Pese a la virtual privatización que hizo el municipio santafesino en favor del Poder Legislativo de la Plaza Italia, que impide el ingreso de vehículos de vecinos, ciudadanos que quieran hacer trámites ante las Cámaras y hasta de los propios empleados, no han podido impedir el uso de la explanada como lugar de exteriorización de protestas o de movilizaciones sobre determinados temas.
Una discreta guardia policial permanece en la puerta principal los miércoles y jueves a la espera de manifestaciones y, ante la menor sospecha de que se intente ingresar al Palacio, las puertas son cerradas. Es cierto que este año hubo una mala experiencia con una movilización que, exigiendo seguridad ante los homicidios no esclarecidos en la ciudad, terminó en el centro del recinto del Senado y estuvo a punto de provocar destrozos.
El último jueves, la plaza congregó a cuatro distintos acontecimientos. Por un lado, como hace ya más de cuatro jueves, un grupo de deudores hipotecarios se expresa con coloridos carteles, pancartas y bombas de estruendo, exigiendo prorrogar una norma que los proteja del remate de la vivienda única. La solución fue ensayada en forma precaria durante el 2002, se fue prorrogando año a año y es una postal de octubre y noviembre el reclamo. En la plaza también se encontraban vecinos de barrios Fonavi aguardando pacientemente el inicio de la sesión de Diputados donde se iba a considerar un proyecto de ley para permitir la escrituración de esas viviendas.
Se sumaba el colorido de chicos de escuelas de Santa Rosa de Lima y de Santa Clara de Buena Vista que iban a apoyar a compañeros que habían ganado un concurso historiográfico.
Mientras los tres grupos acampaban por diferentes motivos en la Plaza, sorprendió a todos el ingreso a la explanada de un cortejo fúnebre que despedía los restos de un ex legislador. El paso del cortejo provocó un largo silencio en la ruidosa plaza.