Señal de ajuste
Señal de ajuste
El ‘83 en la memoria trivial
ROBERTO MAURER
La nostalgia es infalible como un cuchillo filoso. El público oye Cadum o Glostora Tango Club y se abre una bóveda interior en la cual la navaja atraviesa costras y costras de recuerdos o como quiera ser llamada esa resaca mohosa que los seres vivientes van acumulando con el tiempo. Seguramente la invocación de una marca de aperitivo resuena en alguna caverna oculta, despertando a fieras que, ignoramos, tal vez sería mejor que siguieran durmiendo.
La nostalgia nunca falla, se dijo, y no falló con el especial de América titulado “Acordate del ‘83”, un programa que se sumó a las celebraciones del aniversario de la restauración de la democracia, pero desde el costado del costumbrismo trivial y de la enumeración simple de los consumos mediáticos de la época, en combinación con modas, romances y personajes.
Sin embargo, fue un programa diferente, por la creatividad de la edición. Las imágenes del pasado se apoyaron en testimonios de incontables especímenes del espectáculo, todos conocidos, sin presentación, que aparecían y desaparecían vertiginosamente de la pantalla con opiniones breves compaginadas con inteligencia, al punto de que se producía el efecto de que dialogaban entre sí. Eran pequeños bustos parlantes sobreimpresos al pie de la imagen de archivo, que desfilaban sin parar.
LA EVOCACIÓN
Si bien la apertura fue convencional, con Alfonsín y la quema del ataúd en el acto peronista de cierre, siguió un tratamiento torrencial del destape y la revista Libre, los programas de televisión desde “Jacinta Pichimahuida” a “Mesa de noticias”, que en muchos casos formaron parte de la niñez de quienes testimoniaban, y algunos traseros memorables pero olvidados de la época, como los de Noemí Alan y el de Adriana Brodsky en el aviso de Hitachi. Eran tiempos en que Yuyito González fue así llamada por la frase “le riego la plantita” en “La peluquería de Don Mateo”, según recordó un erudito.
Es interminable la lista de quienes ejercitaron su memoria, y citamos a Pipo Cipollatti, Laura Fidalgo, Mariano Peluffo, Roberto Piazza, Nazarena Vélez, Ronnie Arias, Luis Rubio, Axel Kutchevaztky, Roberto Giordano, Moria Casán, Carmen Barbieri, Donald -su “Vamos a la playa” fue suceso de la época- y China Zorrilla, que proporcionó la perspectiva de quienes ya eran adultos mayores en 1983. A algunos había que tomarse el trabajo de identificarlos. Ante una figura a media luz con un vaso de whisky en la mano que hablaba con estudiada afectación, alguien podía preguntarse:
—¿Quién es ese aparato?
Es porque no cualquiera puede reconocer a Nino Dolce.
DE ATARI A PIMPINELA
¿He-Man era gay, como se afirmó? El dúo Pimpinela con su “Vete y pega la vuelta” resultó maltratado en los recuerdos, que también los trasladó al Atari, el juego electrónico de aquel año, que hoy resulta tan inocente como un tranvía. ¿Qué escuchabas en el ‘83? Había aparecido “Thriller”, de Michael Jackson, en tanto se había puesto de moda “Gloria”, la música de los desfiles de Giordano, que fue considerada detestable por todos, salvo por el propio peluquero, que puso sin esfuerzo la cara de un bobo transportado por la reminiscencia. Se usaban grandes hombreras, vinchas, mucha calza y jogging. “En realidad, era horrible la ropa” se escuchó.
Se estrenaba el “ET”, la primera vez que una pequeña Nazarena Vélez fue al cine, y “Tootsie”, (“si eras gay en los ‘80, era el papel que querías hacer”, bromeó Ronnie Arias acerca del personaje travestido de Dustin Hoffman). “Flashdance” hizo sensación con la chica solitaria que se repartía entre la danza y la metalurgia. Todos manifestaron el entusiasmo que les despertó la película, pero alguien nos devolvió a la realidad: “A ver, ¿dónde viste a una mina soldadora?”.
Entre los romances con grandes titulares, se citó al sostenido por Andrea del Boca y Silvestre, y la pasión que surgió entre Verónica Castro y Jorge Martínez cuando trabajaban en una telenovela con Germán Kraus. “Verónica Castro se lo empezó a garchar a Jorge Martínez y lo echaron a la mierda a Germán Kraus”, comentó Piazza con una frase a la altura del episodio narrado.
La fractura de Maradona en el Barcelona, Porcel y Olmedo, las imitaciones de Sapag y el tipo rubio del aviso de Camel se mezclaban caóticamente, hasta que al cierre Mariano Peluffo deslizó el único comentario sentimental: “Todavía se podía jugar al fútbol en la vereda”. De todos modos, el mundo no era tan inocente, pero al menos no habían sido inventadas las Mellizas Griegas.