Unos 30 monjes budistas presos realizan una huelga de hambre en Birmania
Junta Militar reprime nuevas protestas ante la llegada de enviado de la ONU
El enviado especial de la ONU llegó hoy a Birmania con el objetivo de tratar de solucionar por la vía pacífica el conflicto provocado por la cruenta represión de las manifestaciones populares contra el régimen militar.

EFE-AFP-Télam

La Junta Militar de Birmania reprimió hoy de nuevo con dureza las manifestaciones y conatos de protesta protagonizados en Rangún por miles de birmanos alentados por la llegada al país del enviado especial de las Naciones Unidas, Ibrahim Gambari.

En las calles de Rangún, que amanecieron tomadas por cientos de soldados y con el aspecto de un campo de batalla, sonaron otro día más los disparos efectuados por los soldados cada vez que la gente intentaba organizar una protesta.

Un niño murió y dos hombres resultaron heridos al ser alcanzados por las balas, según indicaron fuentes del hospital de Kyimyidine, en Rangún, a radio Mizzima.

Al menos 16 personas han muerto desde que el pasado miércoles el gobierno militar sacó las tropas a las calles de Rangún y de otras ciudades para reprimir las protestas pacíficas, que, según la versión oficial, arrojan un saldo de 10 víctimas mortales.

Pero diplomáticos y testigos aseguran que la cifra de muertos es mucho mayor, y hablan de cientos de personas abatidas a tiros en el mismo escenario en el que se produjeron las matanzas de 1988, cuando 3.000 activistas democráticos fueron acribillados a balazos.

Después de numerosos conatos de protesta, miles de personas -entre 2.000 y 10.000 según diversas fuentes de la disidencia-, fueron dispersadas hoy con tiros y gases lacrimógenos, después de conseguir marchar juntos unos cientos de metros por la céntrica calle Comercio.

Varios cientos de manifestantes se reagruparon más tarde cerca del mercado de Theingyi, pero de nuevo los cuerpos de seguridad, bastón o rifle en mano, cargaron contra ellos.

Convencimiento

Estas acciones de protesta fueron desbaratadas el mismo día de la llegada a Birmania del enviado especial de las Naciones Unidas, Ibrahim Gambari, con la misión de convencer a la Junta Militar para que ponga fin a la violencia.

A su llegada al aeropuerto de Rangún, Gambari se reunió casi de inmediato con funcionarios de la ONU y, según un comunicado oficial, viajó a continuación a Napydaw, la nueva capital administrativa del país y reducto de la Junta Militar situado a unos 400 kilómetros al norte de Rangún.

Gambari, representante para Birmania del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, no visitaba el país asiático desde noviembre de 2006, debido a que la Junta Militar le denegó el visado.

La incógnita está en si Gambari conseguirá disuadir a la Junta Militar, que es conocida por sus actitudes camaleónicas, a que renuncie a la violencia, ponga en libertad a los detenidos y escuche las demandas de la empobrecida población.

Entretanto, cerca de 30 monjes budistas, de los más de 1.000 detenidos por incitar al pueblo a la movilización, se declararon en huelga de hambre para protestar por la violencia empleada por las fuerzas de seguridad, informaron medios de la disidencia.

Los religiosos fueron detenidos durante la primera ofensiva lanzada por los militares contra los principales monasterios de Rangún y de otras urbes del norte del país, tras imponer el toque de queda y prohibir las reuniones públicas el pasado martes.

Las movilizaciones en favor de la democracia, que comenzaron el 19 de agosto como una protesta contra la subida de los precios de los carburantes, son las más graves que afronta el régimen militar desde 1988.

Birmania está gobernada por los militares desde 1962 y no celebra elecciones parlamentarias desde 1990, cuando el partido oficial perdió estrepitosamente ante la Liga Nacional para la Democracia (LND), que lidera Aung San Suu Kyi, unos comicios cuyos resultados desconocieron los generales.

Pueblos arrasados

Imágenes satelitales muestran pueblos destruidos y traslados forzados en Birmania, indicaron investigadores estadounidenses, mostrando fotos tomadas meses antes de la actual represión contra manifestantes por parte del régimen militar birmano.

Las imágenes de alta definición, tomadas por un satélite a fines de abril y analizadas por la Asociación estadounidense para el avance de la ciencia (AAAS, por su sigla en inglés), muestran zonas de tierra marrón donde aparentemente fueron destruidos poblados.

Ahora el grupo ha apuntado los satélites hacia las principales ciudades de Birmania para intentar captar a través de las nubes las protestas actuales, lideradas por monjes budistas y que han sido duramente reprimidas por las autoridades, con un saldo de más de una decena de muertos y cientos de heridos y detenidos.

En áreas de la minoría Karen, en el este de Birmania, el grupo utilizó tres satélites comerciales para hacer foco en 31 "sitios atacados", dijo el director del proyecto AAAS, Lars Bromley, a la prensa.

En una foto tomada en 2006, un satélite detectó cimientos y marcas de vallas donde dos años antes había un pueblo.

El área fotografiada era el sitio de un presunto ataque militar contra pobladores de la etnia Karen, acusados por el régimen de apoyar a rebeldes armados.

"Hemos visto bastante evidencia de posibles traslados forzados", dijo Bromley, citando imágenes de nuevos poblados en torno a un campo militar, y una visible mayor presencia militar. "Estamos tratando de enviar un mensaje a la Junta Militar de que estamos observando desde el cielo (...) Estamos advirtiéndoles que no continúen" con la violencia, dijo a su vez Aung Din, director de la US Campaign for Burma, con sede en Washington.

"Al infierno"

El máximo líder de los budistas de Hong Kong, Sik Kok Kwong, condenó hoy la represión ejercida en Birmania, asegurando que sus líderes irán "al infierno más profundo" por haber matado a algunos de los monjes que se manifestaron contra el régimen dictatorial birmano. "La orden de disparar a monjes inocentes es como derramar sangre de un Buda para las enseñanzas budistas. Los responsables de esto caerán en el infierno de Avici", aseguró.

El infierno de Avici es según la creencia budista el de mayor sufrimiento y está destinado a aquellos que han cometido los peores crímenes a ojos de Buda, como parricidas o suicidas, quienes según esa religión tienen muy pocas posibilidades de reencarnarse.