Entrevista con Carlos Reutemann
“Santa Fe necesita previsibilidad”
El candidato a senador por Santa Fe Federal sigue privilegiando las cuentas ordenadas y rechaza el fundamentalismo estatista. Rescata la figura de Lula como modelo de gestión. Un diálogo a fondo en medio de la campaña.

“Con el único con quien no me sentaría a hablar es con Néstor Kirchner”.
Foto: Mauricio Garín
Emerio Agretti
Como nunca en otras campañas, Carlos Reutemann es una presencia permanente en los medios capitalinos, protagonizando verdaderos raídes donde revela -ahora sí- su vocación presidencial, pero negándose a adelantar las definiciones. Una estrategia con la cual fortalece su posicionamiento a nivel nacional, en buena medida atado al resultado de las elecciones del próximo domingo, pero que también le sirve para responder uno por uno los cargos que se le hacen en el marco de la campaña. En la entrevista con El Litoral -orientada más a conocer su propuesta que a repasar esos tópicos-, privilegia una postura reflexiva y serena, exhibe una locuacidad y una soltura antes infrecuentes y ensaya algunas ideas sobre el modelo de país al que le gustaría apuntar.
Reutemann recibió a El Litoral en la cocina de su casa el viernes por la noche, exhibiendo los rastros de un intenso día de campaña y con el celular vibrando permanentemente en sus manos.
-Usted ya pasó dos gobernaciones y apunta a un tercer mandato como senador, en contextos totalmente distintos. En este momento ¿qué es lo que la provincia necesita?
- Hasta marzo de 2008 tuvimos una provincia con optimismo y en crecimiento. Hoy todo el mundo espera señales de que podemos volver a éso, pero hasta ahora no han llegado.
-Hay muchas expectativas puestas en la renovación del Congreso.
-Sí, pero hay que bajarlas un poco. Me parece que no podemos esperar a que esté funcionando a pleno, en marzo de 2010 -salvo que haya extraordinarias-, hay medidas urgentes que tomar antes.
-¿Y desde el Congreso, qué propone hacer?
-El punto clave y prioritario será una nueva ley de Coparticipación, con lo cual estamos en deuda desde la Convención. Y para dar previsibilidad, tiene que ser una norma clara y transparente, y cumplirse a rajatabla; cosa que hoy no está pasando. Las provincias reciben menos de lo que corresponde, y dependen del humor de quien maneja la lapicera, y si se porta bien o se porta mal. Hay que plantear un nuevo régimen fiscal, a lo mejor bajando el IVA a los alimentos, por el impacto que tiene en los sectores de bajos recursos, y hacer una reforma impositiva integral, que incluya la reducción de las retenciones. Creo que retenciones del 35 % son confiscatorias. Habría que desojizar, bajarle mucho a otros cultivos para que pueda haber rotación, y a la soja hacerle retenciones móviles y por algún período de tiempo. Porque veo que por ahí se habla de hacerlo por ley, pero eso sería un error, porque quedarían para siempre.
-De todos modos, el Congreso está en deuda, aunque ahora genera expectativas.
-El Congreso viene de una mala performance. Desde aquel desgraciado episodio del gobierno de De la Rúa, con la Banelco, quedó muy deteriorado. Recuperó protagonismo con el conflicto del campo y creo que la gente se fijó un poco más, y a lo mejor percibió lo importante que puede ser en momentos decisivos. Entonces, quizás un Congreso donde se discuta más, se consensúe más, le dé más importancia a esa institución clave que es el Parlamento.
-Pero antes y después de la Banelco, el Congreso estuvo más dispuesto a ceder y conceder que a ser protagonista.
-Sí, porque había mayorías muy holgadas, y acuerdos con otros partidos. Ahora todos los analistas mencionan que va a ser una conformación nueva, diferente, e incluso se da la posibilidad de que la oposición tenga quórum propio.
-Lo que tampoco se advierte es la vocación de trabajo conjunto en función de los intereses de la provincia.
-Se está pensando en sincronizar la tarea de los legisladores de la Región Centro, pero hay que verlo bien. Primero, según cómo queda el mapa político después del 28. Por ejemplo, dos senadores de Entre Ríos y uno de Córdoba votaron en contra del campo. Entonces, en provincias con similares problemas, las votaciones fueron diferentes.
