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Nosotros
Un pasajero de fin de siglo

Foto 5: El primero desde la izquierda es Valodia, con boina oscura. Aquí junto a compañeros de universidad en Moscú.. 
Albañil de oficio y periodista de profesión, Vladimir Marín Mejía fue criado junto a once hermanos en Costa Rica, pero educado bajo una férrea concepción cosmopolita en la Rusia soviética, muy lejos de todos los suyos. Testigo comprometido de un mundo muy diferente al actual, el siguiente es un repaso de su singular historia.


Sufrir en carne propia el desarraigo y la nostalgia; vivir a miles de kilómetros del amor materno y el de los seres más queridos, adaptándose a un estilo de vida completamente distinto. Estudiar en lo que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en pleno auge de la llamada guerra fría entre el comunismo y el capitalismo; realizar tareas específicas en el expreso siberiano, con temperaturas extremas sorprendentes y enfrentado a enemigos naturales más que molestos; inscribir voluntarios latinoamericanos para participar del conflicto bélico de Malvinas; obtener la Licenciatura en Comunicación Social -Periodismo Internacional- en Moscú y haber ejercido la labor periodística en su país de origen; o estar cerca de la tragedia de Chernóbil, son sólo algunos de los antecedentes que involucran al personaje en cuestión y, a la vez, lo pintan de cuerpo entero.

De hablar pausado y conversación amena, Vladimir Marín Mejía ha sido un pasajero del tiempo, tras vivir experiencias en marco de un orden mundial que ahora parece muy lejano, pero que caló profundo y crucial en la vida de cientos de millones de seres humanos.

Profesor y traductor de ruso en sus horas libres, nació en San José de Costa Rica el 10 de diciembre de 1958, hijo de Edgar Marín Jiménez y María Emilia Antonia Mejía Mejía, a la que no vio durante once años -mientras fue estudiante en Moscú- y a quien no veía desde hacía otros nueve, hasta que en diciembre último pudo visitarla en la capital de su país, anoticiado de una dolencia que la aquejaba.

"Ahora mi madre está mucho mejor. Tiene 85 años y se apellida Mejía Mejía. El doble apellido se debe a que mi abuelo, apellidado Salazar, nunca reconoció su paternidad; por eso ella tomó el apellido de mi abuela", aclara Vladimir al referirse a María, con la que finalmente pudo reencontrarse a fines de 2003 y acompañó, por suerte, en su mejoría de salud.

Momentos insoslayables


Vladimir tenía 21 años cuando tuvo la posibilidad de ir a estudiar a Moscú, capital de la omnipresente URSS, gracias a una beca de intercambio cultural entre dicho gobierno y el de Costa Rica: "Llegué vía Varsovia, cuando se retiraban los últimos participantes de los Juegos Olímpicos de 1980, muy comentados por el boicot que les realizó EE.UU. Recuerdo perfectamente que mi ingreso coincidió con la partida de la delegación de Hungría", comenta.

"Al mismo tiempo, en Polonia había estallado el conflicto de las autoridades comunistas locales con los representantes obreros que lideraba Lech Walesa; por eso el aeropuerto allí tenía medidas de seguridad especiales y había movilización del ejército", añade Vladimir. Así sitúa aún mejor su memoria en un conflicto que involucró a los trabajadores de los astilleros de Gdanks, a orillas del río Dancing, norte de Polonia, que propiciaría la creación de Solidarnosc (Solidaridad), el primer sindicato independiente surgido en el seno de uno de los países socialistas, por entonces llamado Bloque del Este, y cuyo líder era el citado Walesa, presidente polaco entre 1990 y 1995.

Vladimir cursó su carrera en la Universidad Drushvi Narodaf, palabras que significan "Amistad de los Pueblos". Sobre su época de estudiante, rememora: "En la universidad había un sólo argentino, al que le decíamos Che, y una chica, Pelusa, que luego se casó con un chileno. De todos ellos no tuve más noticias".

Vladimir hace un alto, pues en relación a `Pelusa' fue testigo de un hecho lamentable que marcó su vida. Ella residía en el mismo barrio que Vladimir, el Iugozapadnaia, al suroeste de Moscú, y él presenció desde su ventana la trágica caída de Amanda, la hijita de `Pelusa', desde un décimo quinto piso.

