Discurso político y libre comercio
El gran debate abierto en América no es el Alca en términos abstractos sino el libre comercio. No obstante, habría que decir que ninguno de los cancilleres que argumentó en contra de los supuestos beneficios del Alca cuestionó los valores del libre comercio; por el contrario, exigieron que ese principio sea cumplido por todos.
En Mar del Plata, por lo tanto, hubo tres posiciones que merecen destacarse. Estados Unidos de Norteamérica y México encabezaron la propuesta a favor del Alca; Hugo Chávez, de Venezuela, representó la oposición más radical a ese proyecto y la Argentina y el Brasil, entre otros, plantearon que la integración económica continental no es despreciable por razones dogmáticas o ideológicas, y que sería una construcción deseable en tanto se corrijan ciertas asimetrías y los EE.UU. asuman en plenitud los valores de libre comercio, empezando por practicarlos.
Los subsidios a sus farmers y las barreras pararancelarias que se levantan para proteger estas economías no son sólo una negación de los principios del libre comercio sino que perjudican seriamente a nuestras exportaciones. Se sabe que el lobby de los farmers es muy poderoso y que sus protecciones políticas internas son fuertes. Hasta la fecha ningún gobierno de los EE.UU. estuvo dispuesto a pagar el costo interno de enfrentarse con estos sectores, subsidiados por el contribuyente norteamericano.
Algo parecido ocurre en Europa y, también allí los dirigentes que pregonan el libre comercio prefieren un sugestivo silencio cuando se les reclama que empiecen por practicarlo en casa. En el caso de la relación de los Estados Unidos con la Argentina la contradicción es histórica, porque desde principios del siglo XX el país del norte decidió proteger a sus productores agropecuarios. Con Gran Bretaña, y Europa en general, la relación fue más equitativa hasta por lo menos la primera mitad del siglo pasado, o hasta el momento en que sus gobiernos decidieron promover la actividad agropecuaria.
Conviene recordar que históricamente el desarrollo del capitalismo no se hizo exclusivamente sobre la base del libre comercio. Alemania, por ejemplo, y los EE.UU. en el siglo XIX, crecieron con políticas proteccionistas. El caso paradigmático del libre comercio lo cumplió Gran Bretaña luego de consolidar su desarrollo interno, hecho que lo habilitaba para la conquista del mercado mundial.
En general, las consignas a favor o en contra del libre comercio estuvieron condicionadas por las necesidades políticas y, en los tiempos que corren, por los humores de los electorados. Ludwig Erhard, el político alemán fundador de la llamada economía social del mercado, admitió que los subsidios de su gobierno a los productores rurales contradecían los presupuestos del liberalismo. Interrogado por los periodistas, distinguió entre los valores ideológicos deseables y las necesidades que imponía la política.
Como se podrá apreciar, la polémica no es nueva, los argumentos tampoco lo son y mucho menos los intereses comprometidos. El capítulo de esta historia continúa abierto y se resolverá en el campo de la política, es decir, en la ardua compatibilización de los intereses.