A medida que desarrolla sus conceptos, Adrián Airala se asemeja a un profesor curtido, muy habituado a la reflexión. En media hora de charla telefónica, en la cual el tiempo parece suspenderse, cita a Martin Buber y a Mario Benedetti, echa mano a términos que son tan precisos como hermosos, es capaz de esbozar ideas persistentes, que quedan flotando y construye metáforas cristalinas. Está claro que el convite a pensar sobre el teatro (aunque sea en una situación tan compleja como la que imponen la pandemia y la cuarentena) conduce al dramaturgo, actor y director santafesino hacia un terreno que conoce a la perfección. “Es una actividad no exclusivamente colectiva, pero si fundamentalmente colectiva. El teatro tiene la posibilidad del trabajo individual, pero esencialmente, es un trabajo de encuentro. Cara a cara, cuerpo a cuerpo y distancias muy por debajo del metro y medio o dos metros requeridos hoy”, apunta. De modo que la actual coyuntura, según su mirada, afecta entrenamientos, ensayos y funciones. “El convivio está entre paréntesis, así que lo afecta en todos los flancos”.
—¿Qué alternativas quedan en una circunstancia como la actual para canalizar la necesidad de hacer teatro?
—La necesidad de hacer teatro y también de otro aspecto bien concreto, que es cuando la actividad teatral es, o tu trabajo exclusivo, o uno de los trabajos de los cuales vivís. Entonces la solución o la búsqueda de alternativas no pasa sólo por el apasionamiento, el aspecto romántico y el gusto personal, sino las alternativas para que no quede por tanto tiempo entre paréntesis lo que es o tu fuente exclusiva o una de tus fuentes de ingreso. Frente a eso, lo que han hecho desde diferentes talleres, y yo también lo tengo incorporado, es mantener dentro de los mismos días o dentro de los mismos horarios, el encuentro de modo virtual. Esto es, diría Platón, una copia de copia, una mala copia de lo que es el trabajo de entrenamiento en una clase real, cara a cara, tangible, cuerpo a cuerpo. Pero es un sustituto, porque mantiene la frecuencia del encuentro. Es una alternativa para mantener encendida la lamparita, pero es muy diferente.
—Es la única posibilidad, además.
—Es eso o nada. Es una mala copia del trabajo, pero se cotiza bien justamente porque es lo que hay. Al paso de los días, el ojo de uno se va acostumbrando, la voz de uno se va acostumbrando. Tanto uno como entrenador, como las chicas y los chicos que reciben el entrenamiento. Y al correr de los encuentros se perfecciona y comienza a fluir. Dentro de unos meses, quizás, nos tendremos que reacomodar al encuentro cara a cara. Pero se puede.
—¿Esto va a generar cambios profundos en el teatro de la post pandemia?
—No sé como va a ser, pero se que va a ser. Se que necesariamente se va a producir. Porque ante la magnitud que tiene la pandemia, más allá de los números dramáticos de enfermedad y muerte, no se puede estar al margen. Transforma a todas las actividades. No sé como será la ecuación, pero afectará a todos. En la cuestión teatral, hay que buscar la silueta para ese entrenamiento que nos ponía codo a codo, con empujones, revolcadas, o lo que te puedas imaginar. Seguidamente vamos a tener que rediseñar cuando recibamos entrenamiento y cuando lo demos, la forma de seguir aprendiendo, sumando, captando, improvisando, con la distancia social. Hasta que un día tengamos la garantía de que no hay riesgo si llega la vacuna. Pero incluso cuando llegue el día, dentro de unos meses, con la bandera verde para retomar las actividades, espontáneamente todos nos vamos a cuidar. Y habrá que rediseñar ensayos, entrenamientos y obras llevadas a escena.
—Claro, porque esto también tendrá su correlato del lado del público. Llevará tiempo hasta que supere el miedo de sentarse nuevamente al lado de otro en una sala.
—Por supuesto. Es como si te metés al río y de golpe una palometa te muerde. Salís corriendo, pero la próxima vez dificilmente te lo olvides y vas a dudar antes de entrar. Si hasta hasta 60 o 70 días alguien tosía en una sala, alguno de los presentes podía decir “pobre tipo” o “pobre tipa”. En última instancia, podía molestar. Ahí empezaba y terminaba. Alguien tosiendo hoy en una sala, tiene otra entidad. Nadie quisiera sentir que lo tocó en la nuca la humedad de un estornudo.
—¿Vendrán cambios significativos en la conducta cotidiana que afectarán a la actividad teatral?
—Indudablemente. En la casa, uno se sigue moviendo de la misma forma. Lo que va a cambiar es cuando ya salgamos decididamente todos lo días y a toda hora. Un elemento preocupante, desde el punto de vista bien pragmático es que, si la alternativa por mucho tiempo o por bastante tiempo, es sostener el distanciamiento social, mata a las salas independientes, que tienen lugar para 40 ó 60 personas, con una silla al lado de la otra.
—Es imposible mantener el distanciamiento, entrarían solo unas quince personas.
—Es un acto de valentía y coraje actoral trabajar para quince y saber que todo se va a ser mucho más largo. Es una posiblidad, pero pega muy fuerte.
—Está la supervivencia de la sala en juego y se hace necesario subir los precios.
—No. Porque así como psicológicamente, anímicamente, todos vamos a salir a la calle modificados, cuando salga a la superficie el drama económico que esto produce, de ninguna manera habrá ningún margen para aumentar la entrada y así compensar las pocas personas. Todos, cómo público teatrero, pertenecemos a una franja que, cuando salgamos de esto vamos a estar golpeados.
Intemperie y construcción
Para Airala, es un momento para ser realistas, sin que esto implique en modo alguno desesperanza. “Mario Benedetti dice que ‘los pesimistas somos, en realidad, optimistas bien informados’. No soy pesimista, estoy ajustado a la realidad. Nos va a llevar mucho tiempo. Pero tenemos una ventaja: el teatro, con lo añejo que es, mirá si habrá pasado crisis. Pero siempre la crisis se convirtió en disparador para encontrar la nueva silueta. La evolución del teatro se fue produciendo a partir de la lectura que hacía de lo que lo rodeaba. Martin Buber decía que el momento en que el humano más constructor se vuelve, es cuando se encuentra a la intemperie. Lo que nos viene es eso. Cuando salgamos para nuestros asuntos fuera de nuestras casas, nos vamos a encontrar realmente a la intemperie. Y le buscaremos la forma. Yo por ejemplo, estaba a punto de reestrenar una obra titulada ‘Distopía chop suey’, vinculada los chinos. Los actores tienen, en un momento, una revolcada física tremenda. Por supuesto que cuando estrenemos, eso estará transformado”, finalizó.