Recuerdos y anécdotas imborrables


En 1982, con motivo del conflicto entre Argentina y Gran Bretaña por las islas Malvinas, los estudiantes de Drushvi Narodaf enlistaron voluntarios de todo el mundo, con la finalidad de ir a combatir a favor del pueblo argentino.

Y Vladimir no sólo apoyó la idea, sino que fue uno de los primeros en inscribirse. "Era una iniciativa de corazón, sin conocer a fondo la cuestión en disputa. La lista debía entregarse en la embajada argentina en Moscú. Desconozco realmente qué es lo que pasó después", añade con puntualidad.

En uno de sus veranos en la URSS, Vladimir viajó para trabajar en un tramo de las vías del Baikal Amurski Magistral, el tren que une Moscú con Vladivostok, en la lejanísima costa del Pacífico, y que no es otro que el famoso transiberiano, que cruza la Federación Rusa de oeste a este.

Allí le tocó la zona de Uskut, un puerto sobre el río Lena, bien metidos en Siberia, cerca del lago Baikal. Justo ahí, que es una tierra identificada con el frío, el viento y la nieve, le tocó soportar -vaya paradoja del destino- jornadas laborales de inimaginable calor, con 48 grados a la sombra; trabajando con máscaras especiales para evitar no sólo el clima sino, además, la tremenda picadura del mosquito `mashká', que puede llegar a producir severa hinchazón en los ojos e infecciones.

Pero ello no fue todo, puesto que tampoco le resultaron esquivas, las jornadas de temperaturas asombrosamente bajas, como los 42 grados bajo cero que hizo un día de invierno en Moscú. La bella Moscú, con el Kremlin, el mausoleo Lenin, el teatro Bolshoi y la fascinante catedral de San Basilio; circundada por el serpenteante Moscova, cuyas aguas suelen congelarse por completo, permitiendo a los moscovitas una de sus diversiones predilectas: el patinaje sobre hielo.

También anduvo por Alma Alta, la capital de Kazajstán, en lo que era la URSS asiática; un lugar ligado con Santa Fe gracias al boxeo, puesto que allí, en 1994, Julio César Vásquez defendió su corona mundial contra el dominicano Juan Ramón Medina Padilla, combate cubierto para diario El Litoral por el ya fallecido Rubén Godoy.

Una familia a la distancia


Vladimir dice que en Rusia, a los de su nombre les dicen Valodia o Vobka, aunque su esposa Claudia, con quien está casado desde hace más de diecisiete años y con la que compartió buena parte de su increíble intinerario, le dice Vladi.

Justamente, entre las más ricas páginas de su vida, a Vladimir le ha tocado vivir una muy particular historia de amor. Recuerda que descubrió a Claudia, ciento por ciento santafesina, en su remota estadía estudiantil y cuando menos se lo imaginaba: "La conocí en 1985, cuando ella, que es descendiente de ucranianos por la rama paterna y bielorrusos por la materna, fue a hacer un curso de idioma ruso en el célebre instituto Alexander Pushkin".

"Nos encontramos en el Club Latinoamericano; ella se acercó para un seminario y yo formaba parte de la dirección. Nos casamos el 15 de agosto de 1986 y Claudia se vino seis meses antes, cuando preparaba mi tesis, que terminé en 1987", continuó.

El casamiento se realizó en la embajada de Costa Rica en Moscú y la luna de miel la pasaron en Kobrin, en las afueras de la ciudad de Brest (Bielorrusia), de una familia pariente de Claudia por parte de madre, los Boiko. De allí en más, forjaron sus vidas juntos.

En cuanto a sus orígenes, Vladimir señaló:"Soy el décimo segundo de doce hermanos, de los cuales uno ya no vive. Dos de ellos, Miguel Ricardo (alias Tato) y Carmen (Meca), eran hijos del matrimonio de mamá con Miguel Borrás, de origen español. Tras la muerte de su primer marido, mamá se casó con papá".

