; pero en el concepto ampliado de la dignidad: la dignidad de la vida, que va más allá de un derecho humano y es un derecho de los seres vivos, incluido el medio ambiente. Por eso las escogimos, y ellas nos nos acompañan en el discurso.
No sólo va el tema de ellas cuatro, sino que también escogimos un tema muy importante en Latinoamérica que fue el estallido social del 2021: lo que ocurrió en Colombia, en Ecuador, en Chile, en varios lugares de Latinoamérica. En ese estallido de una juventud que estaba pidiendo y exigiendo el respeto de los derechos, con una dignidad que últimamente no se había visto. Entonces nos llamó la atención y empezamos a pensar en el tema de dignidad.
Acompañado de esto de los jóvenes y de la sociedad pidiendo derechos, vamos en el discurso generando la necesidad que tienen los pueblos, sobre todo en Latinoamérica, de reconocerse como producto de un proceso de mestizaje: un proceso de mezcla, de encuentro, de migraciones que son los que definen lo que somos hoy.
Esa es otra parte que vamos anotando en el discurso; porque si nos reconocemos podemos tener una dignidad porque podemos pisar el territorio sabiendo quiénes somos.
Después vamos hablando de un fenómeno que tenemos: muchos líderes defensores del medio ambiente o de los derechos son asesinados. Ahí también tiene un espacio fundamental el discurso de la obra como un documento.

La violencia y el amor
-En la obra aparece la violencia estructural, pero también el amor y la ternura como formas de resistencia. ¿Cómo dialogan estas dimensiones en la puesta?
-En la obra tomamos un cortometraje que se llama “Padre Patria”: en una revuelta o una marcha de jóvenes un agente de la policía que tiene que ir a controlar esa marcha (desde el papel del gobierno y del Estado) se encuentra con una sorpresa impresionante: tiene que reconocer los ojos de su hija.
Ahí creo que hay una parte importante entre la defensa de derechos, pero también el derecho al amor, el derecho al cuidado, el derecho a la equidad. Aquí vemos como cualquier padre puede tener un hijo; o cualquier hermano o cualquier madre puede tener un familiar en una situación donde la inequidad está arruinándole la vida, y donde la inequidad está pisoteándole derechos.
Cuando un pueblo se levanta con dignidad a reclamar esos derechos, es merecedor del calificativo de sujeto de derecho. Para que los Estados de derecho, para que los pueblos tengan un balance, tienen que tener voz; porque los gobiernos tienen una carta que es la constitución de cada país, y ahí se supone que se ejerce la soberanía. Pero realmente quienes gobiernan tienen mentalidades de un lado, de otro lado; y muchas veces el pueblo es afectado por el mismo gobierno que no comprende o no respeta la dignidad de una constitución política.
Ahí tenemos ese punto, donde buscamos hablar desde diferentes ángulos de la dignidad, del respeto por los derechos y del derecho al amor.
-¿Qué lugar ocupa hoy “Dignidad” dentro del contexto latinoamericano actual, atravesado por conflictos territoriales, sociales y ambientales?
-En toda Latinoamérica y, con lo que estamos viendo en el Golfo Pérsico, en el planeta entero, la dignidad ocupa un lugar demasiado importante. Cuando en los últimos días se escucha la voz en alto de un personaje como el presidente de Estados Unidos, diciendo las cosas que dice; y la ONU y la OTAN y las entidades encargadas de vigilar el derecho internacional, los derechos humanos, ninguna levanta la voz; vemos que la dignidad ocupa un papel demasiado importante para que la humanidad no entre en una Tercera Guerra Mundial.
Que como decía Albert Einstein, la cuarta sería con palos y piedras; pero quién sabe si haya alguien que use los palos y las piedras. Para que no veamos ese panorama apocalíptico, requerimos con urgencia que la dignidad no pase al desuso, sino que se vuelva moda.
Cruce de lenguajes
-“Dignidad” integra teatro, música, lenguaje audiovisual, fotografía y cine. ¿Cómo se articula esta multiplicidad de lenguajes sin perder unidad narrativa?
-Aquí reitero que “Dignidad” es una obra de teatro documental expandido. Primero nosotros creamos un documento; y ese documento a nivel dramatúrgico requiere un tejido de lenguajes.
