Diego Verardo, gerente general de Mahle

“Tenemos que recuperar la competitividad con Brasil”

El empresario reclamó recuperar competitividad a través del tipo de cambio o por medio de distintas medidas de gobierno de carácter urgente, para “no repetir historias que hemos vivido en los últimos años”.

Agencia Rafaela

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Desde mediados de 2007, el grupo industrial alemán Mahle desembarcó en Rafaela con la compra de la planta de la valvulera Edival, en medio de distintas versiones, que iban desde despidos en masa de su personal hasta la absorción y posterior cierre o relocalización de la autopartista. Casi 18 meses después nada de eso ocurrió y por el contrario, según su gerente general Diego Verardo, “el futuro de la planta es mucho mejor en el tiempo que viene”. Y aseguró que “lo último que vamos a tocar es el empleo”.

—¿Cómo afectó la situación del país y esta crisis financiera global a la planificación que tenía la empresa? En el último tiempo, algunos rumores indicaban que la planta cerraba o podría relocalizarse?

—La realidad está bastante distante de eso. La compañía realizó la adquisición de la empresa Edival con una inversión muy grande que contemplaba el armado de un plan estratégico en el mundo. En lo que hace específicamente a válvulas, la empresa tiene 3 plantas en Europa, otra en China y le hacía falta una en América, por lo tanto, no se puede pensar que Mahle compró una planta como ésta para tomar la decisión de irse en tan poco tiempo.

Reconozco que en el país ha sido un año muy difícil para la industria y se le sumó ahora una crisis internacional grande, de la que recién estamos comenzando a ver que puede llegar a pasar. Además, en el último tiempo, se han dado unas cuantas cosas en los países que nos rodean y si, a nivel gubernamental, no se reacciona rápido, en función de preservar la situación de la industria, vamos a tener inconvenientes y estamos repitiendo historias que hemos vivido en los últimos años.

—¿En qué contexto nacional y global se desarrollan hoy las operaciones de Mahle?

—Nuestros países vecinos han sufrido devaluaciones en su moneda. Por ejemplo, Brasil devaluó un poco más del 50% en el lapso de 2 meses, nosotros lo hicimos un 5%. Nuestra materia prima es 100% brasileña y en ese país existen otros fabricantes de los mismos productos que los nuestros, que, al igual que nosotros, también exportan al mundo. Entonces, esa materia prima nos cuesta el 50% más cara que a los brasileños, mientras ellos siguen pagando en reales el mismo precio por la materia prima nosotros pagamos en dólares. Por lo tanto, lo que pedimos es que no repitamos esta historia que ya conocemos del año 1999 cuando Brasil devaluó un 80% y nosotros seguimos con el 1 a 1 hasta fin del año 2001, en que explotó. Y aquí no hay alternativas: o tenemos un tipo de cambio más competitivo o trabajamos con la industria, por ejemplo, eliminando las retenciones que en nuestro sector son 5%, con la particularidad que este gravamen es específicamente por mano de obra ya que importamos materia prima, la elaboramos y la volvemos a exportar. Estamos en una encrucijada: si no recuperamos competitividad con Brasil, nos aplana y muy rápido.

—¿Cuál debería debiera ser la cotización del dólar hoy, entonces?

—Vamos a hacer definiciones de laboratorio. El 10 de marzo de este año, (día anterior a que en la Argentina comenzara el conflicto gobierno-campo), la moneda norteamericana en Brasil cotizaba a 1,59 reales y en nuestro país a $ 3,20, hasta ahí estábamos en un país feliz. Los gremios estaban logrando porcentajes de aumentos superiores a la inflación, exportábamos, teníamos un dólar competitivo y la gente consumía. El 11 de marzo comenzaron ciertas decisiones inapropiadas y para trasladar ese día a hoy: el dólar bajó, en forma forzada, para lograr mejores herramientas para competir contra la gente del campo y que este sector bajara sus pretensiones, los gremios lograron subir los salarios y, por otro lado, ese desabastecimiento que trajo la crisis del campo hizo que la gente comprara para comer lo que necesitaba y convalidó los aumentos de precios que se habían producido. También hay que tener en cuenta que la inflación fue del 30% en dólares, el dólar bajó hasta $ 3,04 entonces se ubicó alrededor del 35% y los sueldos subieron el 30%. Entonces, ¿como hace una empresa que exporta para ir a ver a sus clientes y decirles: te tengo que aumentar el precio entre un 15 y un 20 por ciento en dólares? Te van a responder que te lo pagan si te aumentaron las materias primas, pero no porque tus costos estructurales subieron.

