Opinión: OPIN-01 Se ahonda la crisis financiera mundial

La bancarrota de la empresa Lehman Brothers demuestra que la crisis financiera, cuyo centro es Wall Street, es profunda y está muy lejos de ser una cuestión coyuntural. Hace una semana se informó sobre la quiebra de Freddi Mac y Fannie Mae y es muy probable que en los próximos días las empresas AIG, Merrill Lynch y Goldman Sachs, entre otras, atraviesen por situaciones comprometidas.

Lo que más llama la atención con Lehman Brothers es que fue una financiera que se distinguió por su prudencia. Tiene 158 años de existencia y sobrevivió a la Guerra de Secesión y a las dos guerras mundiales. Además fue una de las pocas empresas financieras que capearon el temporal de 1929. Sin embargo, ninguno de estos ilustres antecedentes le ha impedido endeudarse en 370.000 millones de dólares.

Cuando en el centro del poder financiero estallan estas burbujas, el primer reflejo de los economistas es compararlas con otras experiencias similares con el objeto de buscar explicaciones. En este sentido, la referencia inmediata fue la crisis del 19 de octubre de 1987, cuando las acciones de Wall Street cayeron el 22 por ciento en un solo día. En aquellos momentos se dijo que esa crisis era la más grave de la historia. En verdad fue grave, pero el sistema financiero disponía por entonces de los instrumentos de control y regulación necesarios para paliar sus efectos.

La resolución de aquella crisis permite hoy cierto optimismo, pero habrá que seguir con atención los próximos acontecimientos, porque el temido efecto dominó se visualiza cada vez más nítido y es del tipo de proceso que se sabe cuando comienza, pero no cuando concluye.

Las miradas de los economistas e historiadores se dirigen hacia la crisis de 1929 en Wall Street, considerada la más devastadora del siglo veinte y cuyos efectos se prolongaron durante bastante tiempo. Está claro que entonces no existían los mecanismos institucionales de control que hay ahora y por lo tanto es de prever que la intervención del Estado permitirá en un plazo mediato volver las cosas a su cauce.

Sin embargo, en estos temas nunca está dicha la última palabra y en el mundo de las finanzas el optimismo es sólo un buen punto de partida. En las actuales condiciones de la economía globalizada, con los problemas planteados en los Estados Unidos y su rebote en Europa, no es prudente suponer que todo lo arreglará "la mano invisible del mercado".

Se sabe que la actual crisis se originó en la adquisición de títulos vinculados con el mercado hipotecario cuando los clientes ya no podían seguir honrando sus obligaciones. A América Latina la crisis no la encuentra en la mejor situación. La caída de los precios del petróleo crudo crea una situación muy complicada para Venezuela y algo parecido puede vivir la Argentina con los precios en baja de los commodities agrícolas.

La constante en estas crisis financieras son los excesos de los operadores entusiasmados con las ganancias fáciles. Cambian los escenarios, cambian las condiciones históricas, pero esta pulsión productora de burbujas económicas pareciera mantenerse intacta. Contra ella, las advertencias fundadas en el buen sentido pueden hacer muy poco.