Desde su fundación en 1918, la entidad cambió su nombre en tres oportunidades. En reuniones preliminares realizada en la ventana de la casa ocupada por Juan C. Moos y familia en la calle Amado Aufranc, en el denominado Conventillo de Meiners, se realizaron las reuniones preliminares que dieron origen a la institución, donde por primera vez se reunieron en el bar de Lorenzo Lercher los integrantes de la CD de la entidad que, en principio, se llamó Juventud Obrera, cuyos directivos se reunían en las fincas de las familias Moos y Wenke.
Al poco tiempo, bajo la presidencia del señor Mauricio Berthouzoz, se le puso el nombre de Club Atlético Juventud -año 1926- y, posteriormente, el de Asociación Deportiva Juventud en 1934, el que en la actualidad identifica a la popular entidad esperancina.
Desde el 13 de marzo de 1933, a raíz de un convenio celebrado con la Asociación Deportiva Esperanza, se dispuso el uso del predio donde se erige en la actualidad el campo de deportes "Stadium Waldino Maradona", situado al norte de la Primera Colonia Agrícola Organizada del País, compuesto por la cancha de fútbol, de básquetbol, frontón, tenis, bochas, casa para el canchero, vestuarios con túnel, salón-buffet, salón de secretaría, depósitos, asadores y la pista de atletismo, también utilizada para la práctica de ciclismo.
En cuanto a la sede social, ésta funciona en calle Moreno, unos 500 metros al norte de la ruta 70, donde se dispuso de un amplio salón en el que se desarrollan los principales acontecimientos del club norteño.
En oportunidad de cumplir 50 años de vida -en 1968- se publicó el "Libro de Oro de la Asociación Deportiva Juventud" (de donde tomamos los datos que se insertan en la presente nota) y en cuya página número 10 se esboza un sentimiento que consideramos oportuno transcribirlo textualmente. "No fue en una magnífica plaza de juegos de esas olimpíadas de nuestros días de largas tribunas pétreas, bajo la dirección de un experto bien pagado y el control avizor de una comisión ad-hoc. No fue con la vestimenta siempre aseada de los clubes ricos, con la pelota siempre nueva de la holgura, con la cancha bien peinada y mejor marcada de la abundancia, con el servicio de baños calientes y fríos después de cada entrenamiento, con el masajista de ritual en el vestuario, y con timbre aquí y teléfono allá...
Fue en los aledaños agrestes del norte, en los campitos de alambrados caídos de las inmediaciones de la curtiembre, con una vejiga o una pelota comprada cooperativamente, y un arco con dos tarros viejos por esquineros o también con un saco y una gorra desteñidos... Su mentor técnico, el entusiasmo. Su reloj era el silbato de Meiners. Su estímulo el amor del barrio.
Así se formó y creció ese cuadro que se llama con tanta propiedad "Juventud' y con tal natural impulso como divisa los colores negro y rojo, porque eran firmes como su corazón".