Opinión: OPIN-02
Apuntes de política provincial
Conceptualmente correcto, pero sin espacio político
Por Teresa Pandolfo

¿Tuvo algún eco en el gobierno nacional, el documento que Hermes Binner envió a Cristina Fernández respecto del sector agropecuario? Los anuncios del viernes por la noche y el silencio de la Casa Rosada pronostican que no.

Y esta conclusión surge de su simple lectura. Conceptualmente, se contrapone con el modelo de gobierno impuesto desde el mandato de Néstor Kirchner y que continúa su esposa.

La contradicción entre la propuesta y lo que sucede aparece ya en el primer párrafo, cuando se habla de "políticas públicas de construcción colectiva para la acción de gobierno".

¿Hay construcción colectiva con un Congreso convertido en una institución prácticamente en desuso, y que se lo recuerda sólo para tratar proyectos del Poder Ejecutivo a libro cerrado?

¿Aceptará el gobierno nacional ir reemplazando las retenciones -que no son coparticipables, ya que son impuestos a las exportaciones que forman parte de las rentas de la Nación- por tributos que se distribuyan entre provincias y municipios?

¿Se aceptará modificar el Consejo Federal Agropecuario, de manera que por ley se amplíe para la participación de distintas entidades, como ámbito de discusión de las políticas integrales para el sector, con carácter vinculante?

Pero, ¿por qué abrir la participación, cuando desde una mesa chica de dos o tres y algún ejecutor incondicional se pueden imponer las cosas?

¿Qué es eso de que las provincias necesiten recursos para hacer obras que mejoren su calidad de vida, incluyendo aquéllas potencialmente más ricas, si lo que se quiere es un Tesoro fuerte que financie el gasto público sin control?

La otra mirada

El documento de Santa Fe compila propuestas no todas originales de la administración Binner. Muchas de ellas forman parte del pensamiento de equipos técnicos del propio Ministerio de la Producción y de las entidades, pero el valor ha sido volcarlas en un documento nacido con la intención de abrir un camino entre el fango del conflicto del gobierno con el campo.

Obviamente que frente a un punto de inflexión tan profundo como el producido a raíz de la protesta rural, hay una cuestión de tiempos. Primero, encontrar las medidas que serenen los ánimos y recreen confianza. Y luego, pero sin demoras, comenzar con aquellas que permitan plantear una política agropecuaria para el país, de largo plazo y sustentable.

Nadie propone, entonces, que los diez puntos puedan ser resueltos de la noche a la mañana, y al mismo tiempo aplicados. Solamente puede pensar así, alguien que no haya vivido la profundidad de este movimiento, generado a partir de la protesta del campo, pero que lo excede. Un movimiento que no busca derrocar gobierno alguno sino recuperar las bases de nuestra institucionalidad, por ejemplo el rol de las provincias como partícipes de la Nación y el retorno de los recursos a ellas con un carácter solidario. Pero, fundamentalmente, tomar en cuenta la visión y el sentir de un interior que desea crecer con más previsibilidad.

Todo esto contrasta -como se ha dicho- tanto con la visión del hombre de campo que expresa el matrimonio Kirchner como con su modelo de concentración de poder y de gestión.

El documento de Binner, en escenarios como el descripto, no tiene espacio político. En países con instituciones firmes y consecuentes, con principios plasmados en una Constitución como la nuestra, sería el lógico camino a seguir. Las democracias también se transforman y requieren de una mayor participación.

Desde luego, la propuesta de Santa Fe toma un punto de partida totalmente distinto a la forma de resolver los hechos que exhibe el gobierno de la Nación. Más que tibias han sido las voces de los gobernadores de provincias con economía similares a la nuestra, a lo que se suma el silencio de una gran mayoría de dirigentes. Muy pocos se han animado a decirle a la señora presidenta que estaba equivocada conceptualmente y que sus expresiones herían la sensibilidad del interior. Y menos aun, políticamente, hacerlo con su marido. "Hoy `el campo' es algo muy distinto del que conocimos décadas atrás. El panorama comenzó a modificarse en los últimos 20 años y se aceleró a partir del nuevo siglo. Hoy `lo primario' se retroalimenta en complejidad y dinamismo científico, tecnológico y productivo con la industria y los servicios", expresa el documento. Simultáneamente, desde la Casa Rosada se sigue hablando de "oligarquía ganadera" o utilizando expresiones parecidas, que en nada responden a la actual realidad del sector tecnológicamente calificado.

Mientras tanto, las medidas anunciadas el viernes por la noche confirmaron los primitivos anuncios de la Casa Rosada, en medio de las negociaciones sectoriales que se iban concretando y, en el territorio, permanece la insatisfacción y el estado de asamblea.

Que la disconformidad está presente es un hecho y está bien que se la exprese dentro de los límites que la propia convivencia democrática admite, pero sin que la asamblea reemplace los canales institucionales. A éstos hay que fortalecer. Por eso, tampoco la indisciplina sectorial frente a su propia dirigencia es un hecho conducente.

En un tiempo donde se vive "un mundo del revés", como lo hemos ya expresado, más que nunca se deben pensar cautelosamente los pasos a seguir, y las palabras a utilizar desde la tribuna. Sería deseable que lo tomaran en cuenta todos los actores que participan del conflicto.

Volviendo al principio, el documento de Santa Fe no tiene espacio político tal como están ahora planteadas las cosas, pero sí es un aporte a la construcción de una salida y un llamado a la prudencia.