Entrevista exclusiva de Ángel Cappa con El Litoral

“Hice todo siendo el hijo de un peluquero que sólo jugó en Bahía blanca”

Dijo que “el negocio se comió los tiempos del fútbol” y que los técnicos entrenan pero no enseñan. Habló de Nieto, derrochó elogios para el Turco Mohamed y admitió que no tiene méritos para dirigir a la selección.

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La mirada siempre serena y reflexiva de Ángel Cappa. Vino a Santa Fe con su Huracán y habló de fútbol con El Litoral. Un fiel discípulo del estilo menottista, al cual mantiene y defenderá hasta su último día como entrenador. Foto: Mauricio Garín

 

Enrique Cruz (h)

Ángel Cappa es un hombre diferente. Quizás, sus estudios de sicología le hayan dado elementos que el común de los entrenadores no tienen, por más que, como conductores de un grupo, precisan conocer cómo tratar y de qué manera llegarle al jugador. La diferencia de Cappa con el resto, posiblemente, sea la claridad de conceptos. Alguna vez, dijo que “no me sentaría a debatir ideas con Bilardo, sería una discusión inútil, porque Bilardo tiene una manera de entender el fútbol, la cual respeto porque su trayectoria no la tiene cualquiera, pero la idea y el concepto que yo tengo es muy diferente. No serviría para nada porque cada uno se iría con su idea, no tendría sentido”, claro, respetuoso, terminante. Por eso es diferente.

Hace unos días, Ángel Cappa estuvo con su complicado Huracán en Santa Fe. El equipo que en el torneo pasado deslumbró y permitió que otra vez se piense en que se puede ganar jugando bien y revalorizando la estética sobre otros valores, hoy asume un presente muy diferente, de malos resultados y de una sangría que no se pudo detener ni reemplazar.

—Empecemos por la actualidad del fútbol argentino, Ángel. Por un lado, uno estima la competitividad que existe. Por el otro, se pregunta si realmente hay equipos de jerarquía. ¿Qué hay que hacer para que el fútbol argentino recobre el placer por ver grandes equipos?

—Por un lado, tratar de parar la sangría permanente de jugadores. El caso de Huracán es uno más. De un equipo que sólo tenía 19 partidos, se me fueron 6 jugadores titulares. Hay que poner un límite en el reparto del dinero de empresarios y representantes. No puede ser que alguien invierta 100.000 dólares en un pibe porque un club está ahogado, y se lleve 3.000.000 de dólares. Eso es injusto. Entonces, debería llevarse una proporción de acuerdo con el dinero que se puso. Pastore se vendió en 8 para algunos, en 15 para otros, y el representante puso 1. No se puede poner un millón y ganar 10 ó 15. El club debería tener la facultad de decir cuándo se vende y cuándo no.

—¿Cómo?

—No sé, poner una reglamentación en la que se establezca que ningún jugador se puede ir antes de jugar dos años en un club. Creo que Lanús lo tiene como funcionamiento interno. Con eso tendríamos una cierta estabilidad, el fútbol mejoraría y el negocio sería más bueno para todos. Porque a mí no me interesa arruinarle el negocio a nadie, pero considero injusto que se arruine a los clubes. Además, tienen que vender porcentajes a uno, al otro, y eso no me parece bien.

—En el caso suyo, o el de Huracán para mejor decir, que le vendieron a Defederico y Pastore, ¿qué percibió el club?

—De Pastore nada, sólo lo que el dueño le dio como limosna. Y de Defederico, Huracán tenía el 60 por ciento pero había una norma que decía que si tenía una oferta de más de 1.500.000 dólares, el club no se podía negar. Además, todo se hizo en un proceso de formación y eso conspira contra el club y contra el jugador. Ni Pastore ni Defederico eran jugadores hechos.

—Eso jamás ocurrió en el fútbol argentino...

—Mirá, a mí me tocó hablar con Alfredo Di Stéfano, por ejemplo, y con Falcao, una vez que nos vimos en Lima, y me contaron que ellos se fueron a Europa a los 27 años y no a los 19 ó 20 y con 20 partidos en primera. No se respeta absolutamente nada en nombre y honor del negocio. Eso no puede ser.

—¿Qué siente cuando en la Argentina se habla tanto de proyecto?

—Es que algunos lo tienen. Vélez, Estudiantes, Banfield... ¡Colón tiene un proyecto! Colón tiene un equipo, un plantel. Se va un jugador y viene otro, pero no se van siete, no se desarman planteles. Huracán tuvo la casualidad y la fortuna de armar un equipo que le duró 19 partidos. Eso es una barbaridad, no tiene sentido trabajar así.