"Después siguen Carlos Enrique (Quique), Edgar Roberto (Tobeto), Hilda María, María Eugenia (Alajuela), Allison Luis de Los Angeles (Lali), David Jonatan, Boanerges (Neis), Enoc, Elí Antonio -hijo de Edgar Marín que se crió con nosotros-, y yo".

"Tengo un grato recuerdo de cuando éramos chicos. Nueve varones y tres mujeres viviendo todos juntos en una casa tipo barraca", agregó, no sin antes recordar que con ellos, antes de su reciente viaje, ya se había reencontrado entre 1991 y 1994, período de su primera estancia de regreso en San José de Costa Rica, etapa en la que nacieron sus dos hijos, Braulio y Valentina.

En la actualidad, Vladimir vive en Santa Fe y se dedica a la albañilería junto a su suegro, Nicolás Plechuk. "Circunstancialmente -aclara-, dada la crisis laboral y económica", mientras su pensamiento lo devuelve a Costa Rica, donde su madre se recupera de a poco, junto al cariño del resto de su gente.

Acerca de la URSS


Al margen de lo que pudo haber connotado en lo ideológico la expresión Unión Soviética, sería correcto rescatarla como reflejo de la superestructura estatal, política, social y económica que fue, constituida a pleno como tal en 1922, cinco años después de la revolución bolchevique que destituyó al zarismo.

El 23 de octubre de 1917 se produjo en San Petersburgo, una insurrección armada que culminó con la instauración del régimen socialista, al proclamarse el 8 de noviembre del mismo año, el gobierno del Consejo de los Comisarios del Pueblo, bajo la dirección y presidencia de Vladimir Ilich Ulianov, mundialmente conocido como Lenin.

En 1922, precisamente, tras los congresos de los soviets de las repúblicas socialistas de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Armenia y Arzerbaiyán -las tres últimas componían Transcaucasia-, se decidió reagrupar la gran mayoría de los territorios del antiguo imperio ruso en un sólo ente.

El nombre completo del mismo: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en idioma ruso era Soyuz Sovietskij Sotsialisticheskij Respublik (CCCP). Soyuz significa Unión y la S rusa se escribe C en alfabeto cirílico; y la supuesta P, en realidad es una R de la mencionada lengua eslava.

El máximo referente de la URSS fue el georgiano Josef Stalin, cuyo nombre real era Josip Vissarionovich Yugachvilli, quien la gobernó -primero indirectamente y luego en forma personalista-, entre 1924 y 1953.

Hasta 1991, año en que se disolvió, la URSS fue una federación euroasiática, compuesta en su esplendor por quince naciones; las seis nombradas, más Estonia, Kazajstán, Kirguizistán, Letonia, Lituania, Moldavia, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

La ocupación militar del pretendido décimo sexto enclave, Afganistán -invadido por la URSS en 1979-, ulceró al régimen comunista gobernante, constituyéndose en una de las causas del desmoronamiento posterior. Mijail S. Gorbachov (1985-1991), fue su último presidente.

Catástrofe y liderazgos


Valodia recuerda que cuando estaba de luna de miel en Bielorrusia se produjo el grave accidente de la central nuclear de Chernobil, en Ucrania -país que tiene frontera con aquél-, que conmovió al mundo entero. Ese siniestro, con perdurables consecuencias de radioactividad, provocó entre 8.000 y 10.000 muertes.

Además, aclara que antes de que asuma Mijail S. Gorbachov como líder soviético (1985) y se diera la llamada Perestroika o reestructuración -"el inicio del fin de la URSS" según sus propias palabras-, le tocó vivir el fallecimiento de tres secretarios generales: Leoniv Brezhnev (de 1964 a 1982 en el poder), Yuri Andrópov (1982-1984) y Konstantin Chernenko (1984-1985).

El secretariado general del Partido Comunista y la presidencia del presidium del soviet supremo -máxima jefatura de Estado, a la que se llegaba con posterioridad-, conjunción a la que todos los nombrados accedieron, equivalía a la suma total de poderes de la URSS.

Sergio FerrerFotos: Luis Cetraro y gentileza Vladimir Marín Mejía