Señores directores: Quienes predican que el fin justifica los medios conducen a un mundo vacío de valores y proclive a gozar una falsa felicidad, una felicidad que en verdad destruye. Eso provoca que la juventud se muestre insatisfecha y presa de la sensación de carecer de futuro. Lamentablemente éste no será promisorio si justo a esa falta de contenido espiritual se agrega al ocio, los ruidos que aturden y la búsqueda de bienes materiales sin importar cómo lograrlos.
La aceptación con indiferencia de esa realidad hará crecer la intolerancia, distintas formas de violencia y la "picardía" de conseguir poder y riquezas sin esfuerzo y al margen de lo correcto. Cuando la intención es habitar una sociedad equilibrada, equitativa y justa, hay que ser coherente con tal objetivo, porque el futuro se construye a cada momento con las conductas y el accionar cotidiano del conjunto, y para alcanzar esa meta se deben observar actitudes que convaliden tal propósito.>
Los mayores vivimos el presente pero nos importa lo que vendrá, y la juventud, que es a quien le pertenece el futuro, es razonable que se constituyan en el principal artífice de su propio destino.>
Es natural y justo que goce en plenitud de sus derechos, pero en forma correlativa deberá cumplir sus obligaciones y responsabilidades, para así alcanzar el porvenir venturoso a que aspiran. De igual manera aceptar la lógica de que antes de cosechar primero hay que sembrar, y que todo en la vida tiene un costo, no sólo en dinero sino también en esfuerzos y sacrificios. El futuro ambicioso que reclaman y se merecen nadie se lo regalará, y lograrlo requerirá que haga con honestidad su parte para convertirlo en realidad, visto que el aforismo "la lucha por la vida" expresa una verdad verificable.>
No siempre es posible brindarle a los jóvenes beneficios y comodidades, pero sí es factible enseñarles a ganarse su sustento y a alcanzar su lugar en la sociedad, porque así como la pereza es madre de todos los vicios, el trabajo, el esfuerzo y el respeto hacia el otro son virtudes que señalan el camino recto para lograr con dignidad bienestar y felicidad. Viene al caso la anécdota del quejoso que en su plegaria decía: "Señor, el mundo es difícil y lleno de dificultades. �Por qué no haces algo al respecto?". Y Dios en su sabiduría le respondió: "Ya lo hice. Para eso te traje al mundo, para que le aportes soluciones, no para que seas parte del problema". Ése es el punto, porque el tránsito terrenal del hombre debe tener un sentido, y como los caminos de la vida vienen y van, es acertado y tiene más valor recorrerlos tras metas de valía aún cuando exija más esfuerzos, seguros de que los resultados obtenidos compensarán con generosidad esos sacrificios. Compartiendo esta manera de pensar y actuar se promueve un auténtico progreso social, mientras que los que transitan sin metas que den verdadero sentido a su existencia, en su ocaso advertirán en forma tardía que su tiempo existencial transcurrió sin calidad ni sustancia, pero para entonces ya nada tendrá remedio.>
Dr. Tito L. Rocchetti. Ciudad.