Luis Rodrigo
Por ahora se transita en medio de una nube de polvo, adivinando campos marrones, y un suelo yermo, convertido en una cáscara dura que alguna vez alojó aguadas. Es incesante el tránsito de maquinaria vial y camiones volcadores cargados con mezcla de hormigón, de tierra o piezas de cemento armado para los puentes.
Cuando la obra vial esté terminada se unirán el centro con Recreo en cuestión de minutos. Blas Parera podrá ser por fin una avenida netamente urbana (sin pesados acoplados, ni los guardarraíles de una ruta, la 11). Se terminará por fin de consolidar el borde oeste que separa a la ciudad del valle de inundaciones del río Salado. Con la autovía lista (que será completamente iluminada) los santafesinos podrán ver el terraplén que cerró el anillo de defensas demasiado tarde, hace tres años.
Esta mañana, el gobernador Hermes Binner, el intendente municipal Mario Barletta, el ministro de Obras Públicas Hugo Storero y el titular de Vialidad Jorge Placenzotti fueron a la obra, y con ellos un convoy de móviles de los medios locales, que a duras penas pudieron seguir a la camioneta que trasladaba -a toda velocidad- a las autoridades.
Como las declaraciones quedaron para la vuelta, los periodistas no tuvieron más remedio que recorrer los 22 kilómetros del tercer tramo de la Circunvalación Oeste, que vuelven a tener la actividad que corresponde a una obra cuya inversión es de 78,9 millones de pesos.
La estrella de la obra es una máquina que tiene automatizados casi todos los procesos para construir la calzada de pavimento de hormigón, por la que podrán circular -de sur a norte y de a dos- los vehículos.
De ella hablan sus obreros con un orgullo que llama la atención. Necesita a sólo diez de ellos para hacer todas sus tareas, aunque bien resume el arquitecto Storero: "Finalmente alguien tiene que hace el alisado con la cuchara", porque aún son humanas esas tareas.
El monstruo avanza a un metro por minuto, dejando tras de sí una superficie casi lista para convertirse en una ruta. Consume toneladas de cemento, arena, agua y piedras que se le provee con camiones volcadores que parten a cada instante de una planta
hormigonera ubicada a mitad de camino de ambos extremos: entre la unión de la calle Gorostiaga y la circunvalación existente (los uno y dos) con el enlace a la Ruta Nacional Nº11.
Lo más sorprendente del aparato es que una computadora lee los niveles del terreno siguiendo unas cruces de hierro (de alrededor de medio metro) que le marcan el camino (ya preparado con una base de suelo-cemento). No tiene volante. Nadie conduce a la pavimentadora Gomaco 2800 de última generación que sigue las cruces puestas por los ingenieros. Un técnico se encarga de verificar que la lectura de la traza sea la correcta. El aparato tiene 4 orugas que se apoderan del material cementicio y un encofrado deslizante, lo que permite una pavimentación con texturizado de superficie y curado.
Otra curiosidad: la fábrica rodante deglute nervios de hierro para embutirlos en el hormigón armado, los deja en su lugar mientras los cubre con la mezcla. No necesita cuadrillas de trabajadores que corten y aten las varillas, retorciendo alambres con una pinza.
Según una completa carpeta con datos técnicos suministrada por la cartera a su cargo, 120 operarios, la mayoría de Santa Fe trabajan en todo el emprendimiento que se espera esté terminado en "el primer semestre de 2009".
El Estado santafesino firmó el contrato en marcha, en diciembre de 2005, durante la gestión de Jorge Obeid. Fue tras una extensa polémica con Apyme, que se opuso a que se extendiera la obra de defensas por entonces en ejecución, la que había sido licitada por el gobierno que le antecedió, el de Carlos Reutemann. Los funcionarios del hoy senador nacional convocaron a las empresas a hacer una obra básicamente vial, que luego se reveló hidráulica: los cambios en el proyecto fueron impuestos por las lecciones que dejó la inundación.
La historia del tramo tres es larga y comienza mucho antes de abril de 2003, cuando trágicamente se comprobó que Santa Fe había inaugurado una obra de defensas que no estaba cerrada: un anillo abierto, con las consecuencias conocidas.
Ahora el gobierno hace cumplir aquel contrato, que pronto cumplirá tres años, con las actualizaciones previstas por éste, que corresponden al aumento del índice de la construcción (según el devaluado Indec).
La Unión Transitoria de Empresas formada por Supercemento Saic, JCR SA, Obring SA y Rovella Carranza ha presentado reclamos para la actualización de los costos y paralizó los trabajos, hace tres semanas. Hubo asambleas de trabajadores y en cuestión de días la UTE debió aceptar la intimación que le hizo el ministerio de Obras Públicas y reanudar los trabajos.