EDITORIAL

Medida arbitraria contra el periodista Nelson Castro

A nadie se le escapa que la decisión de la empresa Electroingeniería de levantar el programa dirigido por el periodista Nelson Castro responde a motivos políticos en los que la mano del oficialismo es más que evidente. Las relaciones económicas de la empresa con los Kirchner, los contratos de obras públicas acordados, la generosa publicidad oficial y las amistades estrechas entre los propietarios de la empresa y los funcionarios De Vido y Zanini, dan cuenta de una relación de poder, que en el caso que nos ocupa se manifestó cancelando el contrato acordado con Castro, un periodista cuya mirada crítica sobre los actos del oficialismo son por demás conocidas.

Los empresarios invocan su derecho a programar como mejor les parezca la radio que adquirieron, pero omiten decir que poco tiempo después de adquirir Radio del Plata se reunieron con Castro y le expresaron su deseo de que continúe con la programación. Sin embargo, una entrevista realizada a un legislador opositor y la crítica a negocios poco claros de la empresa con el Estado dieron lugar a esta decisión, que sin duda contó con el aval del gobierno nacional.

Es conocido por todos que la estrategia del kirchnerismo hacia los medios es adquirirlos y ponerlos en la sintonía oficial. “El mejor periodista es el periodista que se compra”, parece que dijo Néstor Kirchner en reunión de amigos y, a juzgar por sus actos, está claro que esa es su política comunicacional. Sobornar periodistas y comprar medios de comunicación para alinearlos a su causa suele ser la estrategia de gobiernos autoritarios y populistas que por ese camino no sólo corrompen a la prensa sino que se corrompen a ellos mismos.

Nelson Castro no es un periodista sometido al poder, pero admitamos que sus posiciones son moderadas y está muy lejos de ser un furibundo opositor. Lo que le sucede ahora no es diferente a la sanción que en su momento le aplicó el oficialismo al periodista Pepe Eliaschev, cancelando su programa de Radio Nacional. También en este caso se trataba de un periodista con miradas críticas sobre la gestión oficial.

En aquella ocasión los Kirchner no presionaron a una empresa privada o a un periodista en particular, directamente consideraron que la radio del Estado era patrimonio propio y procedieron a poner punto final a un programa que se emitía desde hacía años. Lo lamentable es que para el cumplimiento de tan triste faena se valieron de otra conocida periodista sometida a los cantos de sirena del oficialismo.

La conducta del kirchnerismo no sólo es reprochable desde el punto de vista institucional sino que, además, es absolutamente ineficaz para los fines que dice sostener. Periodistas oficialistas y medios cortesanos con el poder reproducen en una escala geométrica los vicios y corruptelas que suelen acompañar a la prensa. Asimismo este comportamiento revela una absoluta incomprensión acerca de lo que significa la libertad de prensa en las sociedades democráticas y el rol que les compete como factor de contralor y educación cívica.