Los cíber, ¿ángeles o demonios?
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Cíber (¿o cyber?), chat, juegos en red son términos relativamente novedosos, aún desconocidos para algunos y cotidianos para otros. Los locales con acceso a estos servicios han proliferado en ésta como en otras ciudades. Como todo fenómeno social nuevo, suma adeptos y detractores, mientras genera un debate necesario porque implica involucrarse y saber de qué se trata para quienes todavía se mantienen al margen, la mayoría, adultos.
Por estos días, uno de los aspectos que más se discute es el lugar que ocupan los menores en este fenómeno y la principal coincidencia normativa es sobre la necesidad de vigilar el acceso a sitios que puedan resultar nocivos. Léase pornografía.
En ese punto confluyen ordenanzas de distintas ciudades y leyes provinciales, incluida la reciente modificación al Código de Faltas santafesino.
La Legislatura incorporó, en forma reciente, dos artículos al Código de Faltas que regulan en la materia: el art. 80 bis indica que "el/la titular o responsable de un establecimiento comercial que brinde acceso a Internet y no instale en todas las computadoras que se encuentren a disposición del público filtro de contenido sobre páginas pornográficas será reprimido con arresto de hasta veinte días o multa de hasta seis unidades jus. El juez podrá, asimismo, disponer la clausura del local donde se hubiera cometido la infracción por un término de hasta treinta días".
El art. 80 dispone que "el/la titular o responsable de un establecimiento comercial que brinde acceso a Internet, que desactive en las computadoras que se encuentren a disposición del público los filtros de contenido sobre páginas pornográficas a menores de 18 años, será reprimido con arresto de hasta treinta días o multa de hasta diez unidades jus. El juez podrá, asimismo, disponer la clausura del local donde se hubiera cometido la infracción por un término de hasta treinta días".
En esta capital aún no hay una normativa específica que regule la actividad, pero es cuestión de tiempo: un proyecto de los radicales Leonardo Simoniello y Jorge Henn que fija condiciones de funcionamiento tiene el visto bueno de las áreas técnicas municipales.
Siempre sujeto a variaciones, el citado proyecto regula los locales comerciales donde, a través de terminales de computación de uso público, se ofrecen servicios de conexión a la red informática mundial en cualquiera de sus usos. Detalla que las terminales afectadas para el uso de menores deberán contar con un sistema de filtro que impida el acceso a páginas web que pudieran ser nocivas. Pone límite a los horarios en que podrán permanecer los menores de 14 años y los que tengan entre 14 y 16.
Fija condiciones edilicias para los locales de acuerdo a la cantidad de máquinas disponibles, características de la iluminación y de los servicios sanitarios.
Prohíbe la colocación de paredes, tabiques o elementos que conformen apartados o divisorios, fuera de aquellos que obedezcan a necesidades de instalación o para privacidad de las comunicaciones.
Por último, incorpora al Régimen de Zonificación a los cybercentros y demás servicios de Internet y, en el caso de que ofrezcan servicio de bar o cafetería, regirán los mismos límites que ya existen para el expendio de bebidas alcohólicas a menores.
Sin embargo, por ahora, los locales que prestan este servicio se asimilan a sucursal de correo o telefonía -cuando permiten el acceso a Internet-, o a juegos electrónicos, si además suman juegos en red.
Una vez que se sancione y promulgue la respectiva ordenanza, se hará un relevamiento para determinar cuáles pueden seguir funcionando y cuáles no.
Como se dijo, en el municipio, la actividad de los cíber no está tipificada como tal. Por lo tanto, la definición debe buscarse en quienes montaron estos locales, convertidos en boom tras la salida de la convertibilidad, justo cuando la computadora dejó de ser accesible en muchos hogares.
Se puede decir que un cíber es un local que brinda un servicio de conexión a Internet. El cibercafé -de notable expansión- es un ambiente distinto, que incluye un sector de mesas y bar, y otro con computadoras.
A muchos adultos los desvela saber qué pasa ahí dentro, sobre todo por las características que acompañan a algunos locales (no a todos): vidrios oscuros, cortinas y una visibilidad bien escasa. El mencionado proyecto de ordenanza prevé, precisamente, condiciones específicas de iluminación.
Lo que pasa depende de quién vaya y para qué: estudiantes que necesitan material, usuarios que van a chatear, chicos (y grandes) que transcurren horas jugando, incluso más allá de la medianoche. Hay otros más que aprovechan las horas libres de la escuela o, directamente, se escapan, para sentarse frente a un monitor.
Toda la legislación existente y proyectada coincide en la necesidad de instalar filtros que impidan el acceso libre a sitios específicos. Pero no parecen infalibles: "Los chicos saben con qué contraseña eludir esta limitación", afirmaba la encargada de un local.
"Así como hay revistas que no son presentadas como condicionadas e igual cuentan con imágenes no aptas para menores, hay páginas sin certificación que pueden tener contenido pornográfico", aclaró el titular de otro comercio.
Otra alternativa es utilizar una palabra clave o combinación de letras: la misma fuente advierte que "si la clave es sex se inhibe el acceso, por ejemplo, a información que no tiene nada que ver con sexo, entonces no se puede leer nada sobre la película Sexto Sentido", ironizó.
