Mesa de café

Fútbol, negocios y circo

Erdosain

Estamos sentados en el bar de siempre y alrededor de la mesa de siempre. Hace frío pero la temperatura adentro es tolerable. Quito, el mozo, nos ha servido la consabida vuelta de café y ha intentado hacernos firmar un petitorio por la libertad de Patti, que todos hemos rechazado.

El que lleva la voz cantante es José. Está chocho de la vida: —Ahora, gracias al gobierno popular del compañero Kirchner vamos a tener fútbol gratis por televisión. Se acabó toda esa sanata de la televisión codificada y que sólo los ricos puedan ver fútbol por televisión.

—¿No te parece que estás exagerando? -le dice Marcial.

—Yo me pregunto -digo- ¿cómo es posible que en un negocio multimillonario como es el fútbol todos los clubes estén fundidos mientras sus dirigentes son millonarios?

—En la pregunta está la respuesta -dice Marcial- privatizan las ganancias y socializan las pérdidas. Los presidentes de los clubes compran y venden jugadores y los clubes se hacen cargo de las deudas.

—Ahora empiezo a entender algo -digo.

—Lo que sería interesante saber -insiste Marcial- es si los inimputables de la AFA y el gobierno han pensado en las consecuencias económicas que significa anular un contrato de manera unilateral.

—Es un problema de números -dice José-, el Estado le va a apagar a la AFA el doble de lo que paga Torneos y Competencia y, además, va a asegurar que todos veamos fútbol por televisión sin necesidad de abonarnos.

—¿Vos estás tan seguro? -pregunta Marcial- ¿Estás seguro de que el Estado va a pagar lo que dice? ¿Estás seguro de que se va a implementar un sistema de abonos? Te lo pregunto porque yo no sólo no estoy seguro sino que estoy seguro al revés, es decir, creo que el Estado no va a pagar lo que dice, le va a quedar debiendo a cada santo una vela y, de rebote, se va a comer un juicio de la gran flauta porque te imaginarás que los muchachos de Torneos y Competencias no se van a quedar quietos y los amigos de Clarín mucho menos.

—Yo creo -dice José- que Kirchner se entusiasmó con el asunto porque de ese modo le cobraba una buena factura a Clarín.

—También se entusiasmó -dice Abel- porque como buen peronista es un demagogo y quiere ver si puede meterse en el bolsillo a todos los hinchas.

Marcial sonríe y le hace señas a Quito para que sirva otra taza de té. Después dice: —La hinchada de fútbol es inmanejable. Lo único que se puede hacer con ellos es que sigan siendo hinchas y que en lugar de hacer tropelías en la calle las hagan en la cancha. Yo creo que el fútbol sirve solamente para eso, para que la chusma canalice sus resentimientos y odios en un partido.

—¿O sea que para vos el fútbol es pan y circo? -pregunta Abel

—Algo parecido, algo parecido -responde Marcial-, para serte sincero yo diría que hoy el fútbol cumple las funciones que en otros tiempos los liberales y la izquierda le atribuían a la iglesia: opio del pueblo, la taberna celestial donde los pobres de bolsillo y espíritu se embriagan para no asumir que son unos pobres tipos.

—Veo que no tenés un buen concepto del pueblo -le digo a Marcial.

Sonríe y parece que no va a decir nada; después casi como hablando consigo mismo dice: —De lo que no tengo un buen concepto es de las abstracciones y para mí, la palabra “pueblo” es una abstracción, una formidable abstracción.

—No comparto- dice José.