Tenemos el lenguaje cinematográfico porque en la obra incluimos dos cortometrajes que hicimos. Tenemos el lenguaje actoral, porque las actrices generan el hilo conductor del testimonio, con los personajes que ellas habitan, para encontrarse con el público.Y tenemos en el tejido también la instalación desde la plástica; porque la obr al estar puesta en escena está sutilmente instalada.
Ese tejido lo vamos trabajando en equipo para que la trasposición del lenguaje real de la cotidianidad nuestra al lenguaje poético de la escena permita generar un documento sólido.
No estamos haciendo un teatro común y corriente: nos estamos yendo a un teatro que aborda temas que consideramos necesarios e importantes para la humanidad; y a un teatro que echa mano de los lenguajes que actualmente tenemos que ver, los lenguajes con los que convivimos.
Por eso está el cine, el teatro, el documento; y creemos que ahí, con el cuidado que hemos tenido en los trazos, tenemos un documento que es claro, que es contundente, y que invita a despertar conciencia frente al respeto por la vida.
-¿Qué aporta el lenguaje audiovisual a una obra con una fuerte base testimonial?
-Se convierte en una manera de darle la vuelta a la historia, de mostrar otro pantallazo de la cotidianidad, y de generar en el espectador otra posibilidad de lectura para concretar en su pensamiento esa necesidad o esa urgencia de hablar de dignidad y de hablar de respeto.
-¿Cómo fue el trabajo actoral para encarnar estas voces sin caer en la representación literal o biográfica?
-El trabajo de las actrices no va simplemente en la caracterización de las cuatro mujeres que decimos: ellas también sirven de voz de los que ya no están.
Como estamos hablando de un documento puesto en escena, siempre va a estar lo testimonial, y siempre va a estar en la en el hilo conductor del discurso de la obra el documento.
Las actrices tienen, con unos elementos mínimos, la posibilidad de asumir y caracterizar a los personajes que encarnan; y tienen también que despojarse de ellos para ser voz en el documento que transmiten a los espectadores.
-La obra también trabaja con materiales musicales muy reconocibles de América Latina. ¿Qué rol juega la música en la construcción emocional del espectáculo?
-Creamos una banda sonora las crean en el cine. A través del sonido, a través de esas músicas que se nos han quedado en la memoria, y a través de esos temas que se empatan con el discurso que estamos manejando; vamos haciendo un tejido de esa banda sonora.
En Teatro Azul hacemos algo que yo le llamo “enmugrar”; pero no es enmugrar, sino empezar a mezclar: hacemos muchas mezclas de músicas, y vamos desarollando ese espacio sonoro que genera en últimas el complemento de la atmósfera de lo que queremos narrar.
Camino escénico
-¿Cómo definen hoy el concepto de “Teatro Necesario”? ¿Qué lo diferencia de otras formas de teatro contemporáneo?
-Creemos que el papel del arte, hoy y siempre, ha sido importante. El arte es una herramienta poderosa; y en el caso nuestro estamos hablando de una necesidad de despertar un poco de conciencia.
Vivimos en una sociedad donde la inequidad es escandalosa, donde normalizamos muchos tipos de violencia; ya las diferentes culturas estamos banalizando el mal. Entonces pueden ocurrir genocidios que se comunican a través de las redes, a través de los medios de comunicación y que se justifican.
Nos atrevemos a decir que es un Teatro Necesario, porque se atreve y asume la responsabilidad de poner temas que de pronto molestan, pero que son absolutamente necesarios hoy. En lo que hacemos tratamos de ser muy honestos y de hacer, con rigor, la puesta y la apuesta de poner los temas que ponemos en la escena.
-¿Qué urgencias o problemáticas sienten que este tipo de teatro viene a interpelar en el espectador?
-Hay una problemática actual en la humanidad, y es que fuimos tomados por la inteligencia artificial, por el celular, fuimos tomados por la tecnología, y como que se nos enfrió el corazón y se nos perdió la razón.
Nosotros aquí hacemos un llamado a la empatía: hacemos un llamado a ese ser humano que tiene cabeza y que piensa, que tiene corazón y que siente, y que tiene entraña que le duele. Ahí hay un llamado urgente; y precisamente ese llamado urgente da argumento a la obra y es lo que esperamos que mueva, conmueva y y despierte al espectador.
La humanidad hoy está en un rumbo absurdo, la banalización del mal se ha vuelto costumbre; y en nuestras sociedades normalizamos demasiadas maneras de violencia.
