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“Entre razón y religión”

A inicios de 2004, invitados por la Academia Católica de Baviera, se produjo un encuentro público entre el filósofo Jürgen Habermas y el teólogo Joseph Ratzinger (por entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quince meses antes de ser elegido Papa), que bajo el título “Entre razón y religión” ha publicado Fondo de Cultura Económica. Habermas presentó como ponencia: “¿Fundamentos prepolíticos del Estado democrático de derecho?”, centrada sobre la tradición no religiosa y posmetafísica que el liberalismo entiende conforman al Estado constitucional democrático. Una tradición que se afianza sobre la razón, renunciando para ello a “las enseñanzas del derecho natural clásico y religioso fuertemente ancladas en suposiciones cosmológicas o relativas a la historia de la salvación... A los ciudadanos de una comunidad liberal sólo puede suponérseles una disponibilidad para responder, en caso necesario, como conciudadanos extraños que además permanecerán en el anonimato, así como la disponibilidad para asumir sacrificios por el bien común. Es por ello que las virtudes políticas, aunque sólo se obtengan en cantidades mínimas, por así decirlo, “en calderilla’, sean esenciales para la existencia de una democracia. Forman parte del proceso de socialización y de adquisición de costumbres en las prácticas y modos de pensar de una cultura liberal política. Así, podría decirse que en cierto modo el estatus de ciudadano se inserta en una sociedad civil que se alimenta de fuentes espontáneas o, si se prefiere, “prepolíticas’ ”. Sobre esta base Habermas, y desde una visión atea, reconoce el potencial de verdad de conceptos religiosos, y propone una secularización, que no destruya los lenguajes religiosos.

Joseph Ratzinger también se refiere a los fundamentos morales del Estado en una ponencia titulada “Los fundamentos morales y prepolíticos del Estado liberal”, y no evita tocar un aspecto crucial: “Si el terrorismo se nutre también de fanatismo religioso -y lo hace-, ¿es la religión una fuerza de curación y de salvación, o no será más bien un poder arcaico y peligroso que construye falsos universalismos induciendo a la intolerancia y al error?”, y consecuentemente: “¿Es verdad que la gradual eliminación de la religión, su superación, se ha de considerar como progreso necesario de la humanidad, capaz de permitirle hallar el camino de la libertad y de la tolerancia universal?”. Ratzinger se detiene a demostrar la necesaria correlación entre razón y fe, y que hay “patologías” que se pueden hallar en la religión, así como hay “patologías de la razón” (la bomba atómica, por ejemplo).