La odisea de tres santafesinas en Cancún
Sobrevivir a Wilma

Magdalena Lapalma y Carolina Cappriz regresaron a Santa Fe y comentaron la experiencia.. 

Miedo, desamparo, desesperación... fue lo que sufrieron tres santafesinas que veraneaban en México, cuando la costa de Cancún fue azotada por el huracán más fuerte de la historia en ese país. El Wilma dejó muertos y destrozos incalculables. Ellas sobrevivieron, pero pasaron momentos terribles. Ya de regreso en Santa Fe, relatan a Nosotros su experiencia.

Esta historia comienza cuando tres santafesinas deciden pasar sus vacaciones en Cancún (México). El destino hizo todo lo demás. Quiso que estas tres mujeres (dos de ellas, hermanas) vivieran momentos realmente desagradables, ya que a poco de haber llegado a uno de los lugares más hermosos para el turismo internacional, el huracán Wilma arrasó las costas de ese país, causando muerte y destrozos incalculables.

A pocos días de aquel triste acontecimiento, ya de regreso en nuestra ciudad, Carolina Cappriz y Magdalena Lapalma compartieron con Nosotros esta tremenda experiencia.

Carolina tiene 26 años, es profesora de Nivel Inicial, y cuenta: "con nosotras viajó también Florencia Lapalma, de 26 años, contadora, hermana de Magdalena. Salimos de Ezeiza hacia Panamá por Aerolíneas Copa y desde allí a Cancún. Los primeros tres días los disfrutamos a pleno. Nos alojamos en el Hotel Flamingo; al cuarto día, Florencia y yo decidimos ir a Playa del Carmen y en el viaje escuchamos que se había suspendido la entrega de los premios MTV latinos porque se venía un huracán y que lo esperaban para dentro de un par de días. íTe imaginás! Cuando llegamos a la playa, preguntamos y nos dijeron que retornemos a Cancún porque estaban cerrando todos los accesos a esa ciudad".

"Nadie nos advirtió que podía venir un huracán, nos enteramos de casualidad -subrayó Carolina-. Cuando llegamos a Cancún vimos que estaban desarmando los semáforos, las casillas de teléfonos, los carteles... toda la ciudad estaba preparándose para `recibir' a Wilma".

Magdalena no había ido con sus amigas a la playa y fue en el hotel, mirando televisión, cuando se dio cuenta de lo que estaba por suceder. "En las noticias decían que se trataba del huracán más fuerte de la historia. Hablando con los taxistas, me contaron que habían vivido uno anterior muy terrible que fue el Gilberto en 1988, pero que éste era peor".

La evacuación

"Cuando llegamos al hotel, nos encontramos con Magdalena y recibimos la orden de evacuación. El equipaje quedaba en los baños de las habitaciones, cerrado bajo llave, y debíamos llevar los documentos", contó Carolina.

"Había cinco colectivos, que sacaron primero a todos los turistas extranjeros. Llamamos al aeropuerto para ver si conseguíamos algún vuelo hacia la Argentina, pero estaba todo agotado", agregó Magdalena.

"Lo que nos indignó fue que los primeros que pudieron salir de los hoteles y tomar vuelos fueron los norteamericanos, canadienses, ingleses, y nosotros quedamos para lo último -apuntó Carolina-. Cuando fuimos a la playa del Carmen, por ejemplo, los artistas que habían viajado para los MTV ya estaban embarcándose, como el caso de Shakira y Ricky Martin. A nosotros, que éramos 180 turistas, nos llevaron a un refugio que funcionaba en el colegio Niños Mexicanos, a unos 25 kilómetros de la playa, pasando el centro de Cancún. Como era de noche, no vimos dónde quedaba. Al otro día pudimos ver que era en el medio de una villa. Había allí unos 20 argentinos: de Santa Fe solamente nosotras, el resto era de Buenos Aires, Mendoza y San Juan".

Las turistas santafesinas destacan que el refugio estaba a cargo del hotel que las hospedó hasta la llegada de Wilma y que recibieron muy buen trato.

%sEl centro del huracán

"Un día después comenzó a llover y el viento soplaba cada vez más fuerte, huracanado. Luego fue todo un revuelo impresionante. Es imposible describir cómo volaba todo. Mirábamos por una ventana y veíamos cómo se caían las paredes, los techos, teníamos pánico. Afuera era de terror y adentro del refugio tratábamos de pensar en otra cosa, de charlar, de contenernos", dice Carolina.

