Oscar Melo en Santa Fe
La ganadería se va para el norte
El especialista ganadero disertó en la Sociedad Rural de Santa Fe en el marco de las Primeras Jornadas de Actualización Ganadera. Dotado de su habitual claridad "docente", explicó los fundamentos de esta afirmación.

-¿Cómo ha sido la relación de cantidad de vacas por habitante en la Argentina?

-En los últimos 50 años ha habido una caída permanente en la densidad de animales en la Argentina. Fuimos de 2,6 vacas por habitante a 1,3 como tenemos en la actualidad. Esto es muy importante, porque esta ha sido la causa del estancamiento ganadero en la producción de carne. La causa de esto ha sido el crecimiento de la agricultura y los tambos, creo que la cantidad de vacas era alta para esa densidad demográfica, y que todo aumento en la productividad iba a representar una sobreoferta de carne. Estos son los ciclos ganaderos, cada vez que había una buena situación de precios, los ganaderos destinaban más esfuerzo en producir, y esto generaba una sobreoferta y una caída de los precios.

Ahora la cosa cambió, vemos que un crecimiento en la productividad de estas vacas, impactaría mucho menos, y significaría una crecimiento en la oferta muy inferior. Y si esto va acompañado de una demanda externa activa como tenemos hoy, esto significa que se puede crecer sin un decaimiento en los precios, y ese pasa a ser un tema central.

-¿Cómo se ha posicionado en este tema nuestro país en comparación con los competidores?-Fuimos el país más ganadero del mundo, pero otros países nos han superado. Fíjese que hoy Australia tiene más vacas por habitantes que nosotros, y a su vez comen mucha menos carne. Brasil tiene una relación estable de 1 vaca por habitante, y EEUU tiene un stock ganadero limitado, teniendo en cuenta su enorme densidad poblacional. Si esta curva de decrecimiento de bovinos se mantuviera, en el 2015 tendríamos 1 vaca por habitante, lo que no alcanzaría para abastecer el mercado interno y la exportación. Consecuentemente este es un buen momento para dejar de decrecer y que la ganadería crezca al ritmo que crece la población, incorporando para ello nuevas zonas a la producción ganadera.Es importante destacar la diferencia entre vacas censadas (48 millones) y cantidad de vacunas vendidas (50 millones), con esa franja en negro que es cada vez menor pero que existe. -¿Es posible que la producción crezca en la región pampeana? -No, porque se ha fortalecido mucho la producción agrícola. Pero hay aspectos más importantes que la competencia con los precios de la agricultura. Argentina ha tomado un rumbo en la agricultura verdaderamente distinto y va mas allá de los precios. Hoy el 70 % de los campos está arrendado, con un modelo agrícola de campos arrendados. La ganadería reclama campos propios, porque exige largos plazos de trabajo, con pasturas de más de 6 meses. La ganadería exige que haya gente que controle a los animales, y un pasaje de ganadero a agricultor se realiza con facilidad, pero a la inversa no es muy factible.No podemos pensar que la recuperación ganadera nacional va a venir por el crecimiento de la región pampeana, sino de otras regiones que sean capaces de producir. Y solamente se puede crecer hacia el norte.Tengamos claro que el subtrópico argentino tiene veranos igualmente cálidos que el trópico, pero con la diferencia que tiene inviernos con heladas. Tenemos un subtrópico húmedo, uno subhúmedo, uno árido y uno semiárido.En estas zonas tenemos excelentes suelos, clima compatible con la producción de pastos, y una facilidad desde el consumo de carnes, porque la región que circunda al Chaco tiene la posibilidad de trabajar más intensamente la ganadería. -¿En qué medida son utilizados los conocimientos de la ganadería pampeana en estas zonas?-La ganadería subtropical tiene similitudes y diferencias. Tenemos tres cosas que interesan en ganadería: el forraje, los animales y el manejo.Las gramíneas de la región central son llamadas templadas o de carbono 3, mientras que a las del norte las llamamos subtropicales o de carbono 4. Esto hace a que sean zonas distintas. Las de carbono 4 crecen en el verano y las de carbono 3 crecen en el invierno. En nuestra región tenemos un clima intermedio, por lo que cultivamos C4 como el maíz, el sorgo, y en el invierno cultivamos C3, por ejemplo el trigo la cebada, la festuca, etc. El norte tiene que abandonar el C3, que no resiste el calor. La digestibilidad de los pastos de estas zonas es menor.Diversos autores australianos estudiaron el tema, analizando la cantidad de proteínas que tienen las plantas. Las plantas C4 pueden producir más pasto con igual cantidad de nitrógeno, pero es un pasto con menor contenido de proteínas.Las proteínas, la digestibilidad y las temperaturas son vitales, y hacen también al cuidado de los recursos naturales. Si el suelo es poco fértil, los pastos no van a engordar. Si destruyo la materia orgánica del campo, no permitiré que ese campo sirva para engordar, a menos que fertilice. En esto hay que tener cuidado, porque la producción ganadera degrada los suelos tanto o más que la actividad agropecuaria.En lo que a animales se refiere, es indispensable tener en claro el tema del consumo, y los mecanismos físicos y metabólicos relacionados con los alimentos y con el ambiente.En esto también es determinante la facilidad y tolerancia a las altas temperaturas y a la garrapata de determinadas razas cebuínas.Por último, siempre es importante saber determinar el tema del manejo, en todo lo que tiene que ver con la duración de los servicios, el control de los partos y el manejo de la oferta forrajera.A mí, particularmente me gustan más las razas británicas, pero teniendo en cuenta las condiciones en las cuales se va a desarrollar la ganadería del futuro, es como probar una camioneta 4x4 en un autódromo. Tenemos que apelar a las razas cebuínas, las africanas, cuyas condiciones son inmejorables para los desafíos que se vienen.