El sexagésimo aniversario de la capitulación del régimen nazi coincide en Alemania con un inusitado interés por el fin de la guerra, objeto de una exposición que se abrió ayer en el Museo Alemán de Historia en Berlín, y por una cultura del recuerdo que aspira a servir de modelo a otros países.
"La guerra y sus consecuencias" muestra en una superficie de 800 metros cuadrados medio millar de objetos relacionados con los últimos meses de la contienda y con la evolución del país en su manera de recordarla.
Los objetos que "hablan" directamente de la guerra -pedazos de las escombros de la catedral de Conventry, bombardeada por los nazis, munición, uniformes, ruinas de ciudades alemanas- se combinan con una exhaustiva documentación audiovisual y de ejemplares de publicaciones de las últimas seis décadas.
"Sesenta años después, vivimos el fenómeno de que el interés es más grande que cuando se cumplían cuarenta o cincuenta años, seguramente porque ahora se puede hablar con más libertad, pues muchos testigos y también criminales de guerra han muerto", explicó el comisario de la muestra, Burkhard Asmuss.
Las dificultades de Turquía para enfrentarse a una reflexión sobre el genocidio armenio en la I Guerra Mundial y las tensiones entre China y Japón por la visión histórica que ofrecen los libros de texto nipones son, para Asmuss, ejemplos de la importancia de desarrollar una cultura reconciliadora del recuerdo histórico.
La exposición, que podrá verse hasta el próximo 28 de agosto, aborda, además de esa cultura del recuerdo, la política de las décadas siguientes, con las relaciones de Alemania con antiguos enemigos, especialmente Francia, e Israel, destaca el historiador Kai Kufeke, asesor de la muestra.
La guerra y la liberación en Europa, las consecuencias de la contienda en la sociedad alemana, el tratamiento de los crímenes de guerra de los nazis y los conflictos entre las dos Alemania, así como la relación del país con la guerra y el militarismo son los principales aspectos de la exposición.