Al margen de la crónica
La recuperación de un símbolo
Al margen de la crónica
La recuperación de un símbolo
La reciente restauración del reloj alojado en el campanario de la parroquia de la ciudad de San Javier representa una buena noticia. No por la relevancia de la inversión concretada, que ascendió tan sólo a 5 mil pesos. Tampoco por la espectacularidad de los trabajos, que consistieron básicamente en la reparación y sincronización del artefacto con el campanario, más el arreglo de la escalera, colocación de aberturas de aluminio, iluminación y pintura.
En realidad, la auténtica significación reside mucho más allá del plano material. Lo realmente valorable de esta iniciativa es, en primera instancia, el compromiso demostrado en el apoyo de vecinos y autoridades. Los propios impulsores de esta propuesta remarcaron con énfasis que el objetivo se logró gracias al aporte concretado precisamente por la comunidad, traducido en dinero, materiales y hasta en mano de obra.
Otro aspecto que demuestra cabalmente la relevancia de este trabajo de restauración está íntimamente relacionado con el simbolismo que tiene un templo —en este caso, el dedicado a San Francisco Javier— para la vida de una población. Es que es justamente a partir de esos edificios desde donde se van forjando los pueblos. Y, para corroborar esto, basta revisar la historia de las distintas ciudades y localidades que conforman la geografía de nuestro país: la mayor parte de las veces fue precisamente la parroquia el núcleo a partir del cual se constituyeron, con el tiempo, los entramados urbanos.
El sentimiento lo resumió un vecino de San Javier con una frase que no estuvo exenta de nostalgia: “El reloj de la iglesia es un símbolo para los sanjavierinos: no sólo marca las horas, marca también la vida; oyendo marcar las horas, aprendimos a contar; viendo pasar las horas, aprendimos a vivir”.