Nosotros: NOS-02
Nosotros
El trovador del Río de la Plata
"Lo que queremos es una humanidad justa, una sociedad de hombres dignos de ser hombres entre los hombres. La revolución es un acto de amor a la justicia, de amor al hombre, a la verdad, a la sociedad humana". Estas palabras brotadas de su propia boca, definen al cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa.


El pasado 10 de marzo hubiera cumplido 68 años, y el próximo 31 se conmemoran 20 años del día en que Alfredo Zitarrosa, uno de los máximos exponentes del canto popular rioplatense, logró regresar a Uruguay tras ocho años de exilio y fue aclamado por una multitud que lo acompañó en la ceremonia del reencuentro. Una muchedumbre que colmó varias cuadras fue siguiendo el auto que llevaba al trovador, convertido una vez más en bandera de referencia y esperanza para los tiempos venideros.

Pero las heridas del destierro -mitigadas por el afecto que su pueblo le demostró en una larga gira nacional- fueron más fuertes que la alegría del regreso, y pocos años después, el 17 de enero de 1989, falleció en la ciudad de Montevideo.

Los duros años que pasó en México y España llevaron a Zitarrosa a encontrar en la bebida un aliado para calmar el dolor pero, a la postre, en un enemigo mortal para sus ansias de seguir alumbrando el camino con su canto.

En esos pocos años entre la vuelta y el deceso, el cantante publicó, en 1988, su único libro, un volumen de cuentos titulado "Por si el recuerdo", en que recopiló historias escritas durante 30 años.

Desde la canción -a la que arribó en 1964 tras haber utilizado primeramente su particular voz para el periodismo radial y la locución- fue construyendo una estética en la que el testimonio y la pertenencia fueron elementos básicos para delinear un tránsito tan localista como universal.

Su primer disco, "Canta Zitarrosa", abrió el camino para la difusión de la música de este género en su tierra, compitiendo inclusive con Los Beatles. De ese trabajo salió "Milonga para una niña", adquiriendo una fama notable y favoreciendo la propuesta de Zitarrosa y de otras producciones nacionales como las de Daniel Viglietti y Los Olimareños.

Desde entonces, paseando su ardoroso decir sobre un colchón de guitarras milongueras, el creador registró, hasta 1988, unos cuarenta discos de larga duración sobre todo en Uruguay y Argentina, pero también en Venezuela, México y España.

Tradición y vanguardia


Alfredo Zitarrosa, nacido el 10 de marzo de 1936 en Montevideo, pero criado y crecido en el interior del Uruguay, fue construyendo un cancionero que a través de elementos tradicionales y vanguardistas consiguió encantar a un público masivo.

A esa imponente legión popular de admiradores, el intérprete le legó su fuerte militancia ideológica, que le valió prohibiciones en su propia tierra (a partir de las elecciones de 1971) y el posterior exilio.

Casi todo ese intenso andar, plagado de canciones, disputas, amores, sueños y compromisos, fueron calando hondo en su poesía musical. Algunos pasajes se pueden apreciar en el sitio www.zitarrosa.org, que la familia de Alfredo Zitarrosa inauguró oficialmente el pasado 10 de marzo con un vasto material de archivo.

En el sitio dedicado al autor de "Doña Soledad", "Qué pena", "El violín de Becho", "Guitarra negra", "Crece desde el pie" y "Diez décimas de saludo al pueblo argentino" -por citar sólo algunos de sus himnos-, es posible hallar muchas referencias sobre su vida artística y pública, que el propio cantautor supo documentar debidamente.

Un archivo propio


Zitarrosa fue acopiando, en forma muy ordenada, escritos, fotografías, artículos periodísticos, grabaciones de sus ideas musicales, ensayos, y abundantes documentos gráficos y audiovisuales, por lo que la creación del archivo se remonta a la vida del propio Alfredo.

Él es realmente el fundador del actual Archivo Zitarrosa, que hoy atienden y custodian sus hijas Carla Mariana y María Serena. En 1996, se presenta el proyecto ante el Fondo Nacional de Música, y éste colabora en una primera etapa del proceso. Los trabajos sistemáticos de digitalización de las cintas de audio continuaron posteriormente gracias al aporte del Fondo Capital de la Intendencia Municipal de Montevideo y a capitales propios que permitieron que hoy se esté casi finalizando la digitalización completa del acervo.

El patrimonio actual del archivo personal incluye 160 cintas de audio de carrete abierto, 450 casetes de audio, 950 fotografías, 1700 diapositivas, 700 páginas de prensa, 200 afiches, 25 videocasetes, 85 respaldos de audio correspondientes a 60 cintas, cartas enviadas y recibidas, apuntes y escritos varios, discografía, libros y revistas.

"La" voz


Zitarrosa murió en el año 1989. Atrás quedaba una reconocida trayectoria, en el que se mezclan su experiencia como locutor radial, su tarea como periodista colaborando, entre otras publicaciones, con el semanario Marcha, sus poemas y cuentos, y los numerosos reconocimientos obtenidos por su obra.