—Llevándolo a la selección, ¿es un reflejo de esto que está comentando?, el gran cambio ¿se dio sólo en la época de Menotti?

—En la época de Menotti, la selección era prioridad uno, había un plan y todos lo respetaron. Hoy es cualquier cosa. Se arman partidos a través de una empresa que los programa y se hacen en forma inoportuna. Es cierto que el negocio se está comiendo los tiempos del fútbol porque todos los jugadores tienen mucha competencia y entonces no hay entrenamientos. El técnico deja de ser entrenador para ser seleccionador. Es todo teórico, no hay forma de entrenar...

—Se elige y nada más...

—Pero a nadie se le ocurre pensar que una obra de teatro no se ensaye o que no lo haga una orquesta. Por más que haya grandes músicos, una orquesta tiene que ensayar. Una selección no puede entrar a la cancha con dos o tres entrenamientos. Eso es una falta de respeto al público y también al jugador.

—Entonces, ¿cómo se acomoda un técnico dentro de un fútbol de tantas presiones e histrionismo?

—Yo estoy en una situación privilegiada. No soy millonario pero no necesito trabajar mañana para comer. Estoy en el final de mi carrera, lo tomo con calma y me da igual por más que algunas veces me ponga muy chinchudo cuando pierdo un partido. Trabajo como si me quedara a vivir en un club y por eso le quito presiones al jugador. Pero un tipo joven, digamos de 40 años, que recién empieza la carrera y tiene que ganarse un nombre, ¿cómo hago para decirle que no atienda a las consecuencias de la derrota? Ellos se ven agobiados, desesperados, dejan de hacer algo que es fundamental, que es enseñar. Y el entrenador que no enseña pierde el 90 por ciento de su función. Ya lo dijo Cruyff y lo suscribo: “Entrenar, entrena cualquiera; lo fundamental es enseñar”. Los técnicos no tienen tiempo de enseñar. Y yo los comprendo.

—¿Qué es lo más importante en el fútbol?, ¿la táctica, la estrategia, la libertad del jugador...?

—Todo. En principio, se necesita un orden porque desde el caos no se puede jugar al fútbol. Para un jugador de Primera División es más fácil jugar en primera que un soltero contra casados, porque eso, el partido de solteros contra casados, es un caos y el tipo no puede jugar. El jugador necesita un orden para expresarse, pero que no le coarte la libertad. Pero se parte de un jugador de fútbol y como hoy se van rápidamente, no hay muchos jugadores que verdaderamente sepan jugar al fútbol.

—El jugador ¿entiende el juego?

—Algunos sí, pero es la minoría. Riquelme entiende el juego, es el mejor jugador de la Argentina... Si hay una diferencia entre el fútbol de hoy y el de hace unos años, es que antes el jugador entendía más el juego. Eso es más importante que los espacios y la velocidad, porque de esto último hay mucho mito. Y en parte es por lo que hablamos, porque el entrenador no enseña. Es importante que el técnico diga cómo se tiene que parar un jugador o si hay que atacar por derecha o por izquierda, pero es más importante que el jugador entienda lo que tiene que hacer.

—Antes, ¿había más técnicos adentro de la cancha?

—Cuando alguien aparecía en Primera, había seis o siete compañeros que llevaban mucho tiempo en el equipo. El otro día estaba leyendo una entrevista a Baresi y él decía que jugó diez años con la misma defensa: Tassotti, Costacurta, él y Maldini. ¡Diez años! Eso, ahora, es impensable. No juega 10 años, ¡juegan 10 partidos! Te doy el caso de Huracán, mi equipo sólo jugó 19 partidos. Eso es recién el comienzo de un trabajo.

—Usted lo nombró a Riquelme, faltan jugadores como Verón...

—Es que ésos son jugadores que enseñan y sirven como espejo para los demás. Lo es Verón, como lo es Fuertes en Colón, o Riquelme en Boca o Gallardo en River. Pero antes había seis o siete.

—¿El mejor equipo que vio jugar?

—¿Yo?, muchos... Vi jugar al Brasil de 1970, al Brasil de 1982 que me encantó... Vi jugar a un equipazo como el Huracán de 1973, el Barcelona de Cruyff, el actual, el Arsenal de hace algunos años cuando jugaban Bergkamp y Henry... Al River de Ramón Díaz, al de 1975 con Perfumo, Passarella, Alonso y Jota Jota...

