Editorial
Las autocracias modernas evocan la visión de Orwell

La derrota de Chávez en Venezuela empalideció desde el punto de vista informativo la victoria de otro de los grandes autócratas del siglo XXI: Vladimir Putin. En efecto, en las elecciones parlamentarias celebradas en Rusia, el oficialismo se impuso por más del 60 por ciento de los votos, aunque los observadores internacionales denunciaron numerosas irregularidades.

El caso de Rusia es paradigmático respecto de las nuevas versiones de las autocracias fundadas en el voto popular. Esto es así en Occidente, donde las dictaduras totalitarias carecen de asidero histórico, por lo que las versiones autoritarias de dominación política se expresan a través de estos sistemas. Putin y Chávez, cada uno en su propio escenario histórico, son ejemplos ilustrativos.

En recientes declaraciones públicas, el premier ruso no sólo defendió su gestión sino que la presentó como una continuidad del sistema político que gobernó a Rusia desde 1917. Para Putin, entre el comunismo y el sistema que él dirige, en lo fundamental, existe continuidad y esa continuidad está dada por la presencia histórica de la gran nación rusa, la misma que fundara Pedro el Grande, consolidara Stalin y hoy conduce Putin.

Rusia, según la versión de Putin, no perdió la Guerra Fría, sino que le puso punto final, lo cual no vendría a ser exactamente lo mismo. Desde el más crudo relativismo histórico los ideólogos del Kremlin consideran que la URSS fue una respuesta eficaz a las necesidades de Rusia a principios del siglo XX, y lo siguió siendo después de la Segunda Guerra Mundial, porque gracias a ella se pudo derrotar a los nazis.

Los cambios del escenario internacional obligaron a inevitables adaptaciones, pero ellas se hicieron en una línea de continuidad, al punto que, según sus propias expresiones, no fue casualidad que los principales dirigentes del régimen comunista sean hoy los líderes de la Rusia democrática.

Según esta interpretación, la historia de la humanidad es la historia de sus naciones con independencia de los sistemas políticos o los regímenes económicos. A decir verdad, en Rusia, lo que parece signar su historia son los regímenes autocráticos. Entre los zares, los burócratas comunistas y los actuales autócratas rusos, hay diferencias, pero en el marco de una línea de continuidad respecto del ejercicio absoluto del poder.

Se sabe que el poder autocrático suele recurrir al pasado histórico para justificar y embellecer el presente. El poder de Putin se justifica en nombre del "alma rusa" expresada con igual intensidad por Pedro el Grande, Stalin y ahora, él mismo. En Venezuela, la mitología histórica recurre a Bolívar, un Bolívar adecuado a las necesidades de Chávez, al punto que incluso han intentado presentarlo como mestizo a fin de asimilarlo de una manera más directa con el actual gobernante.

Se trata de manipulaciones groseras de la historia con el propósito de legitimar el poder desde el mito. Tal como funcionan estas lógicas, podría decirse que la figura del "Gran Hermano" y su capacidad para acondicionar el pasado según sus intereses, fue apenas una modesta invención de George Orwell en su ya clásico "1984".