Nueva publicación
Un trabajo exhaustivo sobre la platería criolla
En “Platería de las pampas”, se aborda un arte singular desarrollado por los indígenas que habitaron las llanuras del territorio argentino.
De la redacción de El Litoral
El libro “Platería de las pampas”, de Claudia Caraballo de Quentin, es una exhaustiva investigación de siete años, centrada en la artesanía criolla en plata, un arte singular desarrollado por los indígenas que habitaron las llanuras del territorio argentino.
Además de encarar por primera vez el origen y evolución de la orfebrería en el país, el libro incluye una clasificación detallada, enriquecida por ilustraciones y fotografías, de los estilos de las piezas hechas por tehuelches, pehuenches, pampas y ranqueles, y de la platería americana.
El trabajo de la investigadora en esta obra, publicada por Ediciones LariviSre, se ve enriquecido por los aportes históricos reunidos por Raúl Mandrini, y las fotografías de Michel Riehl y Fernando Javier Urquijo, que ilustran las particularidades de las piezas de cada comunidad indígena.
A su vez, Mercedes Bullrich y María Herrera Vegas recopilaron una serie de testimonios sobre usos y costumbres de los pueblos indígenas que fueron rastreados en los libros de viajeros del siglo XIX y en diferentes archivos.
El arqueólogo Luis González, que se especializa en metales precolombinos, tuvo a su cargo la descripción de las fraguas usadas por los indígenas y su conexión con la metalurgia andina.
Nunca se había publicado hasta ahora un libro dedicado tan específicamente a la platería de las pampas, de diseños que se distinguen unos de otros según las comunidades, pero con una raíz común.
El contexto
La contextualización de los tiempos que animaron a estos artistas nacidos en un medio precario, diferente de otros lugares en los que despuntó la platería americana, es un dato primordial del libro: desde el prólogo del padre Meinrado Hux, investigador de los cacicatos de las pampas, a la exposición de Mandrini, quien despliega el universo indígena a partir del siglo XVI, hasta fines del siglo XIX.
Este relato minucioso se complementa con mapas y una síntesis cronológica de los acontecimientos ocurridos entre 1519 y 1885: la Conquista, las exploraciones, los viajeros, las fronteras.
Carballo de Quentin comenzó hace años a investigar sobre el origen de los arneses usados por los indígenas que poblaron estas tierras y cómo se las ingeniaron para crear un estilo propio, diferente al de la platería virreinal. Un arte hasta ahora poco conocido y caracterizado por líneas geométricas.
Los orígenes de esta disciplina criolla se sitúan en Perú, con orfebres provenientes de España. Luego llegó a Chile y es ahí donde los indígenas aprenden el oficio. Como la comunicación entre Chile y Argentina era fluida en esos tiempos, a través del tráfico de sal y ganado, no fue difícil que se instalara también el tránsito de un arte, del que se adueñaron los habitantes de la pampa.
Para trabajar la plata, los indígenas fundían monedas y otros objetos con el objetivo de hacer sus propios diseños. La investigación identifica a los grupos araucanos de Chile, y a los tehuelches, pehuenches, pampas y ranqueles de la Argentina.
La influencia europea, presente en los grupos araucanos, disminuyó al afianzamiento de este arte en nuestro país, donde los diseños se volvieron austeros en la zona patagónica y cuando fueron llegando a la pampa bonaerense, se tornaron más barrocos y menos lisos, totalmente indígenas.
Varios coleccionistas prestaron sus obras para que fueran fotografiadas y así ilustrar los textos de este libro, que pone en primer plano el trabajo de estos artesanos indígenas.
Una puesta en valor que reconoce pocos antecedentes: John Walter Maguire, precursor del coleccionismo de esta platería y escritor de “Loncagüé”, obra sobre la vida y el arte de la llanura.
También, aunque de manera general, escribieron sobre alguna de las comunidades mencionadas, George C. Musters, viajero inglés del siglo XIX, autor de “La vida entre los patagones”, en el que relata su experiencia entre los tehuelches, además de Lucio V. Mansilla, argentino de ese mismo siglo, y los chilenos Guillermo Cox y Tomás Guevara.