Tenemos que aprender a vivir de otra manera, a tener un mejor vivir. Y para eso requerimos lo que en “Dignidad” invitamos también: la empatía, despertar conciencia frente al valor enorme y sagrado que tiene la vida.

Viaje en cuatro etapas
-“Dignidad” es la cuarta estación de una serie que incluye “En el escenario”, “Hominum, perdón por ser” y “Entre líneas”. ¿Cómo dialoga esta obra con las anteriores?
-El proceso que hemos vivido en la “Cuatrilogía del Teatro Necesario” (que así llamamos estas cuatro obras que se enmarcan en la realidad latinoamericana y colombiana) se va tejiendo, porque empieza con “En el escenario”, donde hacemos un paralelo entre la tragedia “Antígona” de Sófocles y la realidad que vivimos en Colombia con el conflicto armado.
Después pasamos a “Hominum, perdón por ser”, donde indagamos la importancia mayúscula de la palabra perdón: del perdón como una necesidad en una sociedad como la nuestra.
Pero después de esa pasamos a la obra “Entre líneas”, donde empezamos a observar el tema de las migraciones, y cómo es posible que en nuestra época el migrante sea un delincuente y se lo quiera encarcelar y judicializar. Entramos en esa línea de pensar eso, y después entramos a pensar en que las sociedades deben trabajar por la dignidad.
Así como en la obra hay un hilo que va construyendo el discurso de la obra, en estas cuatro obras hay un hilo también que las va uniendo: todas obedecen a un sumergirnos en la observación de la sociedad en la que vivimos y el territorio que pisamos.
-¿Qué transformaciones fueron atravesando como grupo a lo largo de esta “Cuatrilogía”?
-Cuando empezamos con “Antígona” estábamos hablando de los griegos y de un paralelo entre los griegos y la sociedad colombiana hoy: os hijos de Edipo que se matan entre hermanos, y los colombianos hoy que nos continuamos matando entre hermanos.
Y si miramos hoy, los humanos continuamos matándonos entre nosotros, y matando incluso a los otros y a la naturaleza, acabando con nuestra casa.
Ese trasegar del teatro nos fue llevando a documentar; y hoy siento que en esta ruta de teatro documental expandido, estamos haciendo unos documentos que de pronto si hay alguien purista del teatro va a decir: “Venga, ¿pero qué teatro es esto?”. Porque lo que estamos armando ahí es un documento.
Ese hecho de transitar hacia el documental en el teatro, me parece que es una de las cosas importantes que nos ha dado la “Cuatrilogía”. Nos ha dado la posibilidad de atrevernos a hacer un documento que ponemos en escena.
-¿Sienten que “Dignidad” cierra un ciclo o abre nuevas preguntas para el futuro de Teatro Azul?
-Efectivamente cerró un ciclo, pero también abrió otro. En este momento estamos montando una obra que se llama “Caos”. Y aquí estamos ampliando el panorama para mirar no un territorio específico, sino la humanidad misma.
Esa tormenta que vivimos, estamos tratando de hacer una inmersión en ella: no para entenderla, porque no nos sentimos en la capacidad de entender lo que pasa hoy. No vemos fácil entender el ser humano y su ambición desmedida; pero hacemos esta inmersión para de pronto hacer un llamado y dar un grito de decir qué nos pasa y de decir: “Mirémonos en esta deformidad”. Porque parece que estuviésemos frente a un efecto que deforma todos los rasgos del humano; y el efecto es producido porque el humano como centro del universo está totalmente equivocado.
Salvar al mundo y al humano
-En sus palabras aparece la idea de que la dignidad no debería ser negociable, pero en la práctica lo es. ¿Cómo aborda la obra esa tensión?
-Podemos llegar a un acuerdo del respeto de la dignidad. La dignidad se puede notar en el buen vivir; y si en el planeta no se vive bien, pues entonces faltan acuerdos frente a la dignidad.
Ahí desaparecerían los campos de refugiados, desaparecerían las pateras en el Mediterráneo. Desaparecerían los migrantes perdidos, desterrados en los desiertos, en los páramos, en tantos territorios. Desaparecerían las guerras.
Y aparecería la calidad de vida, porque el planeta Tierra tiene todo para satisfacer a 8.500 millones de habitantes que estamos en él. Pero al planeta Tierra no le alcanza para satisfacer la ambición desmedida de un solo ser humano
-¿Qué reflexión buscan generar en el público respecto al rol del Estado y las desigualdades históricas en América Latina?
