Una sopa para cenar, o vacunar
Por Jorge Bello (*)

Hay muchos virus. Los hay discretos e inofensivos, y los hay malos y malísimos, y traidores, de los que tiran la piedra y esconden la mano, y luego miran desde un costado con cara de yo no fui, hasta que los agarran. Es el caso de los papilomavirus. Se habla mucho últimamente de los virus Papiloma humano porque se sabe con certeza que son los que provocan el cáncer de cuello uterino, y porque ha sido aprobada una vacuna que protege contra este cáncer. Virus Papiloma humano suele abreviarse con las siglas VPH o HPV.

La ciencia conoce más de cien tipos de virus Papiloma humano. Sabe que los tipos 16 y 18 son responsables del 70 % de los casos de cáncer de cuello uterino, y de ciertas lesiones precancerosas que pueden observarse en el cuello del útero, en la vagina y en la vulva. Sabe además que los tipos 6 y 11 son responsables del noventa por ciento de las verrugas genitales, diferentes de las verrugas vulgares. Pero sabe también que el resto de los casos de cáncer de cuello uterino no son consecuencia de la infección por estos virus, así como también sabe que en la mayoría de los casos la transmisión ocurre por medio de las relaciones sexuales, aunque admite excepciones que no puede explicar. Tampoco puede explicar por qué aparecen las lesiones precancerosas y el cáncer de cuello uterino en apenas una pequeña proporción de todas las mujeres que contraen la infección por estos virus: es evidente que el sistema inmunológico funciona bien en casi todas, pero falla en unas pocas, no se sabe cuáles.

La vacuna que aprobó la Food and Drug Administration, institución oficial del gobierno de los Estados Unidos que goza de mucho prestigio científico, se llama Gardasil, y protege contra los tipos 6, 11, 16 y 18 del virus Papiloma humano. La protección que brinda contra estos virus parecer ser del ciento por ciento, pero debe recordarse que hay formas de cáncer de cuello uterino que no quedarán protegidas por esta vacuna. Gardasil es un producto de los laboratorios Merck, que recomienda administrar tres dosis a las niñas y jóvenes de entre 9 y 26 años: la segunda dosis se debe administrar dos meses después de la primera; y la tercera, cuatro meses después de la segunda. La vacuna y el plan de vacunación cuentan con el apoyo de instituciones tan prestigiosas como el National Cancer Institut, entre otras. Existe otra vacuna, y de ella se puede esperar una eficacia igual en cuanto a la prevención del cáncer de cuello uterino: se llama Cervarix, y es un producto de los laboratorios Glaxo Smith Kline, que protege contra los tipos 16 y 18 del Papiloma virus.

En Estados Unidos, las tres dosis de Gardasil cuestan unos 360 dólares. Es un poco más cara que otras vacunas de nueva generación, al menos para España: la vacuna Prevenar, que protege contra la sepsis y otras infecciones provocadas por ciertas cepas de neumococo, cuesta 74,96 euros cada dosis y, según la edad a la cual se comience la vacunación, el bebé puede necesitar varias dosis. Varilrix, una de las marcas de la vacuna contra la varicela, cuesta 45,38 euros, y se administra una única dosis. Ninguna de estas dos vacunas está incluida en el calendario oficial de vacunas de España; es decir: quien las quiere las tiene que comprar en la farmacia, y cada vez son más los padres que las quieren para sus hijos. Gratuita -porque está incluida en el calendario vacunal-, la vacuna Infanrix Hexa, que se administra sin distinguir nacionalidad, ni siquiera situación de legalidad o ilegalidad en el país, cuesta 53,74 euros, y protege contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, la hepatitis B, la poliomelitis y las infecciones provocadas por la bacteria Haemophilus influenzae (en especial la meningitis); necesita para su efectividad que se administren varias dosis. Complemento de esta vacuna es Meningitec, contra las infecciones por meningococo, sobre todo la sepsis y la meningitis, que cuesta 36,35 euros.

Paralelamente, la famosa caldereta de langosta, presentada sin lujo en un restaurante del Paseo Marítimo de la paradisíaca localidad de Fornells, en la costa norte de Menorca, cuesta 65 euros cada ración (a veces hay oferta de dos raciones por 90 euros). Se trata de una sopa densa y aromática, que se sirve con trozos de langosta hervida en el mismo caldo. La receta es sencilla: langosta, perejil, tomate, pimiento verde, ajo y cebolla; la langosta debe ser de la variedad roja, y es necesario incluir trozos de langosta macho y de langosta hembra. Poco antes de apagar el fuego, hay que agregar a la cocción el bazo y la sangre del crustáceo, y los huevos que las hembras llevan adheridos a la cola. Dicen los cocineros que la langosta debe ser de la variedad roja para que la caldereta quede del color rojizo que la hace tan atractiva, y que ésta debe incluir la sangre del animal para que adquiera densidad acaramelada y el tono ligeramente alilado que fascina a los turistas descoloridos, o al menos rosados, que no hablan castellano. Los expertos en gastronomía consideran que la caldereta de langosta de Fornells es un plato de exquisitez sublime (a mí me pareció una rica sopa). Como se la sirve de segundo plato, al precio de la caldereta hay que sumarle el del primero, el vino y el agua, el postre, el café y la copa de coñac andaluz o de cava catalán: la cuenta puede superar fácilmente los cien euros por barba, sin contar la propina.

Un poco más allá del restaurante, también sobre el Paseo Marítimo, hay una casa relativamente sencilla, blanca, de dos plantas y terraza, con vistas hacia la inmensa bahía de Fornells, de aguas tranquilas y de transparencias turquesas, todo Mediterráneo, donde suele soplar una brisa que huele a mar, donde el Rey de España sale a pasear cada vez que visita la isla, y donde toman el sol mientras navegan ciertos millonarios que buscan el anonimato. Llama la atención el nombre de la casa: La Bombonera...

Si aún quedan ganas de comer alguna cosa, vale la pena pasar por el Restaurante Evo, inaugurado hace poco y ubicado bajo una gigantesca cúpula transparente, a cien metros de altura, en la cima del hotel Hesperia Tower, en una localidad próxima a Barcelona. El comensal gozará de unas vistas espléndidas, tanto del mar como de la montaña. El presupuesto, según advierte con cordial pero contundente elocuencia el servicio de relaciones públicas del restaurante, cabe tenerlo previsto a partir de los ciento treinta y cinco euros por persona, más los extras. Dicen que se come bien.

Queda visto entonces que las vacunas no son tan caras como parece puesto que resulta más caro cenar una sopa de langosta, por ejemplo, que vacunar un niño contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, la hepatitis B, la poliomelitis y la meningitis por Haemophilus. Y si se incluye el precio del vino y de los extras habrá margen de presupuesto para vacunarlo contra la terrible meningitis por meningococo, o contra la sepsis fulminante, de la que pocos se recuperan. No deben quedar los santafesinos excluidos de este planteamiento serio, aunque presentado con ironía. Antes de reclamarle a las autoridades la vacuna Gardasil o cualquier otra, podrían considerar cuánto gastan ciertos funcionarios en asados y extras durante un año, y cuánto vale la prevención de una enfermedad que le cuesta la vida a la mitad de las pacientes. Y las autoridades también que deberían hacer números, a ver qué es más negocio, si invertir en la vacuna contra el cáncer de cuello uterino, por ejemplo, o seguir gastando en cirugía, en quimio y en radioterapia. Que cada uno haga los deberes, pero de una vez por todas que los haga bien, y no se quede nadie con la parte del pastel que no le corresponde.

(*) Médico santafesino radicado en España, dedicado a la pediatría y a la comunicación médica.