...ve una vaca y llora, y el que se quema con zapallo sopla hasta la leche. El primer discurso de la Presidenta de la Nación provocó una reacción de rechazo generalizado en el campo y en las ciudades del país.
Las paradojas argentinas exhiben un cacerolazo al gobierno con mayor aceptación social e imagen positiva desde la gestión de Alfonsín. Sin embargo, la primera mandataria confunde el mandato popular que le asignaron los votos con la férrea decisión de mantenerse en un lugar cada vez más cercano a la soberbia.
Se desprenden de su discurso dos posibles hipótesis: que cuenta con muy mala información o que, a expensas de saber la verdad, le miente a su pueblo para seguir fomentando la división entre los argentinos. En ambos casos se desnuda una realidad que algunos sospechaban y que los hechos empiezan a confirmar: el mensaje conciliador con el que inauguró su mandato fue sólo una ilusión. El primer discurso estuvo viciado de errores conceptuales que fueron desde las bondades del tipo de cambio, el precio del gasoil, la compra de insumos dolarizados, las obras de infraestructura que todavía se necesitan y la supuesta rentabilidad del sector, hasta la ubicación de la laguna La Picasa.
Después de 16 días e paro, la presidenta descubre que hay pequeños productores. Aunque para ella, son todos golpistas y el paro es de carácter patronal.
Como si todo esto fuera poco, pese al tono forzadamente calmo y sereno, sus palabras connotaron enquistadas convicciones. Las mismas denotan una marcada negación al disenso. El matrimonio Kirchner está convencido que cualquier tipo de oposición encierra el germen de un potencial golpe de estado, cuando en realidad el cambio de opiniones es una regla básica del funcionamiento democrático. Aunque no lo reconozcan, el campo viene solicitando reuniones con el poder desde hace rato, pero nunca es recibido.
Es hora que se plantee la necesidad de volver a contar con un Ministerio de Agricultura, tal como lo hicieron con la Ciencia y la Técnica, herramientas fundamentales para un país como el nuestro.
El gobierno se dice dialoguista, pero no sólo impone medidas de manera unilateral, sino que no tolera una marcha opositora y envía consecutivamente a sus fuerzas de choque a la Plaza de Mayo, de la cual se cree único y exclusivo depositario.
La dirigencia rural espera una propuesta más concreta para levantar definitivamente el paro. El gobierno apura un borrador con nuevas compensaciones, aunque no parece retroceder en las retenciones. Sólo falta esperar si los movimientos autoconvocados acatarán alguna decisión de las entidades que los hagan volver tranquilos a sus campos.