Crisis y cuentas públicas

Marcucci sugiere financiar obra pública con bonos

El legislador considera que el Estado debe ayudar a sostener el nivel de actividad. Y habló de una herramienta financiera que no sea para gastos corrientes, y que diferenció claramente de las cuasimonedas.

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Juan Carlos Mercier y Hugo Marcucci .

Dibujo: Lucas Cejas.

De la redacción de El Litoral

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“En épocas de crisis, el Estado tiene que ser activo y no agudizar la crisis. Tiene que ayudar, con un manejo criterioso, a mantener el empleo y la actividad”.

Sobre la base de esta convicción, es que el diputado provincial Hugo Marcucci considera que la emisión de bonos para financiar obra pública puede ser una herramienta útil y aconsejable. En medio de una fuerte discusión sobre los números de las cuentas provinciales, el pasaje de superávit a déficit, la reprogramación de la cobertura de certificados de obras públicas y los fantasmas agitados por la oposición de una supuesta cesación de pagos en el horizonte, el legislador se vio obligado a definir su idea por lo que no es: no se trata de un recurso para financiar gastos corrientes, no es un papel a emitir para pagar sueldos públicos, ni forma parte del menú de las llamadas “cuasimonedas”.

“En realidad, esto es parte de un debate que comprende tres o cuatro ideas, tendientes a prever futuras crisis y poder manejar una crisis actual. Esto involucra un sistema impositivo no procíclico, sino anticíclico, donde tengan mayor peso los gravámenes personales que los que afectan el consumo; que permita reforzar los fondos en épocas de bonanza y contar con un instrumento apropiado en la coyuntura”, explicó Marcucci a El Litoral.

Herramienta financiera

Para el diputado, la emisión de bonos como forma de financiamiento de obras públicas en particular “es un instrumento que la provincia dejó de usar, por concepciones más ideológicas que otra cosa”, pero que puede ser útil para no afectar la potencialidad económica de la provincia y el nivel de empleo.

Es decir, no financiar gastos corrientes, ni dejar de controlar el manejo de los recursos. Tampoco utilizarlo para pagar sueldos, como una imposición unilateral que redunda en un deterioro del valor del salario. Y, mucho menos, emitir “moneda sucia o espuria”, como los lecop, quebracho, o tantos otros.

“Los bonos pueden o no ser convalidados por el mercado, y en circunstancias como las actuales éso puede ser complicado. Pero acá durante años se creyó que no había que tocar tarifas, y se desfinanció a las empresas públicas. No se aumentó impuestos, y el sistema se volvió distorsivo. A la vez, no es justo que una generación pague por completo una realización que va a ser aprovechada también por la siguiente; hay una suerte de “equidad temporal’, como cuando una familia obtiene un crédito a largo plazo”, ejemplificó.

Chicanas y propuestas

En los últimos días, la discusión entre el oficialismo y la oposición sobre la situación de la caja estatal estuvo signada por acusaciones de despilfarro y previsiones apocalípticas, frente a argumentaciones sobre la función del Estado y la admisión de un déficit, para el primer trimestre del año, de 250 millones de pesos, que Economía considera “manejable”.

“Las finanzas de la provincia van a estar en orden a fin de año. Estamos hablando de deuda flotante, a corto plazo, como se ha utilizado en otros años”, interpretó Marcucci. Y, sobre todo, consideró que es necesario apuntar a un debate de fondo, sin tantas “chicanas, como lo de la cesación de pago, o que se muestre las cuentas públicas todos los meses. Yo no estoy en contra de ésto, pero es algo que nunca se hizo y ahora se reclama con un grado de caradurez increíble”.

Volviendo a la idea del bono -que, aclaró, no es una propuesta formal ni un proyecto sino, precisamente, una idea a considerar-, recordó que en el marco de una crisis como la actual, generada en el plano internacional y agudizada en el país por desmanejos, castigos al sector productivo e incapacidad de afrontarla, se trata de una herramienta que puede ayudar a frenar la recesión.

Y es que se trata simplemente de un recurso crediticio que, en un momento en que el financiamiento externo está limitado, permite afrontar emprendimientos con una previsión concreta de intereses, amortizaciones y programas de pago. “Santa Fe sufre los embates externos, pero tiene una situación más ordenada que Buenos Aires o Córdoba, que tienen niveles de déficit muy altos. Acá estamos en un plano donde hay margen para esto”.