"La ovación más importante que yo podría recibir es ir un día caminando por la ciudad y que por la vereda de enfrente pase una persona silbando una de mis canciones -dice Pelusa Cardozo-. Porque lo genuino está en lo anónimo, en el tipo que se acerca a la música sin entender nada".
Este músico santafesino de reconocida trayectoria es casi tan popular en la ciudad como el alfajor o la cerveza. Y esta noche renovará el vínculo con su público cuando toque en vivo las canciones de propia autoría que incluyó en su nuevo disco. Será en el Centro Cultural La Urdimbre (San Jerónimo 2523), a las 23, y para la ocasión estará rodeado de músicos amigos: Peluxa Herrero (bajo), Grillo Cardozo (batería) y Maxi Maglianesi (congas y bongó), que tocará los arreglos grabados en el disco por Fabián Roggiano. En el CD, también Alberto Torres aporta los colores de su acordeón.
Caminador de escenarios, habitante de las madrugadas, creador de los grupos que escribieron la historia del rock de la Setúbal y un renovador de todos los tiempos, Pelusa atraviesa ahora una nueva etapa de la vida y de la música. De la trayectoria, baste sólo mencionar cuando los productores de monstruos del rock argentino como Manal, Vox Dei o Almendra, llegaron a Santa Fe en busca de Dhem, el grupo más exitoso que integró Cardozo en los febriles años del flower power criollo.
Pero después, el rock no le alcanzaba y se lanzó a otras búsquedas musicales. Empezó con la salsa y la trova cubana cuando en Santa Fe todavía nadie se atrevía con esos ritmos. "En el año 77 teníamos un grupo que se llamaba Viceversa, donde asesinábamos temas de jazz y le poníamos ritmos de guaracha y de son, hacíamos una fusión y le llamábamos afro-jazz. Ya en el 85 formé Salsabor... y así un montón de grupos con los que recorrí varios géneros. Yo siempre digo que a mi me salvó la palabra `fusión', cuando los ortodoxos me querían matar", cuenta Cardozo.
Una de las agrupaciones en las que Pelusa cultivó la música de fusión fue el recordado Coyuyo, un grupo que compartía con Humberto Facal y Pepe Díaz. "Desde el año 1973 que vengo haciendo esto y, en ese plano, respeto mucho a gente como el Chango Farías Gómez, que tiene una visión de los géneros muy integradora y que está siempre un poco más adelante que el resto. Es un auténtico visionario".
En su disco "Porque ya soy un hombre", las experiencias que sedimentan hoy en la vida de Cardozo pueden leerse en letras que suenan con ritmos latinoamericanos, como el bossa nova, el candombe y hasta algún tanguito. "Soy nacido y malcriado acá y ésta es mi ciudad, por eso siempre hice música en este lugar. Estoy muy contento de volver a tocar y de compartir mi trabajo con quien tenga ganas de escuchar. Porque mi música es como el vino: el primer trago raspa, pero después uno quiere más", dice Pelusa.
"El arte es un promedio entre la transpiración y la inspiración, y desde allí entiendo yo a la música: desde el trabajo. Creo que muchos son mejores que yo, pero que en cuanto me cuelgo la guitarra y canto, tengo un diálogo importante y fluido con el público. Y en ese momento le estoy dando a la gente lo más caro que tengo: mis sentimientos".