En algunas ciudades se optó por habilitar sectores específicos para menores.
La violencia es otra cuestión que preocupa: el juego top en la red es de guerra, con dos bandos enfrentados y puntos que se suman de acuerdo con la cantidad de muertos que se obtengan.
"¿Qué diferencia hay con lo que se ve por televisión, con películas aptas para mayores de 13 que son igual de fuertes o con la vida real que reflejan los noticieros, que no es menos cruel?", reflexionan quienes tienen estos comercios.
Frente a la pantalla los chicos no están solos: juegan en red, dentro del local o con personas que se encuentran en otros puntos, que compiten entre sí y hasta fijan sus propios tiempos y reglas. Incluso se reservan turnos para jugar y se juega por horas. Hay quienes lo asimilan a una adicción.
Hay preguntas recurrentes, que en todo caso encubren otros problemas: si un juego condiciona la agresividad de los chicos; si una mayor presencia de los padres disminuiría el riesgo al que quedan expuestos y si son los adultos los que prefieren ver a su hijo sentado frente a la computadora antes que deambulando afuera, en el mundo real.
Ni buenos ni malos, los cíber se expanden, pero siguen siendo novedad para quienes ignoran o no comparten las nuevas reglas de la comunicación, y reflejan cuestiones familiares, educativas y sociales que eclosionan entre sus cuatro paredes, aunque se engendran afuera. Por ahora, es un debate pendiente.
(Por Adriana Redolfi y Judit Rodríguez *).- El tema de los cíber -donde los adolescentes juegan en red o chatean con sus pares- nos crea una gran incógnita porque siempre encuentran un recodo para hacer algo de lo que los adultos no nos enteramos fácilmente.
Es un fenómeno muy particular que nosotros no conocemos en profundidad, ya que encontraron un reducto donde poder instalarse fuera de nuestra mirada. Generacionalmente, siempre aparecen estas cuestiones que nos alarman, pero deberíamos centrar la mirada en el tiempo que pasan ellos conectados a Internet, que es responsabilidad del adulto.
Deberíamos analizar qué sucede con esos padres de los chicos que se pasan el día dentro de los ciber y con la escuela, cuando los alumnos se fugan para refugiarse en estos lugares.
Esto también tiene que ver con lo social, porque la carga horaria y la responsabilidad de los adultos por sostener las necesidades básicas de una familia hacen que a veces nos distraigamos demasiado de nuestros hijos. Esa distracción para que los chicos hagan puede ser positiva en el caso de las responsabilidades, pero el exceso a veces ocasiona otras cuestiones.
Se debería buscar un equilibrio: si un adolescente se pasa días y horas en el cíber y se trata de su punto de escape, éste comienza a ser nocivo, perjudicial y "patológico".
El chateo es una vía de comunicación donde hay hasta ciertas alteraciones en cuanto al lenguaje -acortan las palabras e incluyen ciertos códigos-, que no se puede juzgar como nociva. Pero sí lo sería si se convierte en la única forma de comunicación porque el otro no está presente, ya que se trata de algo virtual.
También se pierde lo gestual y lo corporal a través de este tipo de comunicación. Pero es interesante porque generalmente los chicos bailan con música fuerte y no se hablan en los boliches. Y en esta instancia, al menos hablan, aunque con otros códigos.
Los chicos adquieren habilidad para escribir y leer al mismo tiempo, además de responder a varios a la vez. También se ríen de las cosas que leen. Evidentemente, la comunicación pasa por otro lugar para ellos.
Esos mensajes se pueden imprimir y circulan entre los alumnos generando otro tipo de conflictos a nivel de relación. No quedan encerrados en el cíber, sino que también trascienden en la escuela. Cuando se cita a los padres, se ve un desconocimiento acerca de qué hace su hijo, aunque admiten que se pasan horas en el cíber, si bien no saben para qué.
El tema no se debe minimizar ni tampoco centrar el punto en que la problemática del adolescente pasa por una cuestión de que vayan o no a un cíber. Es un tema que todavía no se cierra y sobre el que no hay demasiados datos, al menos en cuanto a lo que a ellos les sucede. Debe instalarse como una discusión para los adultos.
(*) Integrantes del Colegio de Psicopedagogos, primera circunscripción
No sólo el funcionamiento de los cíber es desconocido por los padres. A veces, tampoco saben lo que sucede en su propia casa. Por eso conviene tener en cuenta algunas recomendaciones sencillas:.
(Por Daniel De Greef *).- Nuestros púberes y adolescentes se encuentran hoy deslumbrados y capturados por el mundo cíber, más específicamente, por los juegos. No hay tiempos lógicos para ellos. De día y de noche. Esperan turnos a cualquier hora, si es de madrugada, mejor. Pueden -íoh sorpresa!- esperar. Pueden -íqué interesante!- concentrarse. Pueden -por fin- aprender rápida y eficazmente...
Pero, más allá de otras consideraciones -el tema ciertamente es amplio- lo que se pone en juego, aquí, es lo siguiente:.
(*) Psicopedagogo
Nancy BalzaFotos: Amancio Alem