Al margen de la crónica

Inesperado regalo de Navidad

Y justamente por lo sorpresivo, es doblemente grato. Se trata ni más ni menos que el anuncio del inicio del proyecto de rescate del edificio de la ex Estación Belgrano que decidió encarar el intendente Mario Barletta.

El gobierno municipal, respetó los tiempos del acuerdo firmado en 2006 y luego esperó el cumplimiento del compromiso que debía ser firmado por la presidenta, ya que la empresa Cencosud había ganado una licitación previa que la habilitaba a restaurar y explotar el predio que, además de ser de jurisdicción nacional, es patrimonio urbano.

Quien haya tenido la suerte de viajar a cualquier lugar del mundo, el llamado casco histórico de las ciudades, es el hito que ningún turista puede dejar de visitar. Allí están, entre otras cosas, las edificaciones que fueron paradigmas de su época. Y los dueños de esas ciudades se enorgullecen de sus monumentos.

Larga es la historia de desencuentros y tristes y sospechosas las pulseadas que se registraron durante estos años por el rescate de la ex Estación Belgrano.

Mientras la mezquindad de algunos y los intereses de otros se cruzaban, el deterioro de la vieja construcción avanzaba impiadoso. Recordemos que, hasta fue, por muchos meses, albergue de evacuados durante la inundación de 2003. Antes, durante y después de eso, forajidos y usurpadores se dedicaron a saquearlo trabajando minuciosa e ininterrumpidamente.

Es triste la saga del edificio desde que dejó de ser terminal de trenes y larga la listas de responsables -o mejor dicho culpables-, de que haya llegado a este nivel de indignidad. Curiosamente, concejales, ciudadanos y empresarios se opusieron o retrasaron que se le dé una función acorde a estos tiempos, sólo por esquivas razones o mezquinos intereses. Hubo también funcionarios que no hicieron lo debido o lo hicieron mal.

Nada más que la limpieza y restauraciones menores serán, seguramente muy difíciles de afrontar, sobre todo sabiendo que la nuestra es una ciudad líder en pobreza y que de nuestro de presupuesto no sobra demasiado. Pero por algo hay que empezar. Y eso es digno de destacar. Lo que queda del viejo reloj, puede marcar el tiempo para motivar a voluntarios que se impliquen, aunque más no sea por la nostalgia del pasado.