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La amenaza de Moqtada Sadr de un levantamiento contra el gobierno iraquí y "el ocupante" estadounidense abre una nueva fase peligrosa en Irak, cuando Estados Unidos quiere reducir su contingente.
Anoche, este clérigo radical anunció una "guerra abierta" si no cesaban los ataques de las tropas iraquíes y norteamericanas contra sus militantes en Bagdad y el sur del país.
"Lanzo una última advertencia, y doy mi palabra, al gobierno iraquí para que elija el camino de la paz y acabe con la violencia contra su propio pueblo, sino será un gobierno de destrucción", aseguró el líder chiita.
"Si no detiene a las milicias infiltradas en el gobierno, entonces declararemos una guerra hasta la liberación", agregó el clérigo, cuya milicia, el Ejército del Mahdi, es la más poderosa de Irak al contar con unos 60.000 hombres.
Sadr declaró un alto el fuego en agosto de 2007 que supuso una calma relativa en el país durante el segundo semestre del pasado año, pero la campaña lanzada por el gobierno en Basora supuso un nuevo rebrote de la violencia.
El final de la tregua supondría la reaparición de las acciones contra el ejército iraquí y el contingente norteamericano por parte de la milicia más fuerte de Irak, luego de que Estados Unidos anunciara una reducción de sus tropas antes de julio.
El presidente norteamericano, George W. Bush, dio la orden de repliegue de unos 20.000 soldados en las próximas semanas, reduciendo el contingente a 140.000 efectivos.
En 2004, los combates entre las tropas norteamericanas y los milicianos sadristas en varias ciudades iraquíes, como Kerbala y Nayaf, demostraron que esta milicia no podía enfrentarse al ejército de Estados Unidos.
Pero el joven líder, heredero de una familia religiosa respetada, consiguió una imagen de emisario del nacionalismo iraquí, con raíces en el carácter árabe del chiísmo.
El movimiento sadrista participó en el sistema político constitucional. Tras las elecciones de 2005, su bloque parlamentario se convirtió en el más fuerte y formó parte de la mayoría gubernamental.
Cuando el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, formó su gabinete en 2006, los sadristas obtuvieron seis cargos. "Sin nuestro apoyo, este gobierno nunca hubiera podido formarse", recordó Moqtada Sadr.
Pero desde entonces divergencias fundamentales entre las formaciones políticas salieron a la luz y las relaciones fueron empeorando. A finales de marzo, Maliki lanzó sus tropas contra los que él llamaba "elementos criminales" en Basora, pero el Ejército del Mahdi, dirigido por Moqtada Sadr, se sintió amenazado.
Numerosos enfrentamientos en todo el país causaron centenas de víctimas, hasta que el líder radical chiita dio la orden a sus milicianos de volver a sus hogares.
La violencia reaparece mientras se preparan en Irak elecciones regionales en octubre, que darán paso a las formaciones políticas que gobernarán las 18 provincias del país.
Para los grupos chiitas, una zona de enfrentamiento muy importante es la que está constituida por las nueve provincias al sur de Bagdad, pulmón económico iraquí, con la región petrolera de Basora y los puertos comerciales del Golfo. En el área también se encuentran las ciudades santas de Kerbala y Nayaf.
Allí chocan dos ideologías: el populismo socialista del movimiento sadrista y el tradicionalismo liberal, defendido por el Consejo Supremo Islámico de Irak de Abdel Aziz Hakim, aliado privilegiado de Maliki.
Paralelamente, el ejército estadounidense comenzó la construcción de un muro en Sadr City, al este de Bagdad.
El comando estadounidense aseguró que esta obra de cemento de varios metros de alto debe prevenir los disparos de cohetes hacia el resto de la capital iraquí, en especial la Zona Verde, un enclave fortificado que alberga la sede del gobierno iraquí y la embajada de Estados Unidos.
El portavoz del movimiento sadrista en Nayaf, Salah al-Ubeidi, denunció sin embargo que el muro "creará nuevos problemas para los habitantes de Sadr City y los aislará".
En Basora, las fuerzas iraquíes tomaron el control de un bastión del Ejército del Mahdi, según el general Abdel Karim Jalaf, portavoz del Ministerio de Interior.
"Pido al gobierno que exija al ocupante un calendario de retirada en el plazo más breve posible", añadió Moqtada Sadr, en un comunicado dirigido a sus "queridos y fieles muyaidines".
El clérigo denunció: "Me acusan de estar en las manos de Irán, pero yo pertenezco a Irak. Pertenezco a la voluntad de mi pueblo".
El embajador iraní en Irak, Hassan Kazemi Qomi, condenó el uso de la fuerza de los estadounidenses en Sadr City.
Los sadristas sospechan que el gobierno de Maliki quiere debilitar al movimiento, incluso eliminarlo, antes de las elecciones cruciales de octubre.
Visita sorpresa
La secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice, llegó hoy en una visita sorpresa a Bagdad, donde se reunió de inmediato con el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, según informó la cadena de televisión Al Iraqiya.
Está previsto que tras esta reunión, de la que no han trascendido detalles, Rice se entreviste también con los principales dirigentes políticos, en una visita, que, según fuentes oficiales iraquíes, tiene el objetivo de reforzar al gobierno de Maliki.
Nada que negociar
El gobierno iraquí dijo hoy que "no hay nada que negociar" con el clérigo chiita Moqtada Sadr. "El gobierno tiene como objetivo a los criminales y no a una facción particular", aseguró el portavoz gubernamental, Ali al Dabagh.
"No tenemos negociaciones ni contactos directos con el movimiento de Sadr porque no hay nada que negociar con ellos, pero tampoco tenemos problemas con las facciones políticas", explicó Dabagh.
El portavoz reiteró el llamamiento a que el Ejército del Mahdi entregue las armas, porque "el Estado no puede soportar la existencia de dos ejércitos".
AFP-EFE-Télam