Cultura: CULT-01
Entrevistas abiertas
Memorias del Teatro Independiente Santafesino
Protagonistas. Los pioneros del teatro santafesino, en diálogo con el público. Mayor presencia de jóvenes, para escuchar las voces de la experiencia.  %sFotos: FLAVIO RAINA Y LUIS CETRARO.

El 25 y 26 de agosto, el Foro Cultural de la Universidad Nacional del Litoral fue el escenario para que pioneros del teatro independiente santafesino tuvieran la oportunidad de contar cómo surgió aquel movimiento y las experiencias y anécdotas de una época gloriosa.Cuarenta años después, aquellos jóvenes rebeldes y transgresores que dejaron su vida en los escenarios de la ciudad, volvieron a reunirse para hablar una vez más de la pasión que signó sus vidas.

Entre 1950 y 1968, Santa Fe vivió un apogeo cultural único. Los jóvenes de la época vinculados con el teatro e influenciados por los movimientos hippies, el existencialismo, el pensamiento liberal, las literaturas vanguardistas y el teatro francés, impusieron una forma transgresora de comunicarse con el espectador, despertando el espíritu dormido de la sociedad santafesina. Fueron los inicios de lo que se llamó el Teatro Independiente Santafesino, que entre sus principales filas contaba con hombres y mujeres destacados como José María Paolantonio, Carlos Catania, Roberto Conte, Carlos Thiel, Oscar Degregori, Elisa Fernández Navarro, Carlos Pais, María Iacobi, Rubén Rodríguez Aragón, Graciela Martínez y Fernando Silvar. Todos ellos gestores de este movimiento cultural, con un rico pasado y un presente todavía vinculado, 40 años después, a una misma pasión por el teatro.

La cita fue el 25 y 26 de agosto en la sala Maggi del Foro Cultural Universitario, donde durante dos tardes los hacedores del Teatro Independiente participaron de un reportaje abierto conducido por el "patriarca de la crítica teatral", Jorge Reynoso Aldao, y el periodista Félix Canale, con el objetivo de no dejar caer en el olvido la experiencia artística de la época y rendirles un merecido homenaje.

"La idea de este inventario es brindar un ámbito de encuentros, diálogos y emotividad, permitiendo un espacio de expresión que es signo de crecimiento", destacó Roberto Schneider, presidente del Círculo de las Artes Escénicas de la Argentina, Critea, para dar la bienvenida a los participantes del encuentro.

Los inicios teatrales

Con la idea de conciliar una perspectiva histórica, política, cultural y económica, dentro de la cual se produce el fenómeno del Teatro Independiente en Santa Fe, Reynoso Aldao y Canale propusieron centrar el debate entre los años 1950 y 1968, época de una efervescencia cultural sin precedentes. Dueños de una lucidez y agudeza destacables condujeron las conversaciones a manera de entrevistas radiales con los protagonistas.

Los hacedores del Teatro Independiente fueron jóvenes rebeldes que buscaron romper con los moldes preestablecidos de la época: "Se jactaban de ser los primeros que se sentaron en el cordón de la vereda y usaron barba, muchachos de una particular valentía", inició la presentación Canale a lo que Reynoso Aldao agregó: "A esta generación la clasifico como creativa, porque los muchachos y chicas del Teatro Independiente llenaban las salas de conciertos, de exposiciones y de todos los eventos culturales. Se esforzaron y apostaron su vida al teatro, eran personas que tenían sus ideales, que apostaron al futuro, y que realmente hicieron mucho por la cultura de Santa Fe".

El paradigma del movimiento fue sin dudas José María Paolantonio, quien marcó los primeros pasos en el grupo Teatro de Arte, junto al reconocido poeta Miguel Brascó. "Nosotros empezamos en el teatro secundario del Colegio Nacional, haciendo "Amores y amoríos'. Miguel, que era celador del colegio y amigo mío, me invitó a integrar Teatro de Arte que acababa de crearse en la Universidad Nacional del Litoral. Me propuso codirigir con él, haciendo gala de una actitud generosa y abierta, al ser ya un importante poeta en Santa Fe", recordó Paolantonio al hablar de los inicios.

También se destacó la incursión en el teatro por parte de muchos casi por casualidad y sin seguir un camino intelectual previo. Carlos Pais se recordó como un tanguero hombre de barrio, que un día lo invitaron a leer una obra de teatro y de la cual no entendió nada, pero de todas maneras dijo que era interesante. "Ellos eran todos intelectuales, existencialistas; yo los veía como tipos raros, así y todo me quedé en Teatro de Arte", rememoró. María "Chiquita" Iacobi también se incorporó casi por casualidad: "Yo tenía 15 años y leía Corin Tellado y fotonovelas, pero en un baile de carnaval me enamoré de un director de teatro y así comencé". Por su parte, Roberto Conte tuvo su primer vínculo teatral, persiguiendo a una muchacha muy linda que lo impactó y que se estaba anotando en un grupo de teatro.

Efervescencia cultural y contracultura

En 1968, Santa Fe tenía 240 mil habitantes y la desocupación era prácticamente inexistente. De esa población el 21 % eran estudiantes, la mitad eran primarios y secundarios, y el resto estudiantes universitarios, por lo que había en ese momento más de 20 mil potenciales espectadores de cultura. Era una época en que la gente hacía colas para ir a los teatros y se hacían por lo menos tres funciones por fin de semana.

