La superstición en China
José Alvarez Díaz (EFE)

Incluso en las ciudades más desarrolladas de China, la superstición y las creencias populares permanecen arraigadas en lo más profundo de la sociedad, y los números, los colores o el animal que asigna a cada año el calendario lunar chino siguen marcando muchos aspectos de la vida, incluidos los negocios.

La dinámica y futurista ciudad de Shanghai, que eleva sus rascacielos de cristal en el próspero este de China, no es una excepción, aunque es un buen escenario para los contrastes de generaciones, ya que, como ocurre en Occidente, los más mayores son más propicios a creer en la suerte y los espíritus que los jóvenes.

"La diferencia entre los ancianos y mayores y los jóvenes es el nivel de superstición", dijo la joven Zhuang Ting Ting, una estudiante de empresariales que se declara supersticiosa sólo ante los exámenes y con algunos números, que poseen un poder simbólico muy fuerte para los chinos.

Tanto en la vida diaria como en los negocios, se considera que dan mala suerte algunos, como el 4, cuya pronunciación ("si") suena como "muerte" en mandarín, y cuya abundancia se evita como un tabú en direcciones postales, matrículas y números de teléfono, e incluso existen hoteles que no tienen cuarto piso.

En Shanghai, además, no son bien recibidos ni el 5, que en dialecto shanghainés suena como "en", que significa literalmente "mierda", ni el 13 ("se sai"), que se pronuncia parecido a un término que designa a las personas demasiado impulsivas, que no reflexionan, así como al abuso de una persona sobre otra.

Sin embargo, son muy bien acogidas otras cifras como el 8, cuya pronunciación ("ba") se asocia con la palabra "enriquecerse", y que se considera que atrae tanto a la buena fortuna, que abunda en los teléfonos y direcciones de las grandes empresas, y casi no hay hotel de cinco estrellas que no esté en el número 88 de una gran avenida.

El número 6 da suerte por una frase hecha china que habla de que la felicidad tiene seis aspectos (entre ellos salud, riqueza, amor y familia), y el 7 ("qi"), porque suena parecido a "ji", y "ji hui" significa "oportunidad".

"Nadie celebra su cumpleaños a los 44", comenta otra estudiante, Chen Shushu, de 21, que asegura que sólo es supersticiosa con el horóscopo para encontrar el novio adecuado, aunque eso sí, se fía más del zodíaco occidental que del chino, porque funciona según los meses y no los años, y es "más exacto".

Las creencias son fuertes, y una joven funcionaria, Qian Luping, que es Perro (a quien corresponde este año en el horóscopo chino), confesó que vestirá estos doce meses alguna prenda roja para que la suerte durante "su" año le favorezca más que en el Año del Perro anterior, que le trajo problemas personales.

Las antiguas creencias chinas todavía impregnan numerosos aspectos de la vida cotidiana. Las calles más viejas de pueblos y ciudades aún forman curvas serpenteantes porque los espíritus sólo pueden perseguir a los vivos en línea recta, y muchas familias aún guardan un espejo sobre sus puertas o ventanas, para ahuyentarlos con sus propios reflejos y alejar las malas influencias.

También hay colores inadecuados, e ir vestido todo de negro, blanco, azul o verde se relaciona con la muerte, el tabú impronunciable que más se ha de evitar.