Insólitamente, este cantor que solamente hallará su par igual en Gardel, dudaba de sus condiciones, no se "veía" como nacido para el canto. Sin embargo, desde su debut en 1963 lo seguirán el éxito, reconocimientos y distinciones, presentaciones internacionales y una discografía numerosa; más de veinte LP editados entre Uruguay, Argentina, España, México, etc., donde brillan más de un centenar de obras.

Allí donde Zitarrosa estuvo durante su exilio, dejó su mensaje como verdadero embajador cultural, en cada canción. Allí sonaron, en su inmensa voz, su profunda convicción humanista, su definido pensamiento bolivariano y artiguista, su corazón libertario. Pero en su pecho, en lo más profundo de su ser, estaba, acompañándolo siempre, su pueblo oriental, presente, directa o indirectamente, en todos sus poemas y canciones. Ese mismo pueblo que lo recibe a su regreso en 1984, en una multitud que celebra calurosa el reencuentro. Ese mismo pueblo que lo guardó en su corazón, para quedarse allí, para siempre.

La poesía como herramienta


Aunque Alfredo Zitarrosa utilizó la música y su personal interpretación para trascender y entrar en el alma de su pueblo, nada mejor que los textos de sus canciones más emblemáticas para pintarlo de cuerpo y espíritu. No sólo escribió temas de corte social, sino también versos de amor y algunos de corte costumbrista:

  • "...Qué pena que no me duela tu nombre ahora.Qué pena que no me duela el dolor.Qué pensarás, a quién le dirás que conmigo podías perdonarte y llorar...". (De "Qué pena").
  • "...Stéfanie, yo ayer estaba solo y hoy también pero en mi cama ha quedado el perfume de tu piel.Te veo salir, correr por el pasillo del hotel: la vida es cruel, Stéfanie...". (De "Stéfanie").
  • "...por eso, niña, te pido que no me guardes rencor; yo no puedo darte amor ni vos podés darme olvido.Yo sé que en cualquier descuido me iba a bolear contra el suelo y aunque me ofrezcas consuelo yo no lo puedo aceptar; puedo enseñarte a volar, pero no seguirte el vuelo...". (De "Milonga para una niña").
  • "...porque a Becho le duelen violines que son como su amor, chiquilines; Becho quiere un violín que sea hombre. Que al dolor y al amor no los nombre...". (De "El violín de Becho").
  • "...milonga madre, en las pencas tu clavelina de alcurnia flamenca debió volverse violenta flor chamuchina color malvón.Y por tus anchas caderas, milonga madre, de andar campesino, la yumba se abrió camino y nació troyera en el milongón...". (De "Milonga madre, cantando te conocí").
  • "...mire, doña Soledad, yo le converso de más, doña Soledad, y usted para conversar hubiera querido estudiar.Cierto que quiso querer, pero no pudo poder, doña Soledad, porque antes de ser mujer ya tuvo que ir a trabajar...". (De "Doña Soledad").
  • "...Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo...Los ojos míos en la contemplación del mañana...Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos...". (Del recitado de "Guitarra negra").
  • "...no hay cosa más sin apuro que un pueblo haciendo la historia. No lo seduce la gloria ni se imagina el futuro.Marcha con paso seguro, calculando cada paso y lo que parece atraso suele transformarse pronto en cosas que para el tonto son causa de su fracaso...". (De "Diez décimas de saludo al público argentino").
  • Palabras de un amigo: Pa'l que se va


    (Por José Carbajal *).- Nunca pude entender, ni entiendo, ni entenderé, que no le gustara el rock and roll. Y, además, se enojaba. Una vez hasta me dijo: -Todo es milonga, Pepito. Pero claro, él era todo milonga.

    Candamil, el Walter Candamil, de Treinta y Tres, cebaba mate y nos contaba que en la última práctica antes del mundial del 50, Julio Pérez, el Chueco, le pegó semejante patada en la canilla ahí enfrente, en el estadio y el estadio Centenario era de día esa noche, una mancha de luz en el corazón de Montevideo que nos tenía hipnotizados a los tres.

    En una pausa del Canda, el Pepe, el Pepe Guerra, mirando al vacío me susurró como para que nadie lo escuchara: -Che, José! José! el que está jodidazo es el Flaco. Y el miedo nos erizó.

    Yo intenté defenderlo entre caliente y asustado, pero el Pepe me frenó el impulso con un cabeceo, cambiamos de conversación y seguimos cómplices en el silencio. Bueno, ahora ya fue: al Flaco se le murió el último pedazo de vida.

    En el 67' nos tapaba el techo del hotel de Bachicha Lencina, el gordo, el trompetista, �se acuerdan?

    Con Gervasio Viera compartíamos la pieza tres y el Flaco vivía en la de al lado. Tomaba mate con yerba Madre porque decía que sufría del hígado y a veces nos tenía que auxiliar. Todos los cantores éramos jóvenes y flaquitos. Lo cotidiano se iba abriendo paso en las canciones.

    Rompíamos con el lenguaje del siglo XlX, nos tuteábamos con el Uruguay revuelto y presentíamos el '68 en el mundo.

    "Milonga para una niña" enamoraba hasta a las viejas. Y el Flaco asombraba con esa voz como de otro, con ese flamenco entrecortado y con esa ternura de solitario empedernido.

