La noche en la que Berlín fue cortada en dos
La noche en la que Berlín fue cortada en dos
Richard Carter
AFP
Los berlineses celebrarán este año los 20 años de la caída del “Muro”, pero muchos siguen marcados por ese día del verano de 1961 en que ese muro de cemento y alambre de púas cortó brutalmente en dos la ciudad.
Ese “domingo de las alambradas”, 13 de agosto, los alemanes del Este despertaron atrapados en los sectores ocupados por los soviéticos, separados en una noche de sus familias y sus amigos.
Alemania del Este había decidido poner fin al éxodo de su población, que prefería la libertad y la prosperidad de la República Federal Alemana (RFA) a los rigores de la zona soviética. Berlín, con sus dos zonas de ocupación, era el lugar de paso preferido por los prófugos.
Decenas de miles de personas fueron movilizadas, en el mayor secreto, para levantar apresuradamente, la noche del 12 al 13 de agosto, un muro que consagraría la división de Europa durante la Guerra Fría.
Las imágenes de los habitantes de la Bernauerstrasse, una calle paralela a la nueva frontera, saltando por las ventanas en las lonas colocadas por los bomberos de Berlín Oeste, dieron la vuelta al mundo, así como las de la Iglesia de la Reconciliación, amurallada para impedir que entrasen los feligreses del Oeste.
Una de las vecinas, Frieda Schultze, de 77 años, se encontró literalmente tironeada entre el Este y el Oeste cuando los guardias comunistas trataron de retenerla por los brazos mientras que los bomberos del Oeste tiraban de sus piernas más abajo.
Como la mayor parte de los berlineses, Frieda Naumann, que en esa época era estudiante, fue sorprendida por los acontecimientos. “Hablé con el pastor de la parroquia el 12 de agosto. Él no sabía nada, como todos nosotros”, declaró a la AFP. Esos actos de solidaridad de los habitantes del Este no eran raros, según ella.
Poco a poco, los kilómetros de alambres de púas fueron reemplazados por un muro de hormigón de 43 km de largo, mientras que otra barrera aislaba a Berlín Oeste de la RDA que la rodeaba.
Miles de hombres armados, que tenían órdenes de arrestar o matar a los que quisieran escapar, vigilaban esta “barrera de protección antifascista”.
Esto no impidió que unas 5.000 personas lograsen escapar, pasando por arriba, a través, o incluso por debajo del muro hasta su caída, en 1989, según el Grupo de Trabajo del 13 de agosto. Sin embargo, cientos de personas murieron.
En la actualidad, sólo algunos fragmentos aislados del Muro siguen de pie en Berlín, lo que no impide que la separación esté lejos de haber desaparecido totalmente, según numerosos alemanes.
“Creo que nunca lloré tanto como cuando cayó el Muro. Fue magnífico”, recuerda Karola Habedank.