Cerca de 200.000 personas participaron

El Vía Crucis del padre Ignacio

En una de las actividades más convocantes de la Semana Santa en Rosario, fue multitudinario el recorrido de 6 kilómetros por el barrio Rucci. En tanto el Papa Benedicto XVI -desde el Coliseo de Roma- siguió, arrodillado, la memoración de la Pasión.

De la redacción de El Litoral

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Télam/DyN

Unas 200 mil personas acompañaron anoche el tradicional Vía Crucis organizado por el padre Ignacio Peries, el sacerdote oriundo de Sri Lanka a quien se le atribuyen poderes sanadores y convoca multitudes en la parroquia Natividad del Señor, del populoso barrio Rucci.

El buen tiempo acompañó a los fieles, cuya cifra fue estimada por fuentes policiales entre 180 y 200 mil personas, que participaron de los seis kilómetros en los que se recrean las 14 estaciones de la vía dolorosa de Jesús. Procedentes de distintas provincias y del Uruguay, Chile, Brasil y México, los devotos se congregaron frente al templo parroquial, ubicado en el noroeste de la ciudad, desde donde partieron precedidos por el carismático religioso de 55 años. Momentos antes del inicio, se repartieron miles de cruces de madera y rosarios especialmente confeccionados. Los promesantes recorrieron las estaciones de la vía dolorosa, acompañados por tres grandes cruces de madera, que fueron establecidas en distintos lugares del barrio, entre rezos y meditaciones del padre Peries.

Las alternativas del Vía Crucis fueron seguidas a través de radios locales, mientras que varios vehículos acompañaron la marcha para llevar a personas con problemas de salud o con discapacidades físicas.

En tanto, más de un millar de efectivos policiales, personal de la Guardia Urbana Municipal, de la Cruz Roja, y médicos y enfermeros del Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria (Sies) prestaron asistencia a los peregrinos junto con 700 servidores de la parroquial rosarina.

“Dios está detrás mío”

Luego de caminar unos seis kilómetros, llegaron a la intersección de Palestina y Camino de los Granaderos, frente a una gigantesca cruz, desde donde el padre Peries pronunció una breve homilía e impartió la bendición a la multitud acompañado por el arzobispo de Rosario, monseñor José Luis Mollaghan. El carisma del padre Peries hizo que este Vía Crucis creciera hasta dimensiones impensadas por el propio arzobispado de Rosario, que no siempre acompañó esta manifestación de fe popular.

El primero congregó unas 500 personas, el segundo 1.500, ya en el tercero fueron más de 5.000 los peregrinos. Desde entonces la convocatoria fue en constante aumento, incluso en 2008 cuando se hizo bajo una torrencial lluvia. En tanto, este año la multitud alcanzó los 200 mil fieles, según las estimaciones policiales. La parroquia Natividad del Señor, ubicada en Mena 2284, es hoy receptora de una de las manifestaciones de fe católica más trascendentes de la Argentina. Cada fin de semana o en celebraciones religiosas especiales, decenas de miles de personas buscando las bendiciones y las imposiciones de manos del padre Peries. Sin embargo, el propio sacerdote dice no ser un sanador, sino simplemente un hombre que transmite la voz y el designio de divino. “Dios está detrás mío, usándome como su instrumento”, dijo más de un vez el sacerdote.

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Frente a la gigantesca cruz, el padre Ignacio Peries impartió la bendición. Lo acompañaba el arzobispo, Mons. José María Mollaghan.

Foto: Agencia Rosario

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ADEMÁS

Por las víctimas del terremoto

El Papa Benedicto XVI presidió ayer un Vía Crucis de rodillas desde la terraza del monte Palatino, frente al Coliseo romano, inspirado en los sufrientes de la tierra azotada de Abruzzo, donde un sismo causó 290 muertos.

Rezamos con “todos los doloridos, con todos los sufrientes de la tierra azotada de Abruzzo, porque también aparece la estrella de la esperanza y la luz del Señor Resurgido”, dijo el Papa.

El sumo Pontífice de la Iglesia Católica aludió así al terremoto que azotó la provincia italiana de L’Aquila y el pesar vivido ayer en los funerales de las víctimas.

Decena de miles de fieles portaron velas en el tradicional rito del Viernes Santo, en el cual el Papa no cargó la cruz, que fue portada por el cardenal Agostino Vallini, en la primera y la última estación (la decimocuarta).

También cargaron la cruz un joven discapacitado, una familia romana, una muchacha y dos monjas de India, dos jóvenes africanos de Burkina Faso y dos frailes de Tierra Santa.

El obispo indio Thomas Menamparampil expresó durante la ceremonia que “bajo la superficie de calamidades naturales, guerras, revoluciones y conflictos de cualquier tipo, existe una presencia silenciosa, una acción divina”.

“Cuando la muerte golpea de cerca, otro mundo está al lado nuestro; entonces nos liberamos de las ilusiones y tenemos la percepción de una realidad más profunda”, agregó el obispo.

Menamparampil afirmó que “la historia está llena de odios y de guerras y también tenemos testimonios de violencia más allá de lo creíble: homicidios, violencia sobre mujeres y niños, secuestros, extorsiones, conflictos étnicos, violencia humana, torturas físicas y mentales, violaciones de los derechos humanos””.

“¿Quiénes son los culpables? No señalemos con el dedo a los otros, porque nosotros también podemos haber tenido nuestra parte en esta deshumanización”, enfatizó.