Falta de personalidad
Dr. Alberto Niel.
Ciudad.
Señores directores: Revisando viejos papeles me reencontré con algo que escribiera en 1995, cuyos comentarios me parecen tan de actualidad como para repetirlos ahora, ya que nada ha cambiado.
La imitación puntual y servil de una moda, que no es otra cosa que un engendro de los beneficiarios directos de una sociedad de consumo evidencia una falta de personalidad, de carácter, de sentido común y -por supuesto- de sentido estético.
Todo individuo que no carezca de estos atributos no se deja arrear como ganado por lo que se le ocurra a cualquier especialista en ventas; y de lo que se use que esté “en onda”, incorporará lo necesario, lo que seleccione como mejor o más adecuado a su físico, a su tipo, a su edad y sexo en base al bien gusto, al precio, duración o practicidad. La publicidad, especialmente la televisiva, es palabra divina para mucha gente, que acepta de manera axiomática lo que le muestran hermosas niñas opulentas y livianas de ropa que, exagerando acrobáticamente sus curvas agresivas, la convencen de la necesidad de comprar lo que no necesita, en aparentes cómodas cuotas mensuales, a pagar hasta el fin de sus días.
En Santa Fe -quien más quien menos- todo el mundo está endeudado, haciendo equilibrios para que le alcance el sueldo mensual de empleado público; pero tienen y ostentan un automóvil (cuyo precio, seguro y ulterior mantenimiento le salen más caro que una amante francesa), computadora, heladera, radio con chiches diversos, televisor, teléfono celular, etc., todos de último modelo y periódicamente renovables porque duran poco. Se los ve desfilar estresados, con el ceño fruncido, ensimismados, buscando la solución milagrosa de sus múltiples problemas originados por ellos mismos, al borde del colapso, consultando al psicólogo y tomando tranquilizantes. Y estos integrantes de la fauna humana contemporánea fabrican hijos que crecen suponiendo que esta manera de vivir es la normal y apetecible. ¡Pobrecitos!




