Fiestas de aquí y de allá

La Navidad y el Fin de Año en Santa Fe y en Europa, con calor y con frío, rememoradas por el autor de la nota. FOTO ARCHIVO EL LITORAL.. 

Uno veía la Navidad y el Fin de Año en el cine y la vivía en casa. Aunque parezca extraño en un cinéfilo no recuerdo ninguna película argentina que transcurriera en Navidad ni en Año Nuevo. Y debe haberlas, creo.

En cambio en el cine -norteamericano, "of course"- hay tantos títulos como situaciones navideñas sean posibles.

Así uno veía siempre la Navidad con frío o con nieve, puertas cerradas y a los personajes que se citaban unos a otros para cenar a las 6 o las 7 de la tarde y escuchaba a Bing Crosby cantar "White Christmas".

En casa la Navidad -y el 31 de diciembre- es de puertas y ventanas abiertas y, lo más seguro, con ventiladores removiendo el aire caliente para que espanten los mosquitos. El 24 -víspera de Navidad- se cena y se reparten los regalos. Aquí-en Barcelona-la fiesta es el 25 y a mediodía. Los regalos los traen los Reyes Magos y no el Niño Dios. Allá el 31 se cena y se espera que la sirena de El Litoral y otras más anuncien el cambio de año. Los cohetes atruenan y los "voladores" compiten en brillo con las estrellas y aunque el suyo sea más fugaz no por ello es menos intenso. Los primeros que abrazamos son nuestros seres queridos: la familia. Luego sí que se puede ir a la casa de un amigo a seguir la "farra" y hacerles saber que ellos también son esa familia que uno se hizo.

Estos últimos años he pasado el 31 en diferentes ciudades de Europa. Barcelona porque vivo en ella y Madrid y París de casualidad.

Básicamente en todas es lo mismo.

Obviamente hace frío. El 31 de diciembre no es una fiesta familiar sino de amigos en restaurantes y luego caminata por las calles hasta alguna plaza principal donde suenen las campanadas de medianoche. En París se saca el champagne. En Barcelona los asistentes sacan la botella de Cava y la bolsita con las doce uvas para comer una por cada campanada. También es costumbre ponerse ropa interior roja para que el año entrante sea vigoroso.

Al 31 se le llama "La Noche Vieja" y no hay cohetes ni "voladores" �saben por qué? Porque en Europa el uso de los fuegos artificiales está asociado al transcurso del solsticio de primavera al de verano y es la época de recoger las cosechas y entonces se prendían Los Fuegos de San Juan y se tiraban petardos para "ahuyentar" los "malos espíritus". Pero en casa -Argentina, claro- el cambio de estación coincide con la Navidad y es otra historia.

Ya hace 27 años que estoy en Barcelona y ahora vivo lo que veía en las películas: la Navidad y el 31 en invierno. �Y saben una cosa? Lo acepto pero estar dentro de la película no es lo mío.

Creo que fue mi abuela Paulina -que nació y murió un 31 de diciembre- quien me dijo que ese día hay "que estar siempre en casa, que la casa no debe estar vacía de sus habitantes porque ella también cambia de vida y de ánimo y que si uno no va a estar hay que dejar una velita prendida en la puerta para que los espíritus de los que se fueron sepan dónde tienen que parar". No sé si será cierto pero yo me lo creí. Y me lo creo. Así que no salgo, ni antes, ni después de medianoche.

"Mi 31" es de puertas cerradas y con calefacción, aquí el Año Nuevo llega cuatro horas antes que en casa pero les puedo asegurar -y ya me dirán ustedes por qué- siempre me despierto el 1� de enero de aquí -las 12 de allá- a las cuatro de la madrugada. Tengo calor y, cosa extraña, el �zumbido de un mosquito lejano? intenta perturbarme el sueño.

Ustedes me dirán que estoy loco pero me gusta. Aspiro profundo, beso y abrazo con fuerza a todos los que amo -sé que ellos lo saben- y me vuelvo a dormir hasta el próximo año y la próxima Navidad.

Eduardo Paradot

Desde Barcelona, para El Litoral

Diciembre 2004