"Cuando pasó la primera parte del huracán, no había luz ni teléfonos ni agua, nada funcionaba. Cuando teníamos que ir al baño, debíamos ir agarrándonos a una reja para no volarnos. El viento era tan fuerte, que no sabíamos si se nos caería una pared encima", graficó Magdalena.

"Un día más tarde nos dijeron que aún faltaba la cola del huracán. No dábamos más, nos queríamos ir. Otra vez la lluvia y las ráfagas de viento, pero ya un poco más leves. Recién pudimos salir del refugio a la mañana y vimos que no quedaba nada alrededor. Y, para colmo, estábamos en el medio de la villa", indicó Carolina.

"Salimos a buscar un teléfono para llamar a nuestras familias y vimos cómo saqueaban un Wall Mart. Había robos en los negocios, la gente pasaba corriendo con televisores, radiograbadores; era todo muy peligroso, se escuchaban disparos de armas de fuego y gritos. Nosotras teníamos sólo lo puesto,los documentos y el dinero y nuestro miedo era que nos dejen sin nada. Entonces, entre todos armamos una barricada con troncos y ramas para defender el refugio donde estábamos alojados", contó Magdalena.

El complicado retorno

"Tomamos un taxi, volvimos al hotel a buscar los equipajes. Los balcones de nuestra habitación estaban destrozados y no había luz, nos agruparon en las piezas sanas, todo iluminado con velas. Era lunes y nosotras teníamos vuelo de regreso para el domingo, faltaba una semana entera. Había toque de queda, todos se encerraban; nos hizo acordar a las inundaciones de Santa Fe por el estado de conmoción que se vivía", comparó Carolina.

"Te daba mucho miedo, a pesar de que había vigilancia -acotó Magdalena-. Nos fuimos como pudimos hacia el centro, a buscar un teléfono para llamar a Santa Fe y también a pelear para tomar un vuelo. Nunca apareció nadie de la agencia de viajes mexicana que nos correspondía, Grupo Meca, ni tampoco de la embajada argentina, ni del consulado. En el refugio vimos cómo a ciudadanos de otros países los visitaron y los ayudaron. A nosotras...nada. En la aerolínea tampoco no nos daban soluciones y nos decían que esperáramos. Pasaba el tiempo, todos se iban y nos desesperamos. Un día hicieron una reunión en un hotel, y por orden de llegada podíamos tomar el vuelo hacia Panamá. Fuimos, lloramos, gritamos, hasta que nos pusieron en la lista", contó Carolina.

"Eramos como 80, volamos de Cancún a Panamá y cuando llegamos, nos dijeron que había un vuelo exclusivo hacia la Argentina para los que retornábamos de México. Nos llevaron a un hotel del centro de Panamá, y cuando fuimos a tomar el vuelo hacia Ezeiza, apareció la gente de Copa con una lista de 20 0 25 personas, adonde estaban incluidas Magdalena y su hermana, pero yo no. Además, habíamos ingresado a Panamá y nos llevaron al hotel directo, no hicimos ningún papel de aduana, éramos ilegales. Todo un desastre", sintetizó Magdalena.

"Cuando vi que no estaba en la lista, que me tenía que quedar sola en Panamá, sin ningún tipo de ayuda, me puse realmente muy mal; el resto de la gente también gritaba, se pusieron todos violentos. Nos engañaron, habían sobrevendido vuelos, lo llenaron y mandaban a otra gente. Después de hacer un verdadero escándalo, me dieron el pasaje y pudimos volar todas juntas", indicó Carolina.

"No lo podíamos creer"

"Fueron siete horas de vuelo llorando, después de tanta tensión descargamos todos los nervios acumulados. Cuando el avión tocó suelo argentino no lo podíamos creer. Fue una emoción muy grande y, además, nos esperaban nuestros familiares", contaron las chicas.

Pero no todo terminó allí. Carolina tenía algo más para contar. "Fui a buscar mi equipaje y ...ísorpresa! No estaba. Todavía no lo pude encontrar. Por supuesto, otro escándalo... espero que me lo devuelvan".

Las vacaciones tan esperadas por estas santafesinas, frustradas por el huracán. Viajar es un placer...a veces.

Luis GudiñoFotos: Eduardo Salva y gentileza Magdalena Lapalma