Condoleezza Rice prometió más ayuda para Colombia
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AFP-Télam/SNI
La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, advirtió en Bogotá que las acciones de Venezuela pueden desestabilizar a América latina, al tiempo que prometió más ayuda para Colombia, cuya lucha contra el narcotráfico y las guerrillas elogió.
La visita de Rice coincidió con una nueva escalada de declaraciones encontradas entre Colombia y Venezuela, por la compra de armas anunciada por Caracas y que han sido criticadas por Washington y Bogotá.
"Las actividades venezolanas en la región pueden ser desestabilizadoras" dijo Rice en una conferencia de prensa, tras reunirse con el presidente colombiano, Alvaro Uribe.
"El Plan Colombia llega a su fin, pero nuestro compromiso con Colombia no termina", agregó Rice, en referencia al programa contra el narcotráfico y las guerrillas, al cual EE.UU. ha entregado 3.300 millones de dólares desde 2000.
Colombia "va en camino hacia una mayor seguridad, hacia la solución al problema del narcotráfico, que es un camino largo y difícil pero en el que los colombianos han tenido éxito", destacó la funcionaria estadounidense.
La secretaria de Estado fue recibida, en medio de estrictas medidas de seguridad, en la base aérea militar de Catam por una pareja de niños que le ofreció un ramo de flores.
Este recibimiento contrastó con las declaraciones en Caracas del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien al comentar la visita de Rice señaló que "en el tablero de ajedrez que es América hay una dama imperial moviéndose por Sudamérica".
El nuevo pulso entre Rice y Chávez había tenido ya un primer capítulo el martes, cuando en Brasilia la secretaria de Estado inició su gira por cuatro países latinoamericanos criticando la "opresión" en Cuba y cuestionando la vigencia de las libertades en Venezuela.
En Bogotá, Rice descartó que el trasfondo de sus críticas a Venezuela sea el temor de Estados Unidos por perder a un importante proveedor de combustible.
"La cuestión del petróleo no tiene nada que ver con esto" señaló, tras anotar que "es bien sabido que tenemos inquietudes sobre las actividades del gobierno venezolano en la región que pueden ser desestabilizadoras y de sus actividades internas que incitan negativamente sobre su democracia".
Rice tampoco ocultó las reservas de Washington por las compras de fusiles y aviones militares a Rusia y España, anunciadas por Venezuela, y su preocupación de que estas armas puedan "quedar en manos indebidas" en referencia a los grupos armados ilegales colombianos.
Horas antes del arribo de Rice, el ministro de Defensa colombiano, Jorge Uribe, aseguró en un mensaje al Congreso que "el reequipamiento venezolano profundiza el desbalance militar en la región andina" y no tiene justificación clara.
"A lo mejor un peón dijo lo que la dama quiere oír para que se ría", le respondió Chávez. "Ya basta que en Colombia sigan diciendo que esto y que aquéllo, ya basta que se sigan comportando como el peón del imperio", completó el mandatario en una declaración en Caracas.
La canciller colombiana Carolina Barco intentó calmar los ánimos y en la conferencia de prensa junto a Rice, señaló que la de Venezuela es la "decisión soberana de un país que compra armas para su legítima defensa y sus necesidades internas". Pero al mismo tiempo Barco compartió la posición de su colega estadounidense sobre la necesidad de "hacer un seguimiento claro a esas armas para que no lleguen a las manos indebidas y se genere mayor violencia".
En su reunión con Uribe en el Palacio de Nariño (sede presidencial), Rice abordó además otros temas como la negociación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) y la elección del secretario general de la OEA.
Tras pernoctar en Colombia, Rice continuará hoy rumbo a Chile y de allí a El Salvador, donde finalizará la gira.
Relevos
El presidente colombiano, Alvaro Uribe, relevó ayer a cuatro generales de la cúpula del ejército, destapando una pugna en las fuerzas militares, en momentos en que las Farc arremeten en el sur del país y la política de seguridad del gobierno es blanco de críticas.
Los cambios, que según los generales retirados son una imposición de EE.UU., se produjeron precisamente cuando la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, visita Colombia.
Estados Unidos aporta desde hace cinco años una ayuda que suma unos 3.300 millones de dólares con destino al Plan Colombia de lucha antidrogas y contra los grupos armados ilegales.
Esa cooperación, que convierte al país andino en el quinto receptor de asistencia norteamericana, está representada en aeronaves y asesoría para el combate antidrogas, en una estrategia que combina la fumigación con herbicidas de los narcocultivos, la interdicción de aeronaves y embarcaciones de los traficantes y la erradicación voluntaria de las siembras.
En el marco del Plan Colombia, unos 800 uniformados y 600 contratistas civiles estadounidenses participan en labores logísticas y de entrenamiento de tropas.
Washington ha entrenado y equipado tres batallones antinarcóticos del ejército colombiano, de unos 1.000 efectivos cada uno, y una brigada que protege el oleoducto Caño Limón-Coveñas de los ataques dinamiteros de las guerrillas izquierdistas.
El Plan fue diseñado durante el gobierno de Bill Clinton para la guerra antidrogas, y ampliado en el de George W. Bush al combate contra los rebeldes de izquierda y los paramilitares, considerados por EE.UU. como terroristas que se financian del narcotráfico, el secuestro y la extorsión.
Dentro de la estrategia contra la guerrilla y los paramilitares, las autoridades colombianas pueden utilizar los helicópteros, aviones y demás equipo militar, al tiempo que reciben información de inteligencia de sus pares norteamericanas.
El Plan Colombia, que fue concebido durante el anterior gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), es rechazado por las guerrillas, que consideran que es la punta de lanza de la intervención militar de EE.UU. en la región.
Cuestionado igualmente en países vecinos como Brasil, Venezuela y Ecuador, el programa, que expiraba en setiembre de 2005 pero fue ampliado a cuatro años, tiene un costo total de 7.500 millones de dólares, que Bogotá reúne de fondos propios, créditos de la banca multilateral y ayuda de otros países.