Sucesos: SUCE-01

Espontánea y masiva reacción por un homicidio en Arequito

DyN/La Capital. Desbordados. Sólo con la llegada de refuerzos la policía logró retomar el control de la comisaría.
La indignación de los vecinos dio paso a una violenta pueblada. El asesinato de un joven trabajador encendió los ánimos. Tres mil personas buscaron hacer justicia por mano propia. Atacaron la comisaría y hubo represión.


Rosario (C).- El asesinato del portero de un boliche bailable provocó una convulsión popular jamás registrada en la historia de Arequito. La mitad de los 7 mil habitantes de esta localidad, situada a 85 kilómetros al sudoeste de Rosario, se lanzó a las calles para desahogar su indignación, focalizada contra un grupo bien determinado de personas que, según el clamor unánime, aterrorizan al pueblo de forma constante. A ellos señalan por el crimen del joven trabajador. Y por ello se desató la oleada de furia que implicó quema de automóviles, el apedreamiento de la comisaría donde estaban detenidos los acusados y constantes corridas cuando comenzó la represión policial con munición de goma y gases lacrimógenos hacia los manifestantes. Las refriegas dejaron diez heridos.

Esta mañana los habitantes de Arequito recuperaban el aliento tras la jornada estremecedora de ayer. Este pueblo de tradición fuertemente agrícola, conocido también por ser el lugar de nacimiento de la cantante folclórica Soledad Pastorutti, estalló cuando se conoció el asesinato de Luis Pedro Cignoli. Este era un muchacho de 29 años que trabajaba en la gomería de su padre y que los fines de semana cobraba entradas en Arena, el boliche del pueblo. Allí el viernes pasado Cignoli tuvo un altercado con Carlos Núñez, un joven de 30 al que le impidió el ingreso por decisión de los dueños, quienes lo rechazaban por su comportamiento violento. Núñez tuvo un duro cruce de insultos con el custodio de la disco antes de retirarse. El domingo a la madrugada ambos se cruzaron en la calle y, según la acusación policial, Núñez asestó una puñalada en el estómago a Cignoli, lo que le causó la muerte (ver aparte).

La difusión de lo ocurrido y el señalamiento con nombre propio del homicida, una persona nada estimada en el lugar, fue la mecha que activó el polvorín. A media mañana la gente comenzó a reunirse espontáneamente frente a una radio y a convocar desde allí a los vecinos a juntarse para exigir con vehemencia un freno a los violentos del pueblo. Sobre el mediodía en el lugar más de un tercio de los pobladores de Arequito estaban allí.

Un día de furia


La furia inundó Arequito después de que un grupo de personas intentara irrumpir a la comisaría para linchar a Jorge René Bled, un hombre de 30 años que acompañaba a Núñez cuando fue atacado el custodio y fue testigo del hecho. La bronca contra Bled tiene que ver con una cuestión de linaje: su hermano, Víctor Bled, está preso y procesado por otro asesinato que estremeció a la localidad. El de Stella Maris Godoy, una chica de 27 años que apareció en un campo con la cabeza destrozada de un golpe en julio de 2002.

La tentativa de copar la comisaría fue replicada con una carga policial. Se desató una contienda violenta que duró horas y que requirió la llegada de tropas de calle y patrullas desde Casilda, cabecera del departamento Caseros, donde se ubica Arequito. Los vecinos apedreaban la seccional, dieron vuelta e incendiaron un par de autos, uno de ellos el de Víctor Bled y el otro propiedad de un agente. El apoyo requerido incluyó hombres del Comando Radioeléctrico de Casilda, de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) y de la Guardia de Infantería. Un centenar de agentes enfrentaban no solamente las pedradas, sino la exaltación de vecinos que gritaban a viva voz que estaban hartos de la inseguridad y de que pese a señalar a sus responsables no hubiera un cese de la violencia delictiva. "Siempre son los mismos los que roban y matan. Esto la policía y la jueza Silvia Nogueras lo saben. No podemos mandar a nuestros hijos a los boliches y quedarnos en paz porque no sabemos si vuelven", gritaba temblorosa una mujer frente a las cámaras de canales y cadenas de TV.