—¿Cómo se equilibraba ese Brasil de 1970, si es verdad que tenía cuatro o cinco números 10?

-Claro, claro... Gerson, Tostao, Rivelinho, Pelé... Todos jugaban de 10 en sus equipos. Si lo trasladamos al fútbol actual y le damos dos meses de entrenamiento, sería imparable ese equipo... Yo me río cuando se dice que en el fútbol no hay espacios, porque de eso se trata el fútbol, de generar espacios. El fútbol es como el ajedrez, vos tenés que mover las piezas para generar espacios. El tema es saber generarlos.

—Volviendo al tema del negocio del fútbol, ¿cómo se le puede cambiar la mentalidad a la gente, a los representantes, a los dirigentes?

—En mi libro, Guardiola dice que “los dirigentes piensan que cuanto más dinero ponen, tiene que haber mejor juego y mejores resultados”. Y agregó que “los directivos deben pensar primero en cómo quieren que su equipo juegue, cómo les gustaría a su afición que fuera su equipo y de eso dependería qué jugadores se incorporen”. Es difícil. Como te decía anteriormente, el negocio le ha comido los tiempos al fútbol. Los jugadores se van enseguida, los clubes no reciben el dinero, siguen fundidos y hay que buscar apoyo desde afuera. Es la realidad.

—¿Le quedó alguna materia pendiente?

—No, ninguna... ¿Qué le puedo reclamar al fútbol si conseguí todo lo que conseguí siendo un hijo de un peluquero de Bahía Blanca que jugó en Villa Mitre y en Olimpo?... Me siento extremadamente afortunado.

—¿Un objetivo?

—Campeón con Huracán jugando bien... Muchos me dicen si no me gustaría dirigir a un grande como River, y yo dirigí a Racing, que es un grande. Y estoy dirigiendo a otro grande como Huracán. Con problemas económicos, pero grande al fin.

—¿La selección?

—Hay técnicos que hicieron más méritos que yo. La verdad es que ni se me ocurriría. Y lo digo de verdad.

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“Hice todo siendo el hijo de un peluquero que sólo jugó en Bahía blanca”

Cappa gesticula, habla y se apasiona. “Los tiempos del fútbol argentino duran 19 partidos; en ese lapso, un equipo recién empieza a conocerse”, subraya.

Foto: Mauricio Garín


“Nieto no estaba cómodo”

El excelente nivel y los goles de Federico Nieto dejaron en claro que en ese Huracán de Pastore, Bolatti, Defederico, el “Maestrico” González y Toranzo, al actual delantero sabalero se le hacía muy difícil lucirse y marcar goles. Paradójico, pero real.

—¿Qué pasó con Nieto, Ángel?

—Cuando llegó a Huracán, hacía seis meses que no jugaba al fútbol. Estaba en Banfield y no había jugado nunca. Eso lo sintió. En Huracán se lastimó el empeine contra Estudiantes y no sé cuántos partidos estuvo sin participar. Él es un goleador, pero necesita jugar, necesita adquirir ritmo de partidos.

Se fue porque no se sentía cómodo, pero le faltó jugar más.

—¿Le habría gustado que se quedara?

—Nosotros estamos jugando sin delanteros, ¿cómo no me habría gustado mantenerlo? Nosotros no tenemos delanteros, salvo los chicos que están apareciendo ahora sin experiencia. En Colón, seguramente, habrá encontrado otras facilidades que no tenía en Huracán. Evidentemente, en mi equipo no se sentía cómodo. Pero fundamentalmente necesitaba jugar mucho. Cuando se fue, estaba recién entonces adquiriendo ritmo de partidos. Me alegro muchísimo por él porque es un buen chico.

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trayectoria ///

Edad: 63 años.

Puesto como futbolista: volante central.

Clubes en los que jugó: Olimpo y Villa Mitre, ambos de Bahía Blanca.

Como entrenador: se recibió en España y comenzó su carrera alistándose con César Luis Menotti como ayudante en la selección nacional en el Mundial de 1982. Luego, lo acompañó en el Barcelona, donde ganaron una Copa del Rey, una Copa de Liga y una Supercopa.

Clubes en la Argentina: Banfield (subcampeón del Nacional B), Racing y Huracán (subcampeón del último Clausura).

Otros clubes que dirigió: Peñarol de Montevideo con Menotti, Tenerife de España con Valdano, Real Madrid con Valdano, Las Palmas, Atlante de México, otra vez Tenerife, Universitario de Lima (fue campeón), Mamelodi Sundowns de Sudáfrica.