Al margen de la crónica
La gran... grandísima estafa

La mujer subió dificultosamente al colectivo, dado que cargaba en sus brazos a un niño que no superaba los tres años; además su bolso y una mochila infantil. Hacía mucho calor ese mediodía en Santa Fe, clima insoportable resultado de la ya conocida humedad de la ciudad y las altas temperaturas. En verdad, lo que sucede en estos pagos desde siempre.

Esperamos 20 minutos el colectivo, tratando de obtener algo de alivio en la sombra que proyectaba un escuálido y penoso arbolito.

Subimos. Yo, con una tarjeta recién comprada de 10 pesos. Marca error: no anda, no marca, no sirve. Seis personas atrás me odian por la demora que genera. Saco la billetera y tengo la suerte de juntar $ 1.30 en monedas. De los seis que tomamos el colectivo, todos con tarjetas, sólo uno pudo usarla.

La señora con el bebé corrió con mala suerte: "error en tarjeta", le informaba la máquina. El bebé hacía movimientos para llegar al piso porque estaba cansado de estar en brazos; la madre intentaba explicarle "acá no, después jugamos", mientras hacía malabares para que los bolsos no se le cayeran. Puso otra tarjeta: otra vez "error". Y llegó a sorprender a todos con una tercera ("la tercera es la vencida", habrá pensado ella, como el resto de los pasajeros que esperaban subir): pero pudo más la fatalidad, y otra vez "error".

- "Va a tener que pagar con monedas, si no, se va a tener que bajar señora", le anunció indiferente el chofer.

- "Tres tarjetas probé, no tengo monedas, no hay monedas en ningún lado", contestó exhausta.

La indignación había estado gestándose en el público de ocasión, testigos de lo que podría ser un fragmento de la vieja película americana Un día de furia.

- "íNo se baje señora, no se baje!", gritó furioso un hombre, desde el fondo.

La historia siguió, discusiones y enojos enconados de por medio, como testimonio de una gran estafa.

íNo andan porque hace calor!... argumentaron los fabricantes. Es un insulto a la buena fe y a la inteligencia humana. Lo más grave es que el responsable de velar por el bien de los ciudadanos en este caso es el Estado municipal, cuya militancia silenciosa bordea una indiscutible complicidad.