El paro agropecuario lleva 15 días y sorprende cada vez más a propios y ajenos. Ningún eslabón de la cadena agroalimentaria, habitantes de localidades remotas ni de grandes centros urbanos pudieron desentenderse del tema. El reclamo del campo llegó incluso a los principales centros comerciales del mundo.
Esta semana los granos corrigieron las bajas del período anterior y recordaron que las materias primas siguen siendo lo más seguro para invertir en medio de tanta incertidumbre financiera. Sin embargo, se sumó un elemento nuevo: el paro del campo argentino está complicando el comercio internacional.
La determinación de los productores de no hacer nuevas ventas, sumada a los cortes de las rutas, paralizó el movimiento de cargas. Cuando comenzó la medida entraban casi 150 mil toneladas por día a los puertos (unos 5.000 camiones) y la mayoría correspondía a maíz y girasol (la cosecha de soja todavía es incipiente).
En cambio, esta semana está terminando sin ningún camión en las playas de los puertos.
El mes pasado mencionábamos que el sector exportador estaba bien abastecido. Esto sigue siendo así. Incluso sin haber hecho compras durante estas dos semanas, los compromisos internos superan las 7,6 millones de toneladas que se registraron hasta el último miércoles.
La dificultad que deben afrontar los exportadores ahora es efectivizar esos compromisos. Sólo se embarcaron algo más de dos millones de toneladas de la campaña 2007/08 y gran parte de los registros pendientes está a punto de superar el plazo de 30 días para el embarque que estableció el Gobierno cuando abrió el registro.
No sólo está en juego el pago de las multas por la demora de los embarques y el mantenimiento de los buques en espera; también peligra la vinculación comercial con los clientes externos.
Los exportadores están alegando la cláusula de "fuerza mayor" para justificar por qué no están pudiendo efectivizar las entregas, y los compradores están desviando los buques a otros destinos.
Es el que más prensa tuvo en los medios internacionales. Es muy poco lo que se embarcó y el principal consumidor mundial de poroto y aceite se está poniendo nervioso. Ya se afectó la entrega de un millón de toneladas de poroto y de cinco barcos de aceite de soja y los importadores chinos debieron reemplazar el origen con mercadería estadounidense, lo que los obligó a pagar un precio mayor por tonelada, además de hacer una ruta más larga.
Además, el malestar manifiesto de los productores argentinos y la incertidumbre de cara a la próxima campaña limita la posibilidad de que el país pueda suplir la escasez de oleaginosas que hay en el mundo. El mercado internacional teme que los balances del año próximo sean más ajustados, lo que le brinda una oportunidad adicional a nuestros socios productivos y una menor para nosotros. Las terminales portuarias ""extrañan" a los camiones en sus playas.
En la plaza internacional toman estos datos como otra señal alcista para los mercados de oleaginosas. Estados Unidos está respondiendo a la demanda inesperada de soja, pero a costa de achicar más los stocks de la campaña. Quedan seis meses para que termine la campaña comercial y comprometió más de 96 por ciento del saldo potencial de ventas. Si Estados Unidos sigue abasteciendo a la demanda internacional, su balance pronto será el más ajustado de los últimos 40 años.
Flavia Rossi