Opinión: OPIN-04
Al margen de la crónica
Cuando expropiar trunca sueños

Ésta es la historia de Marta y Jorge, un matrimonio que lleva más de 20 años de unión conyugal y desde entonces conserva el mismo sueño: tener su casa propia y desligarse del alquiler mensual que, en cada renovación de contrato, se incrementa desmedidamente. Para lograrlo, supieron siempre que iban a tener que postergar las vacaciones en Mar del Plata, como acostumbraban hacer de solteros y acompañados de sus respectivos padres, y privarse de la compra de artefactos para el confort del hogar.

El deseo de tener un techo propio siempre fue el principal objetivo de este matrimonio. Y un día, después de veinte años de ahorros y resignaciones, consiguieron juntar la suma de dinero necesaria para dar el primer paso: comprar el lote donde, tras otros años de sacrificios, edificarían su casa.

Un terreno de 9 por 30 metros fue el que adquirieron en la esquina de Risso y 1º de Mayo y que escrituraron el 21 de enero de este año. Aquel día, un humilde encuentro familiar selló con un brindis la felicidad de la pareja y significó el inicio de la segunda etapa: juntar dinero para levantar las paredes.

Pero el 5 de mayo de este año la inmensa alegría que aún perduraba en los rostros de esta familia se transformó en tristeza. Ocurrió que una ley provincial Äla Nº 12.859Ä determinó la expropiación del terreno adquirido por el matrimonio, y de 21 lotes más, para ser afectado "a espacios verdes de dominio público de la Municipalidad de Santa Fe".

Cabe señalar que el terreno en cuestión siempre fue una propiedad privada cuyo dueño, muchísimos años atrás, permitió que el municipio colocara unos juegos para el disfrute de los chicos y que hasta se la identificara como la plaza Pucará. Sin embargo, tal gesto lo llevó a iniciarle un juicio a la Municipalidad, del cual salió favorecido puesto que la Justicia ordenó "la restitución del bien ilegítimamente poseído por el municipio" a su dueño. Pero el fallo, anterior a la división del terreno en lotes, a la venta y escrituración de los mismos, evidentemente no alcanzó, en realidad no lo hicieron alcanzar, para dejar de lado los intereses políticos. Ocurrió que para mantener contento a un grupo de vecinos con la existencia de una plaza, que por cierto está descuidada hace años, se aprobó la ley de expropiación que terminó perjudicando a los diez legítimos propietarios y truncándoles un sueño.