-Ha habido cambios en la humanidad, luchas para llegar a mejorar las garantías sociales. En eso se superó la esclavitud, los derechos de las mujeres, ahora el libre desarrollo de las personalidades, la equidad en tanto derechos. Pero para eso se generó una gesta en diferentes naciones para crear los Estados sociales de derecho; y a eso se le pusieron unos documentos que son la Constitución política de cada país.
Pero hoy vemos que tiene más poder un presidente de una multinacional que el presidente de un Estado. Ahí viene un llamado para que nos pensemos como habitantes de un territorio y como aquellos que le damos significado a un territorio con una identidad concreta. Nosotros aquí hacemos un llamado al despertar de la conciencia y al despertar del pensamiento crítico.
Ahora el invento de la economía nos ha llevado a caminos demasiado injustos, demasiado violentos; donde se acuña la necesidad de calentar el planeta sin reconocer el daño que se hace, de enfermar a la humanidad sin importar nada sin escrúpulo alguno: enfermarla y medicarla. De generar riqueza desmedida para un porcentaje mínimo de la población del mundo, cuando la mayoría está en una situación difícil.
Esto lo podemos ver a nivel geoeconómico, a nivel geopolítico, pero también a nivel local. Cuando se crea la Constitución política se crea con un poco de ventajas por la teoría: lo del papel puede con todo. Pero cuando se ejerce la gobernanza, la desvergüenza de los políticos que actualmente manejan las naciones nos lleva a lo que vivimos hoy.
Tanto Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, tenemos injusticia, violencia normalizada desde el manejo de algunas personas del Estado. Entonces sí tenemos que despertar conciencia para poder entrar en la defensa de una mejor manera de vivir.
Memoria
-¿Cómo se vincula la obra con la noción de memoria, especialmente considerando su presentación en espacios como el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá?
-En la obra hay un texto en el que decimos, “Hemos vivido habitando mal nuestro territorio, inconscientes de que somos él”. Decimos de la memoria: “¿Cómo perderla cuando se prohíbe tenerla?”.
Utilizamos estos textos porque en la obra hacemos una memoria y un homenaje, y damos un grito en el cierre por todos los líderes desaparecidos. En Colombia ha habido ríos de sangre por vidas que se truncan, que se cortan, que se acaban, porque defienden derechos, porque levantan la voz.
Cuando fuimos al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación tuvimos un privilegio: en la conversación después de la función de la obra estaban el coronel (Álvaro) Matallana y al otro lado Jesús Abad, un fotógrafo que nos ha permitido usar fotografías de él; estaban hablando de la memoria de nuestro país, pero desde dos lados totalmente distintos.
Y ese ejercicio que hicieron ellos ahí, de recoger la memoria de Colombia para hablar del presente, es en últimas el ejercicio que hacemos al instalar la dignidad en el escenario, como invitación para que los espectadores instalen la dignidad en su pensamiento, en su cotidianidad y en sus objetivos de vida.
Ficha artística
Dramaturgia y dirección: Leonardo Echeverri Botina.
Actúan: En escena: Ximena Escobar Mejía, Maria Cristina Restrepo Sierra, Claudia Milena Restrepo Sierra, Natalia Chavarría Téllez.
En video: José Eugenio Montoya Giraldo, Natalia Chavarría Téllez, Leonardo Echeverri Botina, Juan Bautista Lame, Claudia Milena Restrepo Sierra.
Lenguaje audiovisual: José Eugenio Montoya.
Efectos audiovisuales: Alejandro Llano Gómez.
Diseño visual: Diego Alejandro Giraldo.
Créditos
-Fotografías: Natalia Chavarría Téllez, Jesús Abad Colorado, Natalia Botero.
-Inspiración para la dramaturgia de la obra: Discursos de entrega de los Premios Goldman Environmental de las lideresas Máxima Acuña, Nemonte Nemquimo, Francia Marquez y Berta Cáceres.
-La dramaturgia de la obra está inspirada en varios textos del escritor William Ospina.
-Tributo a Berta Cáceres en los Goldman Environmental Prize Ceremony, por Corwin Creative.
-Música: “Latinoamérica” de Calle 13, “Tierra Negra” de Edson Velandia, “Cinco siglos igual” de León Gieco, “Bino” de Danyel Waro,








