Las pinturas de Pompeya recobran su esplendor

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Los frescos de Pompeya revelan colores y detalles desconocidos durante siglos. En la imagen: “Marte y Zeus”.

Foto: EFE

(EFE)

Los frescos de la ciudad de Pompeya han vuelto a exhibirse en Nápoles con su esplendor original, después de un proceso de restauración que llevó más de diez años y que mantuvo oculta al gran público la que es probablemente la mejor colección de pintura romana del mundo.

En total son 400 frescos -conservados excepcionalmente por la ceniza del volcán Vesubio, que arrasó esta ciudad en el año 79 dC- los que componen la colección del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, y que han vuelto a exponerse en este espacio.

Los frescos, en los que el arqueólogo August Mau se basó para realizar la subdivisión de los estilos de pintura mural de la Antigüedad romana, fueron arrancados de las paredes de las casas pompeyanas en los siglos XVIII y XIX y trasladados al museo.

Ahora se han dispuesto en un nuevo orden, basado tanto en la cronología como en la recreación del ambiente y la disposición original de las viviendas pompeyanas de las que las pinturas fueron arrancadas, con salas dedicadas a la Casa de Meleagro, la Casa de los Dioscuros o la Villa de Boscoreale.

“Colores antiguos y detalles nunca vistos” se han recuperado gracias a los trabajos de limpieza y restauración de las obras, que han permitido a los especialistas profundizar en el conocimiento de las corrientes artísticas, los géneros y las técnicas de la pintura romana.

La colección contiene algunas de las obras más importantes de los distintos estilos de la pintura romana antigua -tal y como los dividió Mau-, exceptuado el Primer Estilo (150-80 a.C.), cuyas pinturas no fueron arrancadas porque no eran figurativas.

El Segundo Estilo, llamado también de pintura “arquitectónica”, tiene su mejor exponente en la Villa de Boscoreale, donde príncipes, filósofos y personificaciones de dioses se perfilan sobre un fondo de “rojo pompeyano”, el color típico de esta ciudad, fabricado con cinabrio.

La sala dedicada al Tercer Estilo comprende una serie de elementos decorativos y grandes cuadros en los cuales el paisaje predomina sobre la forma humana. Finalmente, el Cuarto Estilo (60-80 dC), el más presente en la ciudad, cuenta con ejemplos tan destacados como la Casa de Meleagro, la Casa de Marte y Venus y la Casa de los Dioscuros, reconstruidas a partir de sus pinturas murales: “Las bodas de Hera y Zeus”, “Aquiles en Esciro”, “Marte y Venus” o “Ariadna abandonada”, entre otras.