No hay detenidos por la muerte del remisero

La maldición del Camino Viejo

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Dicen que Pablo Sañudo pudo ser blanco de una venganza; pero ocurre que en el lugar donde fue muerto son frecuentes los delitos contra la propiedad y las personas.

Contra lo que se dijo en los primeros momentos y a 48 horas de consumado el brutal ataque que terminó con la vida del joven remisero Pablo Ernesto Sañudo, en el Camino Viejo a Esperanza, podemos decir que, en el marco de la investigación policial, no se practicaron detenciones de personas y tampoco aparecieron testigos presenciales del hecho.

Entre las 13.30 y las 15.15 del último jueves -es decir, entre el momento en que salió a tomar pasaje y el momento en que fue hallado muerto-, Pablo Sañudo sería asesinado con saña y brutalidad pocas veces vista.

El cráneo de la víctima, destrozado a golpes, cuando en su cuerpo habían impactado tres disparos de revólver, habla de un inusual despliegue de violencia homicida. Eso mismo sugieren las manchas de sangre observadas en el habitáculo y en la pintura exterior del Fiat Siena de la empresa Express.

Están quienes interpretan que Sañudo fue víctima de una venganza o, peor todavía, de un ajuste de cuentas. Eso se cree, porque los asesinos no se llevaron con ellos objeto de valor alguno. Sañudo conservaba su reloj y anillo de boda. La ticketera y la base de radio también estaban en su lugar.

No obstante, el lugar del crimen permite otras lecturas, desde que allí es frecuente que repartidores de comercios y choferes de taxis y remises sean presa fácil de la delincuencia, que hace años se adueñó de la zona.

En nuestra edición de la víspera, informamos que en el Camino Viejo, el punto de referencia más cercano al lugar del hecho es un templete levantado seis años atrás, donde la niña Vanesa Almeida fue violada y brutalmente asesinada.

Pero ese dato no lo dice todo. Sobran para comprender ajustadamente cuál es el clima que se respira en ese sector de la ciudad, después de los episodios de las últimas horas.

Ayer al mediodía, a escasos metros del Camino Viejo -Neuquén al 7000-, dos certeros balazos acabaron con la vida de otro hombre, Alberto Díaz, de 27 años de edad. Este nuevo suceso criminal es investigado por la Seccional 7a. con la colaboración de los agentes de Homicidios.

Luego, ya en horas de la tarde, los pobladores del barrio San Agustín sufrirían un fuerte impacto al saber de la muerte, en calle Chaco y Camino Viejo, de un niño de apenas 13 años de edad. Al parecer, sin intervención de terceros, el chico falleció con una soga atada al cuello, en circunstancias que investigaría la Seccional 7a.

Por último, ya en horas de la noche, otro chico de 13 años fue alcanzado en una de sus piernas por una perdigonada de escopeta. Quien disparó contra él fue el mismo individuo que le robó la bicicleta en Camino Viejo y Espora. El menor es asistido en el hospital de niños Dr. Orlando Alassia.

En semejante contexto, bien puede explicarse que un remisero fuera llevado bajo amenaza de muerte para ser despojado de sus bienes. También se puede entender que al ofrecer resistencia, la víctima fuera asesinada y además que, a la vista del crimen cometido, los asesinos decidieran no llevar con ellos recuerdos comprometedores.

La investigación policial avanza -dijo una de las fuentes consultadas esta mañana en Jefatura-, pero rodeada de un marco de celoso hermetismo.

José Luis Pagés