-De hecho, usted votó parecido con Giustiniani, en muchos casos (como le gusta recordar a la gente de Rossi). Pero no se los ve trabajando juntos, ni siquiera reunirse.
-Con Giustiniani estamos parejos en algunas cosas, lógicamente. Podemos discrepar en algunas cosas y no vamos a hacer un bloque con el socialismo, pero me parece que en lo que son los intereses de la provincia coincidimos bastante.
-Tampoco hay una articulación de acciones con el gobernador, que parece imposible.
-Bueno, usted lo mencionó en El Litoral, en un artículo de fondo. En realidad, él viene con una campaña de muchos años, castigándome a mí, con el tema inundaciones, Lepratti, eso fue un caballito de batalla de muchos años. Se incrementó mucho en esta campaña, y entramos en una situación inesperada, de castigar y castigar. Pero institucionalmente no tengo ningún problema, nos podemos sentar a hablar de los intereses de Santa Fe. Yo le he enviado cartas de apoyo a medidas que se tomaban en favor de la provincia.
-Igual, no está mal hablar del pasado de los candidatos. Por ejemplo, usted dice que no privatizó el Banco Provincia. ¿Eso significa que no estaba de acuerdo con que se privatice?
-Nosotros habíamos mandado un proyecto diferente, porque era capital estatal y el 50 % para capitales industriales locales, pensando en las 10 ó 15 principales empresas de la provincia. Ese proyecto naufragó, y el gobierno siguiente lo privatizó de otra manera. Pero ahí ya no tuve nada que ver, e incluso a los hermanos Rohm los conocí después. Después volvió a intervenir el Estado y se volvió a privatizar. De todos modos, este gobierno dijo en la campaña que lo iba a estatizar y eso no ocurrió, prorrogaron el contrato al privado. Así que se dicen muchas cosas, pero si fuera tan malo lo privado, lo hubieran estatizado.
-En su momento también fue idea suya privatizar la EPE. ¿Sigue pensando que era lo mejor?
-Fue una idea que en el momento se habló, pero no se llegó a concretar. Se privatizó el agua, porque cuando yo llegué en el “91 no había agua en la provincia, y no había fondos para eso. Lo que recaudaba la Dipos no se usaba para cambiar caños, sino para pagar sueldos. La idea era que una empresa se encargara de usar esos fondos para hacer obras. Después, cuando había que ajustar 10 centavos la tarifa, toda la gente chillaba, porque nosotros estamos acostumbrados a tener el agua potable, que cuesta mucha plata hacerla, para regar las plantas o bañar los perros. En todo el mundo, el agua se paga cara. Entonces, por más que la empresa era seria, no hubo manera de que cerraran los números, no se podía cumplir con el contrato y la concesión fracasó. Volvimos a papá Estado, que lo puede todo (risas).
-Ahora se acostumbra a decir eso. En otra época era exactamente lo contrario.
-Sí, hay de todo, en el mundo hay ejemplos diferentes, según el momento. Uno lo ve en Francia, Bélgica, Estados Unidos. Pero nosotros fuimos de un extremo del péndulo al otro. Esperemos que las empresas del Estado sean eficientes, ojalá que así sea.
-Entonces ¿qué modelo es el que usted propone para la Argentina?
-La Argentina necesita seguridad jurídica y confianza, y dárselas a los inversores. Hay gente que tiene interés en invertir. En este momento a la Argentina la miran con muchas ganas pero, por la información que yo manejo, están esperando una mayor claridad política. Ver qué pasa con las elecciones, y con algunas señales confusas que se han dado, de que vamos en dirección al chavismo.
-¿Qué presidente le gusta, o qué modelo de gestión tomaría para nuestro país?
-Lula. No gobierna con Parlamento propio, sin embargo tiene una muy buena gestión. Le salieron en contra cosas como el impuesto al cheque, con lo cual perdió 20 mil millones de dólares, y sin embargo siguió adelante y con una imagen muy alta, con mucho consenso. Obama cada vez que lo ve le hace una genuflexión, como si fuese un obispo. Es un hombre de éxito y se adaptó a la realidad. El modelo de Chile también me gusta mucho; es muy previsible y no está tan sujeto a los vaivenes políticos. Y me sorprende mucho lo de Perú, lo de Alan García. Es impresionante el cambio que se produjo y la cantidad de inversiones que se están generando.