    Un 29 de febrero se casó y se nos murió la guitarra de la pieza número 4.

    Al poco tiempo cayó Serrat. Cayó el Flaco Serrat por Montevideo y los asados en la casa de Zitarrosa juntaban guitarreros, cantores, poetas, periodistas y amigos comunes.

    Alfredo era "Dulce Juanita" y "Mariposa Negra". Yo vi la mariposa dormida en el tiro de la chimenea.

    A esa altura ya hablábamos con más soltura, nos confesábamos nuestros dioses y nuestros diablos, y hasta llegábamos a putearnos. El tiempo volaba, porque la gente venía trotando y enseguida galopaba.

    En el 70' hicimos el Centro de Cantores. Las broncas se hicieron diarias y a boca de jarro. Estábamos poseídos por el ángel de la juventud. Las religiones nos acosaban y todos queríamos ser honestos y heroicos. Nos reíamos del dinero y de la fama. Todos intentábamos ser buenos y en gran medida lo éramos. El Flaco navegaba con nosotros.

    Cuando nos encontramos en Buenos Aires queríamos ser amigos, pero no, no, no podíamos. Todos, todos, todos nos habíamos convertido en monjes con guitarras y cada cual predicaba su evangelio. Cortamos la mano y nos perdimos de vista por unos años.

    Otro poquito de muerte.

    Toqué el timbre, él abrió la puerta, nos miramos, nos miramos y abrazamos fuerte, bien fuerte. España era su casa y Francia era la mía.

    Alfredo vivía rodeado de fotos suyas sacadas en Uruguay. Yo le hacía chistes sobre tantos Zitarrosas en las paredes, pero la verdad es que estaba sumamente triste, la nostalgia lo acosaba y la soledad dormía con él.

    Fuimos a cantar una vez a Villa Verde Alto o a Canillejas, no recuerdo bien dónde era pero de todas maneras sé que era un arrabal madrileño.

    Después, estuvimos otra vez mucho tiempo sin vernos con noticias que alguien arrimaba de segunda o tercera mano.

    Había una telaraña que se estiraba pero que no se rompía y nos mantenía unidos a Pepe y Braulio, Daniel, Marcos, Carlitos Molina, el Gallego Capella, Washington, en fin, la camada del 60'.

    Y en México sí. Llegué y nos encontramos. Nos encontramos de verdad. Me pasó todas las líneas de laburo.

    Llamaba por teléfono y exigía para mí, un total desconocido, el mismo trato que para él que estaba en el candelero del canto latinoamericano. Compartimos amigos y licenciados. Fuimos vecinos en el Canal de Miramontes. Jugábamos al truco y planificábamos matar ese tiempo mexicano en pocos meses.

    -El año que viene estamos en el Uruguay Pepito, íeh! Y así fue. Se nos murió Méjico.

    En estos cuatro o cinco últimos años en Uruguay, creo que nos vimos un par de veces. No más.

    Recogimos la sotana que habíamos cambiado afuera por la amistad y seguimos teniendo noticias de segunda o tercera mano, como si viviéramos en dos países completamente alejados.

    Yo no sé si el Pepe seguirá mirando al vacío o si estará llorando. Lo que sí sé es que a mí me acogotan 22 años de Alfredo porque ahora ya fue. Al Flaco se le murió el último pedazo de vida y a nosotros se nos murió, se nos murió todito.

    (*) 17 de enero de 1989, texto escrito por "El sabalero", cantautor uruguayo.

    %sDiscografía: hecho en Uruguay


    El Archivo Alfredo Zitarrosa ofrece a los interesados en la obra del artista, un detallado listado de sus grabaciones en el Uruguay:

  • 1965: "El Canto de Zitarrosa" (4 temas)
  • 1966: "Canta Zitarrosa"
  • 1967: "Del Amor herido" ("Canta Zitarrosa/2")
  • 1968: "Yo sé quién soy" ("Zitarrosa/3")
  • 1969: "Zitarrosa 4", "Canta Zitarrosa", "Del amor herido"
  • 1970: "Milonga Madre" ("Zitarrosa/5")
  • 1971: "Coplas del canto" ("Zitarrosa/6")
  • 1973: "Zitarrosa 7 Adagio en mi país"
  • 1974: "Lo mejor de Zitarrosa", "Antología", "Zitarrosa 74"
  • 1975: "Desde Tacuarembó"
  • 1976: "Recordándote"
  • 1984: "Lo mejor de Zitarrosa", "Desde Tacuarembó", "Alfredo Zitarrosa", "La canción quiere", "De Regreso", "Melodía Larga"
  • 1985: "Guitarra Negra"
  • 1986: "En Vivo"
  • 1987: "Melodía Larga II"
  • 1988: "Antología"
  • La edición póstuma, en tanto, fue en 1989, "Sobre pájaros y almas" (junto a Héctor Numa Moraes). Orfeo y las dos ediciones del Archivo Zitarrosa han sido "Zitarrosa siempre. Los inéditos" (de 1995) y "Los archivos inéditos" (serie de 12 cd's, de 1998).