Por estos días, el dólar cotiza por los $ 3,50, con relación a los 3,20 de marzo el incremento es del 9 ó 9,5 por ciento; en tanto que el real se sitúa en los 2,40, comparado con el valor de 1,59 subió un 50% y aquí está la diferencia que perdimos. Si quisiéramos recuperar el mismo tipo de cambio con la misma competitividad, reajustando un 50% los $ 3,20 tendríamos que tener un dólar de $ 4,80.

—Si no se llega a esa cotización, ¿Qué herramientas quedan para que las empresas vuelvan a ser competitivas?

—En nuestro caso una de esas herramientas pueden ser las retenciones, que me parece un tema justo. Lo otro pasa por ver como puedo negociar con Brasil el costo de la materia prima, bajo que mecanismo el gobierno puede encontrar que se me compense esa devaluación brasileña contra el proveedor de acero, entonces hay muchas cosas para pensar.

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eficiencia

Valoración de la mano de obra especializada

—Otra cuestión es la disponibilidad de financiamiento, que debe ser más que dificultosa...

—Hoy, no tenemos crédito en Argentina. El mundo nos daba crédito, muy limitado pero teníamos, con las últimas decisiones que se tomaron en el país, fundamentalmente en lo que tiene que ver con estatizaciones, el mundo paró absolutamente la asistencia crediticia. En nuestro caso, para las operaciones en Buenos Aires, Rosario y Rafaela tenemos que autoabastecernos ya que los bancos están cortando las líneas.

—¿De no revertirse este panorama, o no adoptarse medidas concretas, podrían producirse despidos?

—En primero lugar, quiero decirle que en este último año y medio se incorporaron aproximadamente 140 personas en la planta local. Pero, para contestar su pregunta es necesario comentarle que en el mundo, ahora que uno puede comparar con las otras fábricas de válvulas que tiene el mismo grupo, estamos desde el punto de vista de lo que es nuestra mano de obra, netamente a la cabeza, por lo que muy lejos podría estar en el pensamiento de Europa (casa matriz) de perder esta mano de obra.

Lo último que vamos a tocar es el empleo. La empresa no quiere perder esta mano de obra especializada, vamos a pelear hasta la última circunstancia para no tocarla. Esperemos tener la capacidad propia de reacción pronta, que el gobierno haga lo suyo y que el mundo se reactive. Son muchas cosas que tienen que coincidir, pero, nosotros bajo ningún punto de vista vamos a tocar el empleo, no podemos darnos ese lujo.

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“O tenemos un tipo de cambio más competitivo o trabajamos con la industria, por ejemplo, eliminando las retenciones que en nuestro sector son del 5%” planteó Verardo.

Foto: Agencia Rafaela

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EL DATO

Una firma que es

líder en su rubro

Mahle es una de las 30 empresas del sector automotor más grandes del mundo, incluidos los fabricantes de autos. Factura 5 billones de euros en forma anual, tiene 110 plantas en los cuatro continentes, 9 de ellas en el Mercosur. Emplea, a 44 mil personas en todo el mundo. El grupo es fabricante líder de componentes y sistemas para motores de combustión interna y sus periféricos, desde sistemas de pistones, componentes de cilindros, sistemas de tren de válvulas, sistemas de control de aire y sistemas de control de líquidos.

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ADEMÁS

“Tenemos una autonomía muy grande”

—¿Cómo trabaja una empresa que exporta, pero que sus decisiones dependen de una casa matriz en Alemania?

-Realmente nosotros tenemos una autonomía muy grande. Decir que el management de la compañía no cambió nada, un año y medio después, es una definición importante. En segundo lugar, no vino nadie. No tenemos un alemán trabajando en la empresa para que las decisiones deban pasar por él. Tratamos de centralizar, desde el punto de vista comercial porque sería ridículo competir entre las plantas de nuestra empresa para ganar un mismo cliente. Esto es lo único que tratamos de focalizar en Alemania para conocer cuál es la mejor planta para atender un cliente.

—¿El proceso de fabricación sigue siendo el mismo?

—Sigue siendo el mismo. En el mundo, Mahle, en lo que hace al negocio de válvulas tiene muchos años de historia, laboratorios de desarrollo importantes y se han podido acercar nuevas ideas, nuevos clientes, nuevos proyectos que augurarían que el futuro de la planta es mucho mejor en el tiempo que viene.