Apuntes de política provincial
Año sin progreso

Hermes Binner
Apuntes de política provincial
Año sin progreso

Hermes Binner
Teresa Pandolfo
Cuando en diciembre de 2007 asumió la primera magistratura de la provincia el doctor Hermes Binner, los periodistas advertíamos una expectativa excesiva en la población respecto de lo que podía ser su gobierno. El imaginario colectivo consideraba que con sólo un cambio de signo partidario las deudas de la política con la sociedad se saldarían. Cómo iba a suceder, nadie lo sabía, pero había una notable confianza en que la coalición haría un mejor gobierno que el que venía concretando el justicialismo.
El paso del tiempo, el primer año de gestión, dio cuenta de que la realidad se impone por sobre los deseos y utopías.
La coalición se encontró a poco de llegar a la Casa Gris con situaciones diferentes a las esperadas. En primer lugar, un nivel de relación complejo con el gobierno nacional y, al mismo tiempo que se chocaba contra la pared en Buenos Aires, el gabinete fue aprendiendo lo difícil que era gobernar Santa Fe cuando no se tiene la sartén por el mango en decisiones de política económica. La propuesta de trabajo por cadena de valor no ha aportado resultados hasta ahora.
El conflicto del gobierno nacional con el campo generó un escenario de confrontación y de paralización de actividades nunca visto y después de su superación en las rutas -porque nada está resuelto para la producción agropecuaria-, el comportamiento de la gente en la Argentina y especialmente en esta provincia fue otro. Se expresan los disensos.
A su vez, el Frente Progresista tuvo equivocaciones respecto de su margen político frente a un Senado con mayoría justicialista, partido que recuperó fuerzas después de la caída que tuvo en septiembre pasado. Proyectos que la Casa Gris consideró determinantes, como la reforma impositiva, no tuvieron la suficiente consulta antes de ser enviados a las Cámaras y esto generó brechas profundas entre oficialismo y la oposición.
Antes de la llegada de la crisis financiera internacional -acelerada en el país por la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de estatizar los fondos de las AFJP-, Binner también debió asumir internamente que el Frente era una coalición de partidos y no uno solo como cuando administró Rosario. Sus funcionarios no terminan de concebir las complejidades de esta bota. Este fue el motivo por el cual el radicalismo -partícipe de la coalición- debió varias veces marcarle la cancha a la Casa Gris; la UCR tiene más experiencia territorial.
No ha sido sencilla la penetración del gobierno en el extremo norte de la provincia - sus instituciones dieron a conocer el fin de semana pasado un duro documento sobre la inacción oficial- y la estrategia de los nodos se asimila más a los deseos de concreción del Ejecutivo que a una necesidad vista desde la ciudadanía.
Mira electoral
El conflicto con el campo disparó anticipadamente el escenario para el año próximo en el que se elegirán diputados y senadores nacionales y puso fuertemente el foco en 2011. Ese año habrá elecciones para todos los cargos, incluyendo a presidente y vice de la Nación.
El justicialismo, resumido pocos años antes en el kirchnerismo, comenzó a plantearse otros alineamientos y surgieron movimientos de oposición al matrimonio presidencial. Y, a su vez, fuera del peronismo, emergieron tanto figuras como la de Julio Cobos -que ahora buscar algo distinto a la alianza que lo llevó a la vicepresidencia de la Nación-, como además decisiones de conformar un núcleo alternativo de poder diferente de quienes fueron socios electorales de los Kirchner.
Este movimiento alternativo nuclea a radicales, militantes de la Coalición Cívica liderada por Elisa Carrió y a socialistas con Rubén Giustiniani a la cabeza. En el contexto de estas opciones, Hermes Binner aparece como un presidenciable, postura compartida por la prensa nacional y la dirigencias partidarias de otros países.
Una de las consecuencias políticas de estos focos de oposición fue el castigo impuesto directa o indirectamente desde la Casa Rosada a la provincia de Santa Fe: por un lado, con medidas nacionales que perjudican sus producciones básicas y por el otro, por la renovación de normas que han buscado esmerilar el federalismo fiscal. La relación de Binner con la Casa Rosada, en los hechos, es prácticamente inexistente.
En tanto, en el justicialismo local también se piensa en 2009 y 2011. El obligado matrimonio entre Agustín Rossi y su gente con el reutemanismo, por ahora no se podría extrapolar a acciones concretas más allá de los papeles que evitaron la interna en el PJ. Hay división de bloques en Diputados y a veces se vota distinto que en el Senado. Es difícil pensar que, por ejemplo, el senador Ricardo Spinozzi como presidente del PJ represente a todo el peronismo. Pero sí es cierto que en los últimos tiempos el partido ha profundizado críticas a la gestión de Binner.
En el año transcurrido, el gobierno se mantuvo muy por debajo de las expectativas iniciales. A pesar de ello la figura del gobernador aparece muy alta en la encuestas y no hay indicios en la opinión pública de que se aspire a un regreso del justicialismo al territorio. La política llevada adelante por el gobierno nacional está incidiendo en ello..
el primer año de gestión, dio cuenta de que la realidad se impone por sobre los deseos y utopías.