Agotador el solo intento de concebir una carta que sintetice tanta pasión desmedida, mi lapicera anuncia chorros de sangre fuera del cauce, caudales rotos, violenta catarata de emociones adversas al sentido utópico que tuvo alguna vez la felicidad ah ah ah ah.
Empecemos por el arte, que es mucho más digno porque la vida puaf se me quedó atragantada como merluza fría en alguna página de la agenda el día que yo nací. Continuemos con la parodia de la creación, que por ahora es el único rol que podemos jugar con un relativo respeto por parte de uno mismo (lo cual no excluye una sonrisa de soslayo, una buena carcajada o un eructo liberador).>
Adoro leer una y otra vez mi nombre en todos tus currículums, de todas tus exposiciones, de todos tus programas y reportajes, me da una bochornosa sensación de seguridad, durante la cual me gobierna esa omnipotencia de atreverse a todo, porque estamos el uno en el otro sin saber muy bien dónde termina cada uno, mezclados nuestros nombres, nuestras imágenes, nuestros amores.>
Estoy absorto por tu belleza. Porque me llega salpicada, corrupta, manoseada, borroneada por la angustia, enmascarada y sola, porque provoca arcadas y derrames en quienes te contemplan, y regalas el verdadero don del descontrol.>
Yo te contesto de hombre a hombre, de cosa a cosa, de máscara a máscara, desde mi vulnerable guardia ginebrina, como si fuéramos dos maniquíes que juegan a crearse el rostro.>
Un ósculo de fuego.>