Para salvar una especie en extinción
Un festín cinco estrellas para buitres hambrientos
Es una especie de “santuario” en la zona montañosa de Aragón, donde José Ramón Moragrega ofrece a diario sustento a cientos de carroñeros. Debieron pasar más de 20 años para que las aves perdieran su natural desconfianza y bajaran a su improvisado comedor en las cumbres.

A diario, los comensales de José Ramón se llegan hasta el comedor de Valderrobles, donde tienen su festín de conejos que les aseguran la supervivencia.
Foto: Agencia AFP
Sebastián Guiné
Agencia AFP
Cientos de buitres se lanzan frenéticamente sobre los restos de conejos extendidos al sol para darse un festín que el jubilado José Ramón les ofrece por iniciativa propia desde hace 21 años en la región de Aragón (noreste de España).
Con su carretilla, José Ramón Moragrega, de 57 años, enamorado de estos carroñeros, repite el mismo ritual todas las mañanas desde hace dos décadas cerca de la localidad de Valderrobres, en la montaña aragonesa. Pero su “hotel” -al aire libre, con bebederos y perchas para que se posen- no tuvo siempre el mismo éxito que ahora, cuando puede llegar a convocar entre 400 y 500 buitres.
Hicieron falta “tres años para que bajaran a comer”, relata a la AFP desde uno de los dos observatorios de su propiedad reservados al público, a varios metros del abrevadero.
Al principio “simplemente era como un juego, ponía la comida por la mañana y la recogía por la noche. Cuando empezaron a bajar fue cuando realmente empecé a ilusionarme”, añade José Ramón, que se autodenomina Buitreman.
“Iniciativas así, bien llevadas como la lleva él, pues la verdad es que es un éxito, porque realmente el coste a la administración es un coste cero”, asegura Esteban La Torre, guarda forestal de la región de Aragón.
Es incluso “un ejemplo para la administración de cómo debe llevarse un comedero. Es un cinco estrellas”, continúa. Con conejo en el menú todos los días, entre 100 y 200, muertos durante su transporte y recogidos en un matadero por José Ramón.
El 80% de los buitres europeos viven en España y es “una especie muy sensible”, dice Esteban. “En un mes puede llegar a desaparecer una colonia entera. La población de los buitres en los últimos años ha aumentado, debido un poquito a que han tenido aportes de comida, pero llegaron en esta zona en los años 70 a extinguirse”. Amenazados sobre todo porque comían cadáveres de animales envenenados por agricultores que luchaban contra los zorros. “El hombre es el único depredador que ha tenido en la naturaleza”, explica José Ramón.
“Es una especie perseguida por el hombre por razones culturales desde la época de los griegos, una especie que nos tiene tanto miedo...”, agrega.
Pero a él lo han aceptado. “Para mí, poderme integrar dentro de lo que es el ritual de la comida y poder acercarme tranquilamente sin que se asusten, aunque haya costado 21 años, es un éxito”.
Clientes exigentes
Pero sus clientes son exigentes y el desayuno debe servirse “al milímetro”.
“Cualquier gesto brusco, cualquier movimiento extraño, cualquier cosa... u otra persona que entrara en mi sitio, si entra con miedo o tiene una actitud temerosa, ellos lo notan enseguida, se espantan y se van”, subraya José Ramón, que raramente ha faltado a su cita.
Su esposa Loly le sustituye cuando no él no puede y también es ella la que acompaña a los visitantes, que previo pago de una entrada de entre 4 y 15 euros asisten al festín de los carroñeros en los observatorios cubiertos. Una ley europea de 2002, adoptada después de la crisis de la vaca loca -que prohibía que los animales muertos por causas naturales se descompusieran en la naturaleza- acaba de ser derogada para ayudar a la supervivencia de las aves de carroña.
Para José Ramón, esto no basta: “Si se tienen que alimentar ellos de lo que queda en la naturaleza, de lo que nosotros hemos dejado -pocos hábitats, poca fauna salvaje-, no pueden sobrevivir; hay que ayudarles”.