Había un clima de efervescencia cultural muy convocante y un destacado apoyo del gobierno provincial a través del gobernador Sylvestre Begnis, la figura de Paolantonio en la Secretaria de Cultura de la Municipalidad y Marta Samatán en el área de Extensión Universitaria de la UNL. "En esa época los gobiernos nos ayudaron mucho, tenían una comprensión muy importante de lo que era el valor de la cultura", señaló en este sentido Catania. "Los que estábamos en la función pública como Paco Urondo, Marta Samatán o yo, cuando no teníamos plata nos juntábamos y poníamos la mitad del dinero. Recuerdo que la Municipalidad, la Provincia y la UNL pusimos entre todos y convocamos a Oscar Fessler para dar una conferencia", agregó Paolantonio.

"Nos dábamos el lujo de ser transgresores, de no seguir los cánones que nos imponía el medio, romper con eso e incorporar nuevos elementos", contó Degregori, al rememorar esos chicos llenos de sueños y utopías, mientras Catania adhirió: "Queríamos salvar al mundo con el teatro". Pero este movimiento no sólo aspiraba a modificar la percepción del público, tanto por las propuestas estéticas como por las ideologías que estas propuestas contenían. "Y ahí surgió el compromiso ideológico de tener presente qué querer decir. Incluso en los momentos más duros de las represiones, fuimos más contestatarios que nunca. Transgredir esas cosas que nos imponían era una sana actitud", remarcó Thiel.

Grupos teatrales e influencia

El teatro independiente de aquellos años no se limitaba a un solo grupo sino que era el reflejo de un entorno mucho más amplio en el que interactuaban varios talleres con criterios estéticos o ideológicos diferentes, pero que expresaban diversidad de alternativas locales. Entre ellos Teatro Cincel y Teatro los 21.

La revista literaria Punto y Aparte, de 1957, anoticiaba: "Se dividió Cincel Taller de Teatro y el grupo de los disidentes fundó Teatro los 21". Sin embargo no fue una ruptura contundente.

La obtención de una sala propia, por parte del grupo Teatro de Arte en San Martín 2222, fue todo un logro, y además generó un acercamiento con los otros grupos teatrales, a los cuales se les prestaba la sala. "Llevábamos 10 años de actividad con Teatro de Arte, pero tuvimos que dejar la Casa del Maestro donde actuábamos; entonces planteamos si se podía vivir del teatro o no. Pensamos, si no le entregamos la vida completa al teatro no podemos pretender vivir de él, y ahí se abrió la primera cooperativa "profesional', con la cual hicimos la primera sala", contó Thiel y evocando a Roberto Arlt dijo: "Cuando se es joven, se debe ser joven hasta el final. El futuro será nuestro por prepotencia de trabajo, decía Arlt, y tomamos esas palabras como consigna".

La presencia del maestro Oscar Fessler en la ciudad influyó notablemente en estos grupos independientes, marcando un antes y un después en la calidad del teatro santafesino. "Antes de Fessler creíamos que el teatro era un oficio de loro. Cuando el actor cree en lo que hace, lo cree el público", afirmó Catania, y Graciela Martínez resaltó: "El maestro Fessler nos enseñó el goce de la creación cuando uno interpreta un personaje, el gozar que se transmite sin dudas al público".

Rápidamente estos jóvenes actores aprehendieron una nueva manera de acercarse al espectador y de hacer teatro. En esta línea, Degregori resaltó: "El actor se convirtió en un atleta del sentimiento. Primero le llega el entusiasmo por salir de su círculo de parálisis y salir a la acción, provocando a su vez el entusiasmo del otro". En este camino teatral, Iacobi reconoció un crecimiento: "Me hicieron entender y sentir que lo que estaba diciendo en las palabras del actor no quedaba del escenario para atrás, sino que el mensaje era del escenario para afuera".

Las claves fundamentales eran tener en claro qué se quería decir con la obra: "Qué quería decir el autor y qué queríamos decir nosotros al hacerlo, a veces se cambiaba, a veces se modificaba, a veces se respetaba, pero ese querer decir mostraba una decisión independiente de voluntades de hacer lo que creíamos que busca el teatro y el actor, que es identificarse con el público, dejarle una reflexión, una propuesta para pensar de otra manera", opinó Thiel.

Para los más jóvenes

"Queremos plantear una actitud, pero no un destino. Cada época se hace cargo de sus propios problemas, no queremos que se apliquen hoy métodos que serían caducos", afirmó Paolantonio al dirigirse a los más jóvenes. "No queremos que piensen que somos todos genios, porque me parece que nos autoelogiamos demasiado. Hacíamos lo que nos gustaba y punto, no éramos Bertolt Bretch o Bergman caminando por calle San Martín", dijo entre risas Carlos Pais.

"Creo que hay que tomar partido por una definición ideológica -expresó Thiel-. Hoy le pongo énfasis a la docencia para poder transmitir a la gente joven estos conceptos esenciales, para que no se dejen influenciar ni corromper por los Sofovich y los Tinelli".

Paolantonio quiso cerrar la charla con un mensaje a las nuevas generaciones, que sin dudas, también marcó su accionar de juventud: "Se trata de una búsqueda movilizada por la insatisfacción, porque el que está satisfecho no busca más". Por su parte, Carlos Thiel concluyó categórico: "Los dinosaurios que estamos acá nos resistimos a ser petróleo y a ser producto de la investigación de los arqueólogos, por eso tenemos que tener cuidado de no ser memoriosos quietos, sino investigadores inquietos para seguir siendo jóvenes".