Un reclamo concreto


Al momento de la revuelta Carlos Núñez no estaba en la comisaría. El imputado de apuñalar a Cignoli había sido trasladado a la Jefatura de Casilda. Pero eso no implicó ningún cambio en la actitud de los vecinos. "Lo que nos piden es que saquemos a los violentos de aquí", comentaba el jefe comunal de Arequito, Julio Vidosevich.

La pésima reputación de las familias Núñez y Bled tiene relación con los vínculos de sus miembros a tres homicidios recientes. Además de los crímenes de Luis Cignoli y de Stella Godoy, en 1990 se produjo el asesinato de una anciana por el cual la policía sindica a un hermano de Carlos Núñez como autor en calidad de prófugo.

Gestos de estupor y bronca pintaban las caras de los manifestantes que se mantuvieron en las calles hasta cerca de la medianoche aunque la tensión, para esa hora, había decantado. Cuando la infantería cargó contra los vecinos del pueblo, el cura párroco de Arequito, Ariel Barbero, estalló en súplicas hacia los uniformados. "Por favor, no tiren, es toda gente de bien, gente pacífica que está desbordada", imploraba.

El jefe de policía de la provincia, Ricardo Milicic, dio órdenes en el lugar para frenar la represión y en persona trató de calmar a la gente. "Yo quiero remarcar que aquí no hay crímenes impunes. Los responsables de los últimos dos crímenes en Arequito están detenidos. No en el primer caso, cuando por el asesinato de una anciana hubo dos arrestados. Uno quedó libre porque era menor y el otro fue condenado y hoy está en libertad pero después de haber cumplido con la ley", señaló el alto jefe policial esta mañana a LT8.

La "ira de los mansos"


El sacerdote que contribuyó a pacificar a los manifestantes comentó que la indignación de la gente se desató por agobio. "Fue la ira de los mansos", ilustraba. "Si bien la bronca se descargó contra la policía creo que lo que hay que lograr es que la policía se ponga del lado de la gente, que trabaje en la prevención del delito", planteó.

El religioso ubicó a la rebelión como efecto de una secuencia de fenómenos. "Hubo varios crímenes y la gente vincula las muertes con un par de familias. Lo que yo trato de hacer entender es que no por pertenecer a un sector social, ni siquiera por ser miembro de la misma familia, hay que culpar en bloque", destacó Barbero.

Los restos de Luis Cignoli eran velados esta mañana en la sede de una cooperativa agropecuaria situada a 200 metros de la comisaría que fue atacada. La situación en el pueblo era de tranquilidad. Alicia Gallo de Cignoli, la mamá de Luis, rompió su silencio cuando varios periodistas se acercaron a la casa de sepelios. "La policía está ausente. Se lavó las manos y no hay seguridad", musitó.

"Hay que parar a estos tipos"


Luis Cignoli se plantó ante un amigo y le dijo de viva voz: "Alguien tiene que parar a estos tipos, yo estoy cansado de los atropellos". El viernes a la noche, cuando Carlos Núñez y Jorge Bled llegaron al boliche, no los dejó pasar siguiendo el mandato del dueño del local, que les vedaba el ingreso por incidentes sostenidos en el pasado.

La escaramuza incluyó insultos y no pasó de allí. Pero fue el embrión para que 48 horas después se concretara el drama en un bar nocturno. Allí se encontró Cignoli con los otros dos hombres. No está claro cómo se produjo el enfrentamiento que terminó con el custodio con un profundo estiletazo en el abdomen. Bled, según la policía, "en este caso no tuvo nada que ver".

Luis era soltero y vivía con sus padres. "Era muy trabajador. Estaba conmigo en la gomería y después en el boliche. No era un patovica, sólo cobraba las entradas y controlaba el ingreso", dijo José Luis, su papá.

"Yo le pediría a las autoridades que traten de solucionar la inseguridad en Arequito. Que cuatro o cinco personas no tengan asustado a medio pueblo", sostuvo el padre de la víctima.