Llegan cartas

Siempre vigente

Jorge A. Fontanetto. L.E. 7.709.945.

Señores directores: ¡Qué privilegio el nuestro, comparativamente con otros países del primer mundo, ya que tenemos dos himnos!

Uno en honor a aquellos héroes de la gesta emancipadora que, con ansias de independencia, desmoronó al gobierno virreinal. El otro tiene su origen en el mil novecientos y pico, cuando Enrique Santos Discépolo, por aquel entonces el cantor de la crisis del “30, avizoró que ésta sería aún mayor, y compuso en 1934 su incomparable joya: “Cambalache”, indiscutiblemente el otro himno que nos identifica. Vigente, siempre vigente.

El Nacional Argentino es el que nos enseñaron nuestros mayores, el que se cantaba con verdadero fervor patriótico, lamentablemente ahora sólo reservado para las grandes gestas deportivas o para cuando a alguien se le ocurre invadir Plaza de Mayo; luego se lo archiva junto a banderas, hasta la próxima ocasión. Así de miserables somos.

El otro himno, el vigente, siempre vigente, es el que nos recuerda que “el mundo fue y será una porquería... en el quinientos seis y en el dos mil también”, y que a pesar del tiempo transcurrido, “todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”. Es el que “nos llena de verdadera vergüenza”.

Los gobiernos cínicos, de idolatrados y perfectos tiranos nos han llevado a eso, con la proliferación de “chorros, maquiavelos, de maldad insolente... Ya no hay quien lo niegue”. ¿O sí?

Ya no hay forma de ocultar “la falta de respeto y atropello a la razón”, “cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón”, y nos da lo mismo comparar al sobrio y austero Stravisky, al tenor lírico Carrera, Don Bosco y su obra, y a nuestro querido y siempre recordado Favaloro que tuvo que despedirse de este mundo por la inoperancia y la injusticia, con lo vulgar y la mafia de aquella época, como don Chico y la Mignon, y con los actuales exponentes: el recordado 10 de la selección, el gordo Valor, D’Elía, y otros tantos que copan la escena nacional.

Cuánta tristeza encontrada, cuánta realidad, no podemos ni debemos conformar o inducirnos a conformarnos con que “el que no llora no mama y el que no afana es un gil”, aunque está claro que el gobierno se empecina en “refundir”, se trafica con la droga, el contrabando y la vivienda, todos quieren el mando y nadie quiere laburar. ¡Impidamos que se sigan quemando los laureles que supimos conseguir!

Vigente, siempre vigente. Ahora más que nunca.